By Isa Contreras
Posted: Updated:
0 Comments

Todos hemos pensado alguna vez en el matrimonio. Ya sea que estemos de acuerdo con la idea o no, se ha cruzado el pensamiento por nuestra mente. Para los que sí queremos casarnos, no podemos evitar pensar en quién será la persona con la que compartiremos el resto de nuestra vida. ¿Cómo nos comprometeremos? ¿Dónde nos casaremos? ¿Y el vestido? Ese tipo de dudas existenciales románticas que en realidad no son trascendentales. Pues bien, a mí me llegó la hora.

Me caso a los 23 años y no, no estoy embarazada.

No vengo a contarles los detalles de mi pareja o cómo es nuestra relación, eso se queda entre él y yo. Pero sí quiero contar algo que me ha molestado desde el momento en el que me comprometí:  mi edad. Parece que mi edad es un problema para muchos: amigos del trabajo, colegio, extraños, profesores, hasta el perrito del vecino parece tener un problema. ¿Desde cuándo una mujer que está a punto de cerrar una carrera universitaria y tiene dos trabajos no puede casarse? Si tuviera 27 años nadie tendría ningún comentario. ¿Dónde se creó este estigma que para vivir en pareja hay un mínimo de edad? ¿Acaso no puedo tomar mis propias decisiones?

¿Quién decidió que la única razón válida para casarse joven es el embarazo?

Desde que tengo memoria he sabido que me gustaría casarme joven. La razón: quiero vivir mi vida antes de traer otras vidas a este loco planeta. Quiero viajar, estudiar, aprender, conocer nuevas culturas, vivir en donde me guste, tener mil trabajos antes de encontrar lo que me apasiona, leer libro y todo de la mano de la persona con la que quiero compartir mi vida. Casarse joven no es el fin del mundo, sólo es más tiempo con tu pareja. Más tiempo sin responsabilidades masivas, como un bebé o una hipoteca a 30 años. Así que a pesar de las miradas raras y los tonos sarcásticos preguntando cuántos años tengo, me caso en diciembre. Vale la pena mencionar que la boda no será religiosa, la guinda en el pastel de este “polémico” matrimonio.

Así que, si quieren casarse jóvenes, háganlo. Si quieren casarse a los 30, háganlo. Si quieren casarse a los 80 años, háganlo.  No dejen que las miradas o comentarios de las personas afecten cómo viven su vida. Sean felices con las decisiones que toman. Las personas critican fácil, pero quienes debemos vivir con las decisiones que tomamos somos nosotros. Hagan lo que consideren correcto y todo va a salir bien.

Related Posts

Durante la última década hemos visto una serie de cambios en el transporte público de la ciudad de...

Wendy Edelmira Samayoa...

El pasado 30 de octubre la Comisión de Finanzas del Congreso presentó la propuesta para el Proyecto...

Leave a Reply