By Brújula
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Cristina Cabrera/Colaboración/

Inmersos en un mundo lleno de tecnología, dinamismo y proactividad, nos encontramos a la vez en una sociedad con escasez de valores.   En realidad los valores existen, pero su aplicación y vivencia cada vez es menor. Niños, jóvenes y adultos viviendo una vida sin sentido espiritual ni moral.

Y es que el éxito de las personas es medido por las cifras en las cuentas bancarias, el modelo del auto y el celular más moderno.  Se vive en una generación cada vez más superficial en donde se reemplaza la conversación de la cena o almuerzo familiar por los mensajes de whatsapp, bbm o cualquier otra red que nos permita estar “comunicados”.    Curioso, sistemas tecnológicos que nos acercan a los que están lejos; claro, tanto o más de lo que nos alejan de los que están a nuestro alrededor.

En este sentido la optimización de tiempo, eficiencia y competitividad son pretextos perfectos para el reemplazo de nuestro cerebro por la computadora, los libros por la televisión, o nuestras piernas por los carros.  Vana sería nuestra labor en la educación si permitimos que se continúe la tergiversación de estas herramientas como un reemplazo total de cada una de las dimensiones del ser humano.

Podríamos empezar nosotros a ser más críticos, más juiciosos en la utilización de herramientas que nos permiten avanzar y ser cada vez más efectivos, pero sin perder el sentido humano en nosotros y nuestros valores. Es importante recordar que somos seres nacidos en sociedad y no podemos permanecer alejados de la misma.  Un buen libro, un fuerte abrazo a nuestros padres, una caminata percibiendo el aire en nuestros rostros, ayudar al prójimo, ser sensibles con la naturaleza y animales nos permitirá recordar esos valores que ya se han perdido, y que es nuestra obligación transmitir a la generación actual y a las futuras.   Niños, jóvenes, adultos viviendo una vida con un sentido más humano, de manera integral y en una sociedad más ordenada; puede sonar a utopía, pero generar el cambio puede empezar en nosotros.

 

Imagen: http://www.thesmartphonereview.com

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One Comment
 
  1. Miriam Ruano / 16/08/2013 at 15:41 /Responder

    ¡Totalmente de acuerdo! Se vale apoyarnos de lo útil que es la tecnología, pero ésta no puede ni debe reemplazar lo humano, que es mucho más importante y a la vez mucho más satisfactorio para nuestro ser.

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