By Daniela Archila
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El sábado 5 de enero llegué a un bar en la 11 calle de la zona 1, se llama Ruby y es el preferido por mis amigos y yo, la cerveza es barata y es muy famoso por los deliciosos chicharrines. Cuando entré al bar ya estaban mis mejores amigas y otros amigos con los que me la paso muy bien, el reguetón estaba en su máximo volumen y nosotros ya perreábamos hasta el piso, como de costumbre. 

Justo en ese instante Yilen Osorio, investigador de la CICIG, estaba siendo detenido dentro del Aeropuerto Internacional La Aurora. Orden emitida por el presidente Jimmy Morales, quien ha violentado constantemente el Estado de Derecho para claramente, salvar su propio pellejo.  Es evidente que respetar los rangos y las decisiones tomadas anteriormente por la Corte de Constitucionalidad,  quien había autorizado el ingreso de Osorio ya no es un tema que le preocupe a nuestro Presidente. 

El investigador estuvo 25 horas dentro de una sala, sin ningún motivo más que el capricho de nuestro Presidente, quien ha intentado sacar a la CICIG del país con el único objetivo de salvar a su hermano y su hijo acusados por corrupción. Porque resultó que el corrupto ni ladrón, terminó siendo precisamente eso y mucho más. 

La política guatemalteca me desanima cada segundo más y sé que los momentos que estamos viviendo en el país son complicados, así como las problemáticas mundiales que se están enfrentando, los cambios, las nuevas generaciones, las noticias perversas que se ven día a día en los periódicos y las controversias en general que no dejan de suceder y que cada vez aumentan. 

Emma Goldman fue una escritora, feminista, anarquista y activista política. En unos de sus tantas manifestaciones dentro de las marchas revolucionarias, ella bailaba al andar y uno de sus colegas activistas le ordenó que dejara de hacerlo, que se encontraban en una revolución y debían ser serios, a lo que ella respondió “si no puedo bailar, tu revolución no me interesa”. En esta frase pensé justamente cuando al inicio de una coyuntura me encontraba en ese lugar bailando y riendo. 

Siempre relacionamos política con enojo y tristeza y está bien, está bien que estemos enojados y es así como hemos logrado acciones revolucionarias nosotros y todas las figuras eternamente vivas que estuvieron antes de nosotros, para poder luchar en pro de condiciones mejores. Pero recordemos que la alegría, el baile o cualquier representación de bienestar colectivo es el fin del Estado corrupto e irresponsable, es lo que ellos han estado impidiendo que suceda para poder seguir beneficiándose de los recursos y los derechos del pueblo.

Y ahí en el centro de esta ciudad que ha llorado tanto, en medio de este infierno que hemos vivido estos días, con todos mis amigos alrededor y bailando sin parar, por primera vez sentí que también estaba haciendo revolución porque a mí tampoco me interesa ninguna revolución sino puedo bailar y manifestarme plena y feliz.

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Ser surrealista. Una reconquista de lo mal conquistado. Amante de los huipiles, la tinta y la poesía.

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