By Brújula
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La semana del 24 al 27 de septiembre se llevó a cabo la II Semana Científica, con el lema “Universidad, Ciencia y Transformación Social, una mirada desde la globalización”. En la tercera jornada se analizó la situación ambiental de Guatemala desde la perspectiva del paradigma pedagógico ignaciano; esto es, con herramientas propias de los ámbitos científico, ético-filosófico y espirituales.

 

Desde la perspectiva científica, Jaime Carrera mostró que existe evidencia científica y suficientemente contundente sobre el nivel de deterioro del ámbito natural nacional. Ejemplo de ello es la tasa de deforestación de más de cien mil hectáreas anuales, la contaminación de los cuerpos de agua (estando el lago de Amatitlán en situación crítica), la erosión del suelo y la pérdida casi absoluta de los manglares. Dada la degradación a la que hemos llevado a los recursos naturales, hemos disminuido la base productiva, nos volvemos vulnerables a sufrir impactos sociales por falta de recursos y estamos menos preparados para afrontar eventos naturales extremos.

 

La situación de deterioro de Guatemala, sin embargo, no se debe a una falta de ética. Más bien, como indicaba Juan Blanco, la ética que predomina en nuestro país nos ha hecho indiferentes al deterioro ambiental. Más aún, la ética que predomina en la sociedad guatemalteca es aquella que prioriza el crecimiento económico y la generación de ganancia aún a costa del deterioro ambiental o incluso del despojo y muerte de grupos en pobreza. Nuestra ética occidentalizada justifica el deterioro ambiental y el conflicto social cuando, por lo menos, unos cuantos generen riqueza.

 

Ejemplos de la ética que antepone los intereses económicos por sobre lo ambiental o lo social abundan en el país, tales como cuando los sectores urbanos defienden los proyectos mineros porque generan empleos y algunas regalías, sin cuestionarse cuáles son los daños ambientales o las poblaciones que serán afectadas. Se justifica talar el ecosistema manglar para construir infraestructura, pues esta traerá desarrollo. La población prefiere contaminar ríos porque eso es más barato que manejar los desechos sólidos y líquidos. Justificamos extraer lo más que se pueda de agua del manto freático de la ciudad de Guatemala, pues eso genera ganancias a las empresas que pueden pagar por un pozo. En todos los casos, las ganancias económicas son primero.

 

Debemos provocar por tanto una ética distinta, una que nos acongoje ante el deterioro ambiental y que nos permita cambiar el orden de prioridades. Dicha ética puede encontrarse desde la espiritualidad, es decir, cuando nos vemos los seres humanos como parte de la creación. Desde esta perspectiva, Karen Ponciano presentó tres visiones teológicas propuestas por mujeres.

 

Las propuestas de las teólogas confluyen en proponer que el ser humano se piensa como ajeno a la naturaleza, como si nuestras ciudades no fueran parte de esta; creemos que cuando transformamos un ecosistema natural con infraestructura lo separamos de la creación.

 

La propuesta de las teólogas radica en que debemos volver a sentirnos parte de la naturaleza. Esto implica aceptar que lo que suceda a los ecosistemas también nos afectará a los seres humanos. La Dra. Ponciano indica que la propuesta conceptual sugiere que se puede encontrar formas distintas de relacionarnos con la naturaleza en las propuestas espirituales de los grupos originarios de América. Desde la espiritualidad se nos demanda amar y respetar a los “otros”, no solo otros seres humanos sino también otras formas de vida natural. La búsqueda de la justicia debe ser social, entre los seres humanos, y entre la sociedad y la naturaleza.

 

Llama la atención que los planteamientos espirituales y éticos no están planteando más de lo mismo, es decir, no asumen que la salida de la crisis ambiental y social sea tecnológica o política. Al contrario, el planteamiento desde la espiritualidad y la ética sugieren que debemos cambiar nuestra forma de conceptualizarnos y entendernos como parte inherente de la creación.

 

Juan Blanco indicó que parte de la ética que predomina en el deterioro ambiental radica también en la forma en la que hacemos ciencia, es decir, en los planteamientos teóricos y epistemológicos sobre la forma en la que entendemos y modificamos la realidad. La ciencia está dominada por visiones lineales, unicausales y disciplinares. Es decir, la realidad se estudia de manera parcial, viendo una variable al mismo tiempo. Cuando vamos al médico por un dolo de hígado, por ejemplo, el médico analiza dicho órgano casi aislado del cuerpo entero.

 

La pregunta es entonces, ¿cómo puede la ciencia responder a la necesidad de visiones integrales, donde se vea la realidad de manera holística, multicausal y dinámica? ¿Está preparada la ciencia para incorporar visiones multidisciplinarias, que combinen integralmente una visión global y particular del universo?

 

Alternativas al pensamiento lineal y disciplinar están empezando a surgir en propuestas tales como el pensamiento sistémico o pensamiento complejo, la transdisciplinariedad o la ecología política. Estas líneas de pensamiento científico son los que se están empezando a plantear desde el Instituto.

 

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