By Gabriela Sosa
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Hace unos meses en este mismo espacio, Martín Berganza hablaba sobre sus dudas al terminar su carrera universitaria y la incertidumbre ante el futuro.

Medio en broma, pensé “spoilers: solo surgen más dudas después”. Pero ahora, al encontrarme frente a la página en blanco no puedo dejar de pensar en ello. Porque es cierto.

La vida no termina ni empieza al terminar la universidad.

Simplemente sigue.

El mundo sigue girando.

Al iniciar los estudios, recién graduados del colegio y perteneciendo a cierto sector privilegiado de la sociedad, es fácil caer en la publicidad de “inicia tu futuro ahora”, “da el paso hacia el éxito”, o la infinidad de eslóganes similares que las universidades utilizan.
Indirectamente nuestros padres y maestros nos han hecho creer que asistir a la universidad es la solución a todos los problemas y que al graduarse todo será perfecto. Solo hay que estudiar cinco años (o más en algunos casos) para obtener nuestro final feliz.
No es completamente cierto. No vengo a decirles que la universidad no sirve: al contrario, como experiencia es inmensa. Si sabemos aprovecharla, claro está.
Algunas carreras incluyen materias básicas, los famosos EDPs o mejor conocido ahora como CFIs en la URL, clases sobre temas generales que todos deberíamos saber. La verdad, aunque muchos las renieguen, a mí me pareció importantísimo. Porque es aprendizaje y ningún aprendizaje es en vano. La universidad no solamente sirve como plataforma para la carrera que se ha escogido, sino para introducir nuestros pies en una gran gama de temas. Las experiencias de trabajar en equipo, entregas contra el reloj, entrevistar, presentar, pasar encuestas….a pesar de sufrirlas a veces, son valiosas para formarnos como personas.

El error está en creer que eso es el final; que al obtener ese diploma todo acaba y no hay nada más que aprender.

Por supuesto que no es el caso. Si se ha trabajado al mismo tiempo, ya sea por necesidad o para ocuparse, esto abre más oportunidades. En mi caso fue por necesidad, y aunque dolió, aprender a balancear entre trabajo y estudio es una de las lecciones más importantes que he tenido.
Voy a confesar algo: a pesar que estudié y me gradué de cierta carrera, la verdad no me dedico a ella. Un poco tarde me di cuenta que no era para mí y tuve la suerte de quedarme en el mismo trabajo. Con mayores responsabilidades, claro, hubo un crecimiento; mas a fin de cuentas el mismo lugar. Muchos no tienen eso.
Muchos estudiantes trabajan en call centers para pagar la universidad o incluso no trabajan, pero esperan al graduarse obtener salarios altos. Se frustran mucho cuando no es así porque no entienden la parte de “experiencia laboral” que piden en muchos lugares.
Aunque un título definitivamente no cualquiera lo tiene (especialmente en un país como Guatemala), no es lo único que importa. Las lecciones de interactuar con otras personas en un trabajo a diario y darse cuenta que la vida no funciona como en los libros, no tienen precio.
De hecho, las sigo aprendiendo a diario.
Para mí, alguien que ha aprendido la mayoría de cosas que sabe en libros o internet, que mi primer instinto es buscar en Google si tengo alguna duda…o en mi infancia era una enciclopedia como me enseñó mi abuelita, de nunca quedarme con la duda y continuar investigando; para mí salir afuera y obligarme a hablar con la gente, a compartir, me ha enseñado mucho.
 
En cierta manera fue un shock, un choque. Algunas experiencias de esas las aprendemos en el colegio. Pero en la universidad es cuando en verdad se da un choque con otras formas de pensamiento, otras formas de vida. Al trabajar muchísimas más.
 
En el colegio en cierta forma estamos en una especie de burbuja. Nuestros padres han escogido los centros educativos por alguna razón, alguna línea de pensamiento o valores específicos. Por ende, interactuamos con gente un tanto similares. Afuera las cosas no son tan ordenadas y disciplinadas como nos las han pintado. La vida es caótica e impredecible. La incertidumbre nunca se va, seguido no sabemos bien dónde estamos parados porque las cosas cambian a diario.
Eso únicamente se aprende saliendo al mundo. Y aún así, estoy segura que sigo viviendo dentro de una burbuja, porque estoy consciente que lo he tenido mucho más fácil que la mayoría de jóvenes en mi país.
Por eso, no puedo desacreditar la universidad. Sería un insulto para ellos. Aunque estudié la carrera equivocada, no puedo volver en el tiempo. El problema no fue la universidad, fui yo.
No obstante, puedo seguir estudiando. En resumen, eso es lo que quería contarles hoy: que la vida no solo se acaba con ese diploma, sino que una puede obtener más si desea. Ni siquiera tiene que ser una carrera, muchos centros (y universidades) brindan cursos libres, o “educación continua” como le llaman, en una amplia variedad de temas.
Por supuesto, no siempre alcanza. Ergo: el internet. Como dije, hay muchas cosas que se pueden aprender leyendo, ya sea en libros o blogs, en páginas especializadas; en proveedores de cursos en línea, en apps… En fin, hay cientos de opciones.
Incluso, argumentaría que si en efecto se dedican a lo que estudiaron, aún así hay que seguirse informando, actualizarse respecto a los temas. Porque las cosas cambian constantemente. Sin importar la carrera, todo eventualmente cambia. Se descubren métodos o cosas nuevas a diario.

Por estas razones hace tiempo me declaré estudiante de la vida.

Me encantaba marcar la casilla de “estudiante” en ocupación al llenar formularios, y aún a mis veintiséis, con un diploma y trabajo más o menos estable, me encantaría continuar haciéndolo. No he terminado de aprender. Nunca terminaré de aprender. La “carrera” nunca termina, es de por vida. 
Entonces los exhorto este año a continuar aprendiendo.
Las cosas cambian, los amigos se van. Y la vida no se detiene por nadie.” – Stephen Chbosky
About the Author

Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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