By Gabriela Sosa
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 Gabriela Sosa / Opinión /

Se escucha frecuentemente en las expresiones comunes del día a día: “¡Qué bipolar sos! pasás de una decisión a otra en un ratito.” “Se arruinó mi teléfono, estoy en depresión.” “Qué egoísta quien considera el suicidio.” “La depresión no existe. ” “¿Trastorno bipolar? Son solo excusas para no hacer las cosas.”

La depresión es una enfermedad que acorde a la Organización Mundial de la Salud afecta a alrededor de 350 millones de personas en el mundo. Según datos obtenidos en una investigación realizada en el 2012, se indica que uno de cada cuatro guatemaltecos padece algún trastorno de salud mental; sin embargo, solo el 2.3% de la población ha consultado alguna vez a un profesional. Muchos evitan a los especialistas debido al estigma y al temor o desconocimiento de saberse diagnosticados por una enfermedad mental.

¿Por qué nos cuesta tanto hablar al respecto?

Para empezar, hay muchas personas que confunden depresión con tristeza, utilizando el término para un sentimiento pasajero. No obstante, hay quienes luchan a diario con los sentimientos de desesperanza y vacío, quienes les toma más tiempo levantarse por las mañanas, a quienes cada día les pesa y no importa cuanto traten, al final del día persiste esa sensación de desaliento y el estar perdido; aquellos que sienten unas ganas irrefrenables de llorar o llegan hasta tal punto que ya no pueden más, que no encuentran algo por lo cual motivarse y no disfrutan en realidad su vida. En el peor de los casos, estos sentimientos pueden llevar al suicidio. ¿Lo peor de todo? Experimentar eso conlleva a una irrefrenable culpa. Culpa porque se cree el mito que es su propia culpa sentirse así, que a nadie más le pasa y se culpa por no ser “una persona normal”, por no estar agradecido con lo que se tiene y “ser feliz como los demás”.

Por esta razón muy pocos aceptan sentirse de esa forma, ni siquiera con sus amigos y familiares más cercanos. Puede ser que sientan que es pasajero –aunque lleven meses sintiéndose así- o tal vez intentaron hablar con alguien alguna vez y sintieron rechazo hacia sus sentimientos. Quizás esta persona les dijo que ya se les pasaría o que se aguantaran porque así es la vida o que llorar es una debilidad. Quizás les dijo que dejaran de quejarse tanto y tratar de llamar la atención, que son unos exagerados. Puede que tal vez sintieran apoyo por parte de alguien pero esta persona no supiera qué hacer y para evitar hacer sentir mal a alguien más, se guardaran sus conflictos internos para sí mismos. Esto sucede en todas partes del mundo, a personas provenientes de todos los entornos y distintas historias de vida.

Incluso quienes tienen acceso a tratamientos psicológicos o cuentan con una red de apoyo, usualmente no lo buscan o utilizan otro motivo como estar cansado todo el tiempo o sentirse sobrecargados por el trabajo y los estudios. Puede ser por falta de autoconocimiento, información o por el estigma que conlleva el aceptar padecer un trastorno depresivo o del estado del ánimo. Estos rara vez se toman en serio, a pesar de ser una de las causas principales de discapacidad en el mundo.

¿En qué trabajo aceptan como excusa de enfermedad la depresión? ¿Realmente se validan estos sentimientos?

Si llamáramos al trabajo utilizando la depresión como enfermedad, ¿lo aceptarían? Por supuesto que no. Por eso nadie habla de eso, por miedo, por miedo a la vulnerabilidad que se gana al reconocer mantener esta lucha; por miedo a ser juzgados o no validados estos sentimientos, a verse como alguien que “solo busca excusas” para no trabajar, estudiar o cumplir con sus responsabilidades. Es irónico, ya que para hacer cualquier cosa en esta vida, lo más importante a tratar, es estar bien internamente. ¿Cómo se espera cumplir con todas las obligaciones laborales, familiares o escolares si no es el caso? Si se estuviera con bronquitis, diabetes o cáncer, no se dudaría en tratarlo porque nos puede matar. Solo porque no es una enfermedad que es tan evidentemente física como otras, no significa que sea de menor importancia.

Es tiempo de romper ese silencio y acabar con esos estigmas. Porque como dice el lema de la organización TWLOHA, una organización estadounidense dedicada a la prevención del suicidio y ayuda a personas con estos trastornos:
[quote]“You need to know your story is important, and you’re part of a bigger story. You need to know your life matters.” (Necesitas saber que tu historia es importante y eres parte de una historia mayor. Necesitas saber que tu vida importa.)[/quote]

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Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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