By Isa Contreras
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La sociedad consumista e instagrameable en la que vivimos nos ha convencido que los mejores trabajos son aquellos donde viajas mucho. Boletos de avión gratis, destinos nuevos cada mes, millas acumuladas por montón, hoteles de lujo y mil cosas más. ¿Qué podría ser mejor que viajar de gratis? Mejor que poder tomar fotos para las redes sociales que reflejen mis viajes constantes. Comprar ropa nueva en cada destino. Comer la comida local… Mi trabajo involucra muchos viajes a muchos destinos diferentes. ¡Qué suerte tengo!, o ¿la tengo?

Existe solo un problema conmigo. Yo no utilizo las redes sociales. No me interesa una foto que aparente lo “bien” que me la estoy pasando en un lugar, cuando en realidad no es así. No quiero gastarme mi salario en ropa que no necesito, solo para poder decir que la compré en Madrid. Las stories de Instagram son un lenguaje extranjero para mí. Simplemente no me interesa compartir mi vida con extraños, por lo que viajar por trabajo pierde todo el sentido.

Como todo ser humano, no me gusta hacer cosas de forma obligada. No me gusta que me digan qué hacer, dónde y cómo. Eso es viajar por trabajo. Todo aquel que viaje por motivos laborales sabe a qué me refiero. Escogen un hotel por ti, un itinerario, un vuelo y una fecha. No importan tus asuntos personales, el viaje debe hacerse.

Tu vida personal pasa a segundo plano cuando tienes que recorrer aeropuertos mensualmente.

No pasas tiempo con tu familia, tu novio ni tus amigos. La universidad tiene que esperar, los catedráticos deben entender, mi trabajo “importante” necesita que salga del país y ponga mi vida en pausa.

La verdad es que viajar por trabajo apesta. Después de cierto número de viajes en solitario, ya no es tan divertido visitar ese lugar famoso por tu cuenta. Dejas de ir a los lugares turísticos porque están hechos para eso, turistas. No somos turistas, somos gente de negocios. No estoy diciendo que no disfrute de mi propia compañía (porque lo hago y mucho), pero, si estoy en una ciudad nueva viviendo esas experiencias, lo que más quisiera es estar de la mano de mi prometido. La foto de Instagram puede reflejar que soy feliz, gano bien y conozco el mundo; pero en realidad estoy desvelada, tengo jet lag, estoy sola y si tengo que volver a cenar con mis jefes me pegaré un tiro.

Acepten un trabajo que los haga viajar y háganlo solo mientras les guste.

Conozcan, aprovechen los hoteles y comida gratis, pero no dejen que su vida se convierta en aeropuertos y soledad con tal de mantener cierta imagen social. Me he dado cuenta que viajar obligado es igual de malo que cualquier otra cosa en contra de nuestra voluntad. Si incluso la comida obligada nos daña físicamente, ¿qué hará un viaje por la fuerza con nuestra salud mental?

Viajar está sobrevalorado. Lo que es importante en un viaje son las experiencias, las ganas, el deseo de comerte al mundo. No se trata de viajes de negocios que solo te ayudan a tachar un nombre en una lista de países. No se trata de las fotos para Instagram. Son los museos, la comida, el tiempo, los paseos y la compañía. Ah, la compañía. He cumplido con mi cuota de viajes en solitud; como dice Christopher McCandless, “Happiness only real when shared”.

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