By Brújula
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Fatima Rodríguez/

Haciendo memoria vino a mi mente una frase que recuerdo haber escuchado en algún programa de televisión. No recuerdo las palabras exactas de lo que decía, pero hablaban de la muerte, del final de nuestros días.  En esencia mencionaba que la muerte nos debería de encontrar siempre rodeados de amigos y de sobre todo de la gente que nos quiere, y que cada día que seguimos viviendo no debería significar solo pasar las hojas de un calendario, sino que deberíamos de entender que cada hoja de ese calendario es única e irrepetible.

Soy de la fiel idea que en la vida nada está garantizado, ni siquiera nacer: desde el momento que está a punto de darse la fecundación, pueden ocurrir mil factores que la impidan y que hagan imposible nuestra venida al mundo.  Primero tuvimos que ser los espermatozoides más rápidos al ser eyaculados, los primeros en penetrar al óvulo y tuvimos que ser los más aptos para sobrevivir en el ambiente hostil de la vagina de nuestras madres; nadie podía garantizar que nosotros seríamos ese espermatozoide ganador. Luego en el embarazo, también tuvimos que sortear muchos obstáculos, el sorteo genético para nuestra diferenciación en hombres o mujeres, la embriogénesis y la formación de todos nuestros futuros órganos. Después en el trabajo de parto también existen muchas dificultades que pueden impedirnos nacer o que pueden impedirnos tener una vida normal después de nuestro nacimiento: el sufrimiento fetal, la asfixia perinatal, la sepsis o la meningitis neonatales.

Así que nada está garantizado. Nada salvo al muerte.

Nada absolutamente nada en esta vida, está totalmente asegurado, excepto la muerte y a pesar de ello, es para lo único que nunca estaremos del todo preparados.  No sabemos cuándo, dónde o la forma en que ella nos encontrará, pero de algo debemos estar seguros desde el momento en que nacemos, nuestra vida tiene fecha una de caducidad. A veces la vida se nos pasa volando y cuando nos damos cuenta más de la mitad del tiempo que se nos fue prestado ha pasado y es muy tarde para vivir, para cumplir nuestros sueños, para hacer lo que siempre añoramos y poco a poco esa fecha de caducidad empieza a acercarse. Decía John Lennon que “la vida es lo que te va sucediendo, mientras te empeñas en hacer otros planes”. Planeas por ejemplo tu matrimonio, el número de hijos que tendrás y hasta el nombre que tendrán, la casa en la que vivirás y el auto que manejarás, que harás con tu vida después de graduarte y muchas cosas más. Pero mientras tú te dedicas a hacer esos planes, la vida está pasando frente a tus ojos y está haciendo que se cumplan los planes que ella tiene planeados para ti. El tren de la vida solo tiene una parada, antes de llegar a ella, asegúrate de haber disfrutado el paisaje. ¿Recuerdas cuando eras niño como jugabas a querer ser mayor? ¿Recuerdas que jugabas a tener un empleo, una familia, responsabilidades? Cierras los ojos y de repente eres justamente eso, un adulto que ahora quiere jugar a ser niño.

Vive tú vida al máximo, viaja, arriésgate, sé feliz, sé tú mismo y que no te importe lo que digan los demás, no pierdas el tiempo en una carrera que no te satisface, con una pareja que no te hace feliz, no pierdas el tiempo cosas que ya quedaron en el pasado y que el tiempo se encargó de sepultar entre los recuerdos de tu vida, no pierdas el tiempo acumulando cosas materiales, simplemente vive tu vida. El día de nuestra muerte, todo eso superfluo y con valor monetario se queda  y lo único que nos llevaremos al más allá, son nuestras acciones, nuestras aventuras, todo aquello que hizo que marcáramos nuestra vida y la vida de quien nos rodea. Estás a tiempo para descubrir que la vida va sin pedirnos nada,  considerar que todo es hermoso y sobre todo no cuesta nada.

Todos los días en las calles, en las casas y en los hospitales, hay vidas llegando a su fin. Hay fechas de caducidad apareciendo, van la vida y la muerte agarradas de la mano, cobrando ese préstamo de tiempo que se nos fue dado. Van tomando por sorpresa a aquellas personas que solo se dedicaron a hacer planes y no a vivir su vida. No termines tu vida así, que la muerte te encuentre rodeado de amigos, de recuerdos que valieron la pena vivir, que te encuentre feliz, con logros, con éxitos y grandezas. Pero sobre todo que te encuentre con acciones que te hagan ser recordado,  que te hagan seguir vivo en la memoria y en el recuerdo de quienes te conocieron.

 

“Un día fui a caminar y me caí. Ya no me pude levantar. Es la vida cobrándote su sueldo. Es la vida que te cobra lo que te dio o lo que está por venir. La vida se te adelanta a ti. Es la vida que te dice voy a cobrarte esto. Bueno, no te lo dice pero ahí está la combinación de la vida y el alma.”

Chavela Vargas, cantautora Mexicana-Costarricense

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