By Brújula
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Uno de los principales objetivos programáticos del subprograma 3 Normatividades, cambio social y usos del derecho, del Instituto de Investigación y Proyección sobre el Estado (ISE), consiste en “examinar críticamente la racionalidad de los procesos de dominación, negociación y antagonismo que entran en juego en la disputa por la dirección del Estado evidenciados en los procesos normativos, políticos y jurídicos”. Es a partir de esa curiosidad por la generación de nuevos conocimientos que se han planteado una serie de preguntas de investigación orientadas a comprender los efectos materiales que ciertos discursos de poder han tenido en la configuración de las condiciones de posibilidad del presente. Específicamente, se ha buscado rastrear las racionalizaciones discursivas que han servido como mecanismos retóricos de justificación de formas concretas de violencia estructural que hoy se manifiestan como expresiones de desigualdad social.

Resulta central elaborar marcos de entendimiento del Estado con la potencialidad de cuestionar las miradas metafísicas del poder, que naturalizan la opresión y justifican una forma silenciosa y lenta de violencia experimentada por la mayoría de guatemaltecos en su día a día. De tal cuenta, hemos buscado iluminar tanto las formas y usos desiguales del derecho en situaciones concretas del presente, así como historizar las narrativas que se asignan a sí mismas la autoridad de normar los denominados “usos legítimos de la violencia” (especialmente contra los pueblos indígenas).

Es central aproximarse a una noción de Estado que ponga en un plano de transparencias analíticas la evolución de sus fundamentos y dinámicas históricas, relacionales y normativas. Para ello, realizamos un trabajo enfocado en los procesos que históricamente han servido de caldo de cultivo para la normalización de las estructuras de poder que sostienen las grandes inequidades sociales del país. Es decir, además de entender la violencia de Estado enfocando la espectacularidad y magnitud percibida en la violencia de la guerra, al equipo de investigación le interesa saber cómo se produce esa violencia de largo plazo, que se vive como exclusión, precariedad, desarraigo, pobreza: eso que hemos llamado muerte lenta.

Esta línea de investigación nos ha servido como pivote para repensar los marcos normativos de la democracia. Se busca con ello poner especial énfasis en la importancia que la muerte lenta tiene en la (im)posibilidad de alcanzar una democracia plena y deliberativa: una democracia que tome como punto de referencia el imperativo ético de garantizar la reproducción material de la vida de todos los ciudadanos; es decir, una ética de la vida, que aquí se traduce en la protección del bien común y no en la legitimación de los usos de la violencia por medio de discursos que la justifiquen. Una democracia que no se vea materialmente imposibilitada por los antagonismos históricos que caracterizan el ejercicio del poder, en todos sus niveles, en la sociedad guatemalteca. Con ello vemos la potencialidad de proponer elementos reflexivos en el debate sobre los procesos de institucionalización, que problematizan y enriquecen los referentes teórico-conceptuales, frecuentemente descontextualizados, que buscan aplicarse en el país.

 

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