By Maripaz Estrada
Posted: Updated:
0 Comments

Desde que somos pequeños nuestros padres nos advierten que si nos portamos mal “El Coco” nos llevará o lo más probable es que Santa Claus no nos traiga regalos para Navidad; escuchamos de nuestros amigos leyendas sobre la Llorona, el Cadejo, el Sombrerón y docenas de historias más. Atendemos de nuestros abuelos las anécdotas de cuando eran patojos y los espantaban; vemos por televisión programas y películas de barcos fantasmas, tesoros prohibidos, ciudades embrujadas e infinidad de cosas más que nos llenan la mente de ideas a las cuales les tememos.

Déjame explicarte un poco más a lo que me refiero. Esos monstruos que imaginamos habitando debajo de la cama, no son más que los verdaderos miedos materializados que al crecer pueden llegar a convertirse en fobias. Son cadenas que no nos dejan avanzar, verdaderos roedores que no hacen más que llenarnos la vida de migajas sobre las cosas que nos importan (amor, familia, autoestima, etcétera), no nos permiten tener la experiencia de vivir en libertad.

Más que una idea, son cosas que nos detienen de vivir felices.

Conforme vamos creciendo, nos olvidamos de esos monstruos bajo la cama y nos vamos enfrentando a miedos mucho más reales. Como el primer día de clases, un examen importante, entrar a la universidad, no decepcionar a nuestros padres o quienes han depositado sus esperanzas en nosotros, miedo al famoso qué dirán”, al equivocarnos, al fracaso y a no lograr el éxito.

Nos aferramos a intentar cumplir con las expectativas de todos, a obtener cosas materiales y mostrarnos ciertamente felices ante los demás. Pero realmente no nos detenemos a pensar que la vida es nuestra. La oportunidad que tenemos para disfrutar es personal, única e intransferible. Por tanto, nadie ni nada debería de tener injerencia sobre nuestro actuar y pensar, porque se nos va la vida en hacer felices a los demás, pero ¿Nosotros para cuándo? Vivir con miedo…. ¡No es vivir!

Ese miedo que te paraliza, que te hace temblar y reconocer partes de tu cuerpo, que antes no sabías que tenían la capacidad de sentir, no es tan malo como lo pintan; siempre y cuando sepamos vivirlo y dejarlo ir.

¿No es el miedo el que te impulsa, te motiva, te mueve a experimentar cosas nuevas? Como atreverte a hacer lo que siempre deseaste, te da alas para hablarle al chico o a la chicha que siempre quisiste; te da valor de decir lo que en verdad sientes, de expresar tus sentimientos, de impulsarte a realizar nuevos proyectos; a renovarte como persona y crear cosas grandes con tu talento e ingenio.

En lo personal, el miedo me ha impulsado a hacer cosas nuevas, como convertirme en blogger en Brújula y transmitirles a partir de ahora mis experiencias, anécdotas, dudas, posturas e inquietudes ante la vida, lo cotidiano, el amor y el qué dirán de las personas. Por eso debemos cuestionarnos hasta dónde nos llevarán nuestra valentía y nuestros miedos.

Es normal sentir miedo. Por eso lo mejor siempre será hacerlo propio y no dejar que él te haga suyo para empoderarte y enfrentarlo.

Porque al final de cuentas, aprender a vivir con miedo es como bajar por un vaso de agua en la oscuridad y toparse a ese monstruo que tanto temes, pero en lugar de huir como siempre, se trata de servirle también a él un vaso  y sentarse a platicar como dos viejos amigos.

Related Posts

“El Honor militar impone el más estricto cumplimiento del…” La frase que se encuentra arriba está...

Lisa Marroquín/ Te quiero, te doy lo que quieres. Te cuido y me olvido de cuidarme. Te escucho y...

Me arriesgaré al decir que todos tenemos a alguien, a una persona “ideal” que esperamos que nos...

Leave a Reply