By Gabriela Sosa
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Gabriela Sosa Enero 1

Gabriela Sosa / Opinión /

[quote]“Pero a las niñas nos enseñaron a sonreír y guardarse las cosas.”[/quote]

Esto le dice Supergirl a su amigo Jimmy Olsen en un episodio cuando le comenta que no puede mostrar su enojo o molestia en el trabajo.

Y es que son escenas como ésta, las que precisamente hacen que destaque este programa. A simple vista la premisa no es nada nuevo: una alienígena, prima de Superman, es mandada a la Tierra al mismo tiempo que él para protegerlo. Originalmente era mayor que él pero su nave queda atrapada en un hoyo negro y cuando logra llegar a la Tierra, él ya es mucho mayor y no necesita su protección. Es adoptada por una familia y aprende a vivir entre los humanos.

En el primer capítulo de la serie, ella salva a un avión en el que se encuentra su hermana adoptiva, es entonces cuando decide usar sus poderes para hacer el bien. Pronto la contacta una organización gubernamental para ayudarlos a defender el planeta de otros seres extraterrestres menos dispuestos a convivir con los humanos.

Pareciera cualquier otro programa de superhéroes y a veces cae entre lo repetitivo y cliché. Sin embargo, son los momentos en los que Kara (su verdadero nombre) debe balancear ser Supergirl con una vida normal como una joven mujer en la Tierra, que hacen que brille. Porque sí, puede detener un avión, volar a velocidad de un rayo, levantar camiones y pelear con robots, pero al final del día sigue siendo una chica. Tiene derecho a tener fuerza sobrehumana y usar falda para ir a trabajar, tiene derecho a decidir usar un traje que sea cómodo para ella e ignorar los estereotipos. De hecho en el primer episodio se dedica una escena entera a decidir su atuendo, ya que su mejor amigo sugiere un bikini, como en los libros de comics, algo a lo que se rehúsa porque no va con su personalidad. Tiene derecho a pelear con criminales y a la vez usar maquillaje para ir a una cita. Tiene derecho a tener diferentes gustos e intereses, sin que eso la haga de menos; también a forjar su propio camino, independiente de sus poderes y de su famoso primo.

Los personajes secundarios no se quedan atrás. Así como ella y su hermana se dedican a proteger al planeta, su madre decidió hacer su carrera a un lado y ser madre; por otro lado, su jefa es tanto madre como una mujer profesional. Ningún camino es incorrecto, ya que cada una tiene derecho a escoger qué hacer con su vida, sin importar lo que diga la sociedad. Es fácil identificarse con estos personajes, porque como jóvenes mujeres, ¿a quién no le ha sucedido que nomás termina la universidad la gente ya pregunta: “y cuándo te vas a casar”? ¿O quizás cuando se empieza a salir con alguien, no tardan en preguntar “cuándo hay boda”? O quizás si no se tiene novio, los comentarios de “te va a dejar el tren” o “ya vas tarde”.

¿Tarde para qué? ¿O para quién? ¿Acaso no tenemos derecho a decidir qué hacer y cómo vivir nuestras vidas?

Luego viene el doble estándar, que si una mujer joven abandona sus estudios para dedicarse a sus hijos, los demás (usualmente otras mujeres) la ven como un fracaso; como si hubiera renunciado a su vida. Si es lo que ella quiere, ¿quién tiene derecho a decirle que no?

En un episodio, al verse cuestionada precisamente por sus planes a casarse y tener hijos, Supergirl contesta “a mi primo no le hacen ese tipo de preguntas”. Para ser un programa sobre superhéroes, brilla en las lupas que le pone a estas cotidianeidades fácilmente ignoradas, pero que están bastante presentes en nuestra sociedad. Invita a reflexionar sobre el rol de la mujer en el trabajo y en la sociedad, sobre sus luchas internas y sobre esos momentos incómodos para desenvolverse en el día a día.

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Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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