By Brújula
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Aubrey Guillén / 

Si de por sí a inicios de 2017 se planteaba ser un año complicado para el país, situaciones como la tragedia en el Hogar Seguro, el antejuicio del presidente Morales, el nombramiento de Non grato al titular de la CICIG, las reformas al Código Penal que buscaban  favorecer la impunidad, el fracaso del ejecutivo en la aprobación del Presupuesto 2018, entre otros fenómenos políticos relevantes desencadenaron un ambiente político bastante tenso y de incertidumbre, que impacta a su vez al crecimiento económico del país.

Como lo mencioné en mi columna ¿Es más barato ser corrupto? es necesario comprender que, la corrupción es un efecto de la estructura político- organizativa de nuestro Estado. Y lamentablemente, mientras no existan reformas que hagan cambiar los vicios del actual modelo, nos seguiremos enfocando en los temas de coyuntura, discutiendo sobre si  se es de un bando o de otro, se seguirán llenando las cárceles con presuntos “corruptos”, pero nunca se lograrán instituciones más fuertes y honestas.

De las elecciones de 2015, salió triunfador una figura outsider, alguien que no pertenecía a la clase política,  lo cual, aparentemente suponía un cambio en el sistema. Sin embargo, tal como lo demuestra la literatura política, el acceso al poder de outsiders es considerado un peligro para el presidencialismo. Esto en función que no tienen la voluntad o la capacidad para negociar con otras fuerza políticas, porque no tienen la socialización política. [1]

La llegada de figuras outsiders se explica en parte, por la debilidad o inexistencia de un sistema de partidos políticos fuerte y por la debilidad institucional del Estado.

En este sentido, para el próximo año, con el ambiente político pre electoral establecido, los partidos políticos seguramente buscarán reciclarse.  Debido a la falta de liderazgo genuino en el país,  pareciera que la llegada de otra figura outsider podría ser un escenario posible, lo cual representaría grandes retos y dificultades en materia de gobernabilidad y gestación de políticas públicas de calidad de cara al futuro.

Además, durante el 2018 tendremos la elección de un nuevo Fiscal General del Ministerio Público proceso en el cual diversos grupos de poder buscarán hacer presión para que se elija un fiscal acorde a sus propios intereses. Tal y como seguramente sucederá con la elección del Contralor General de Cuentas; ambos procesos clave que representarán un verdadero acomodo del tablero político.

Otro de los elementos a considerar de cara al próximo año,  es que la crisis de gobernabilidad que atraviesa el Estado puede desencadenar un clima de conflictividad, como lo que está ocurriendo actualmente en el interior de la república con grupos de personas armadas que se manifiestan en contra del desarrollo de proyectos mineros o hidroeléctricos.

Por esto, un acomodo en el  tablero político que sea beneficioso para el país, dependerá del consenso al que lleguen los grupos moderados no radicalizados y del trabajo en conjunto de todos los sectores de la sociedad, en donde se privilegie el interés general sobre el específico. En este momento de crisis política, es vital que se hagan los cambios estructurales que el país necesita, como ciudadanos debemos apostar por reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos que sean viable legalmente y logren cambios significativos en la dinámica electoral – política. Sin esto podríamos llegar a una situación similar a lo que está ocurriendo en la actualidad en Honduras.

Otros de los elementos claves a modificar son la Ley de Servicio Civil, la Ley de Compras y Contrataciones y reformas serias al Sector Justicia, estas serían al menos las primeras acciones a tomar. Por todo esto, es de vital importancia la conformación de la Junta Directiva del Congreso de la República para 2018, es necesario que diputados honorables y probos puedan plantear bases sólidas para legislar en beneficio de la población.

El Congreso, es uno de los actores políticos más relevantes y que más fuerza tiene en el escenario político.

Sin embargo, esto no se podrá lograr si nos seguimos ahogando en los temas de coyuntura y creemos que un verdadero plan de desarrollo radica únicamente en “la lucha frontal contra la corrupción.” Si esto no se comprende, el 2018 no será más que un reacomodo de piezas en el tablero político que beneficiará a las mismas fuerzas obscuras de siempre que se niegan a desaparecer.

 

[1] Carreras, M. (2013). Presidentes outsiders y ministros neófitos: un análisis a través del ejemplo de Fujimori. Universidad de Salamanca, Salamanca.

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