By Alanon
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Cuando tenía cuatro años me di cuenta que mi padre -a quien adoraba-, necesitaba protección de  mi madre, quien a su vez era intolerante, exigente y aparentemente fría.  Mi padre la llamaba diariamente antes de salir del trabajo para comunicarle que ya iba para casa.  En esa época no teníamos automóvil, razón por la que tomaba el autobús. Cuando él llegaba a casa, mi madre siempre estaba enfadada, gritando y llorando. Decidí encontrarme con él en la parada del autobús para poder estar juntos y protegerlo al llegar a casa.  Hoy me doy cuenta que en esa esquina, donde tomaba el autobús, había un bar.  Todos los días se dirigía al bar y bebía antes de volver a casa. Las veces que me reunía con él, era probable que sólo se hubiera tomado un par de tragos, pero cuando había problemas serios con mamá eran los días en que bebía de más y llegaba tarde a casa.  Veo que cuando era muy joven traté de controlar el alcoholismo, aunque no tenía una idea clara de lo que hacía.

A los siete años mis padres se divorciaron, odié a mamá por echar a mi padre de casa. Durante los siguientes catorce años luché, lloré y le grité a mi madre.  Las críticas constantes de mamá manchaban todo lo que yo hacía. Nada le parecía bien, ¡nunca sería lo suficientemente buena para ella! Mi autoestima se derrumbó y el resentimiento contra mi madre aumentó. Decidida a hacer lo que yo quería, cuando lo quería, y como lo quería, me rehusé ajustarme a sus exigencias. Después de todo, ¿qué sabía ella? Para mí, ella había hecho que mi padre se marchara.

Hasta me empeñé en no utilizar el mismo plato o vaso que ella había usado porque temía “contagiarme” de lo que ella tenía: realmente la odiaba.

Ella no toleraba al primero hombre que apareció en mi vida. ¡Por lo tanto, me casé con él! Mi primer esposo permanecía más tiempo fuera que en casa. Nunca regresaba directamente después del trabajo (cuando trabajaba) sino que antes se tomaba unos tragos con amigos.  Era probable que saliera a comparar cigarros y volver dos días después. ¿Cómo podía ser tan irresponsable? Yo le tenía la cena lista y su hijo; que lo adoraba, lo esperaba hasta quedarse dormido. No reconocí esa pauta hasta mucho después de comenzar a asistir a Al-Anon. Nos divorciamos y me volví a casar.

Mi nuevo esposo no iba a los bares, pero encontró que trabajando horas y horas era la mejor manera de mantenerse ocupado y no tener tiempo para su familia ni nada más que no fuera el trabajo. No hacíamos absolutamente nada juntos. Nuevamente me divorcié

Pase los siguientes doce años como mamá soltera. Mi hijo rehusaba hacer lo que le decía o seguir mis indicaciones. Gritábamos y nos peleábamos.  En realidad mi hijo permanecía temblando mientras yo gritaba y alegaba.  A decir verdad, lo trataba de haragán, gordo e inútil y le hacía saber cuánto más fácil habría sido mi vida si él no existiera.

Un día horrible me di cuenta de que, si bien nunca había comido del plato de mi madre o bebido de su vaso, había “atrapado” lo que ella tenía.  Sin recuperación que me ayudara, detesté a a mi madre así como a mí misma.

Concluí que había algo terriblemente malo en mí,  mi vida era insoportable y traté de suicidarme. No fue el primer intento, la primera vez fue cuando yo tenía once años, pero este fue el mejor. Terminé en un hospital psiquiátrico, donde me diagnosticaron depresión y aseguraron que era hereditaria. Mi abuela también había sufrido depresiones. Mi primo también las sufría  y por lo tanto lo contacté.

Mi primo me hizo preguntas acerca de mi forma de beber y llegó a la conclusión que no era alcohólica. Me reveló que él sí lo era y que la depresión era parte de su enfermedad.  Me recordó que tanto su padre como el mío bebían mucho y pasaban más tiempo en bares que en sus casas y que mis esposos se habían comportado de la misma manera.  Me recomendó y me acompañó a un grupo de Al-Anon. Poco a poco con la asistencia al grupo y lectura de Al-Anon comprendí que me había “contagiado” de los efectos del alcoholismo ajeno,  aunque el alcohólico ya no estaba, la enfermedad seguía transmitiéndose de madre a hija, de hija a hijo.

Puede que yo no haya sido la que comenzó a difundir esta enfermedad en mi familia, pero puedo ayudar a comenzar la difusión de la recuperación.

 

Beatriz

About the Author

Somos una hermandad formada por parientes y amigos de alcohólicos, que sentimos que nuestras vidas han sido afectadas por la forma de beber del o de los alcohólicos, que comparten experiencia, fortaleza y esperanza.
En Al-Anon perseguimos un único propósito ayudar a los familiares y amigos de los alcohólicos.
Información a los teléfonos: 2251-8949 y 2253-9637 ó alanondeguatemal@gmail.com

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3 Comments
 
  1. Cecilia
    Cecilia / 04/03/2019 at 17:36 /Responder

    Como se contagia uno de las actitudes y malas relaciones en las familias que participan en la dinámica con su alcohólico. Increíble que nos contagiemos y repitamos esos patrones que tan mal nos caen o nos han caído y que resultemos haciendo exactamente lo que tanto nos ha disgustado.
    la larga garra del alcohoismol se extiende de tal manera que los alcoholicos (as) pueden haber fallecido y nosotros seguimos cargando con esta enfermedad de contagio, no porque bebemos sino por nuestros desorden emocional, físico, espiritual.

  2. Anae / 04/03/2019 at 17:47 /Responder

    Qué testimonio tan impactante! Qué bueno que existen estos grupos, nunca es demasiado tarde para romper esa herencia tan destructiva.

  3. Luisa / 04/03/2019 at 18:22 /Responder

    Muy gratificante historia, claramente se repite por generaciones la enfermedad, por eso al asistir y prácticar el programa de Alanon se puede vivir de manera diferente y sana. Gracias por este testimonio que me ayuda a soltar la culpa y amar de manera sana. Bendiciones

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