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Por: Andrea Lucía Sánchez Perdomo

 

Después de un periodo de ausencia en la escritura, decidí escribir un viernes en la noche y atreverme a publicarlo. En los últimos días (tal vez un poco más), he estado reflexionando sobre un tema que sé que a muchas personas les causa confusión y hasta gracia escuchar. A mí me causa cierta inquietud cuando en una conversación mencionan el tema, una o dos personas me voltean a ver, como queriendo decir: “¿Qué tienes que decir al respecto?”. Y es que hay personas que les incomoda escuchar el: “Yo soy feminista”. Con este tema tenemos un gran campo que abarcar, pero hoy solo quiero escribir sobre un aspecto. La historia empieza una mañana en la consulta, yo estoy interrogando a una paciente de aproximadamente 30 años, quien responde tímidamente a mis preguntas. Le pregunto: “Señora, ¿hasta qué grado fue la escuela?” y ella responde: “No fui. Bueno, fui por un tiempo pero nada se me quedaba.” “¿Sabe leer y escribir?”, su respuesta fue verme apenada y negar con su cabeza… Antes de comenzar, me gustaría buscar en el diccionario (RAE) las definiciones a ciertos conceptos que sé que serán de utilidad para muchos:

  1. Equidad: Igualdad de ánimo. (Si unimos la equidad con el término “género”, quiere decir que, como seres humanos, hombres y mujeres, tenemos derecho a tener las mismas oportunidad y responsabilidades.)
  2. Feminismo: Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre. (Esta definición dice que tanto mujeres como hombres pueden ser feministas. Entonces, quien se considera feminista está a favor de que, sin importar el sexo, tenemos los mismos derechos y oportunidades.)
  3. Machismo: Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón. (Esto dice que tanto hombres como mujeres pueden fomentar esta ideología a las siguientes generaciones. O sea que hay hombres y mujeres machistas. Un simple ejemplo: Las mamás llaman a las niñas e interrumpen su juego para que aprendan en la cocina y cuando sean grandes ellas “sepan” cómo atender a sus propias familias, pero los niños sí pueden quedarse jugando hasta que los llamen a la mesa a comer.)
  4. Feminazi: (definida por la RAE vía Twitter 21/8/18) La voz “feminazi” (acrónimo de «feminista» + «nazi») se utiliza con intención despectiva con el sentido de “feminista radicalizada”. (En mi opinión, no puede existir un feminista radical porque, como ya vimos en la definición, este es un principio o ideología que busca la igualdad de derechos. Y esa búsqueda no dañaría a nadie. La mayoría usa este término en relación a que creen que una mujer al definirse feminista odia a los hombres, si fuese ese el caso estuviésemos hablando sobre misandria.)
  5. Misandria: Aversión a los varones.
  6. Misoginia: Aversión a las mujeres.

Las personas que me conocen saben que me gusta mucho hablar sobre el empoderamiento de la mujer, porque sé de todo el potencial que tenemos. Y ahora que lo pienso, este gusto al tema surgió en mi casa, cuando alegaba: “¿Por qué yo soy la que tengo que poner la mesa si mi hermano está viendo televisión?” (Y sé que cuando mi hermano lea esto me va a decir: “Si tanto te gusta la equidad de género, ¿por qué no cortas la grama tú?”),  Pero estas pequeñas “alegatas” surgieron desde que estábamos pequeños, cuando mis papás nos enseñaban las responsabilidades de la casa. Respecto a mi familia, mis abuelitas (mujeres visionarias), con pocos años de escolaridad, emprendieron un largo camino al proyectar en sus hijos la esperanza de un mejor futuro por medio de la educación. Y es así, como mis papás tuvieron la oportunidad de obtener un título universitario (trabajando y estudiando al mismo tiempo) por mi parte, tuve la oportunidad de elegir mi carrera universitaria y estudio con el patrocinio de mis papás (sí me gustaría trabajar, pero no puedo por mí carrera). Esto me hace parte de un pequeño porcentaje de  “privilegiados”. Pero, ¿por qué en Guatemala me debo 0considerar privilegiada al ser una mujer que puede ir a estudiar? Acá puedo mencionar algunos artículos de la Constitución Política de Guatemala que dicen que no debería catalogarme de esa manera:

  • Artículo 4: los hombres y las mujeres guatemaltecas somos libres e iguales en dignidad y derechos.
  • Artículo 51: el Estado debe de garantizar a los menores la salud, educación, entre otros.
  • Artículos 71: derecho a la educación.
  • Artículo 74: toda la población guatemalteca tendrá derecho y obligación de recibir educación.
  • Artículo 75: alfabetización.

En base a la ley de mi país, que yo estudie no me hace privilegiada, estoy gozando de mi derecho. Y si el Artículo 80 (“El Estado reconoce y promueve la ciencia y la tecnología como bases fundamentales del desarrollo nacional”) se cumpliese, tendríamos más del 2% de nuestra población en aulas universitarias, nuestro desarrollo social sería otra historia y yo no estaría redactando este mensaje.

Llevo mucho tiempo sin escribir, por eso tantas palabras y ninguna idea en concreto, pero estoy a punto de regresar a la historia. Sé por experiencia propia, que una mujer con visión puede cambiar a toda una generación de su familia. Por lo tanto, mi motivación para escribir sobre feminismo y educación radica en la tristeza y frustración. Al ver que mi paciente se sintió avergonzada de contarme que no podía leer y escribir, entendí su timidez. Y me hice las siguientes preguntas: ¿quién le hizo creer que no tenía la capacidad de aprender y le hizo sentir que al no poder descifrar el significado de un conjunto de letras, su voz no debía ser escuchada? Acá se cumple el efecto Pigmalión (la potencial influencia que la creencia que tiene una persona acerca de otra ejerce en el rendimiento de esta última), alguien le hizo creer que la escuela estaba fuera de sus capacidades intelectuales y que no valía la pena intentarlo, que ella era más valiosa en casa.  En una población como la nuestra, se vive un ciclo de pobreza, tanto mental como económica. En donde la desnutrición, la falta de educación, el machismo, el desempleo y la pobreza forman una alianza de nunca acabar, hasta que la oportunidad llega. Una niña educada se convertirá en madre y sabrá cómo alimentar correctamente a su bebé, el bebé crecerá sabiendo que ambos de sus padres fueron a la escuela y que a él/ella le espera lo mismo, la educación hace a la persona capaz de aplicar a empleos, y con esto poco a poco disminuye el porcentaje de pobreza. Suena como una fórmula sencilla, sin embargo, si fuese sencilla, la Agenda 2030 se hubiese cumplido en el 2015. Por eso creo en el empoderamiento, en tener la capacidad de generar el efecto Pigmalión positivamente en una persona. Por eso soy feminista, porque sé que educando a una niña y dándole la oportunidad de estar dentro de la escuela y fuera de casa, cambia a toda una generación. No hay timidez, no hay vergüenza. Hay equidad de género, en donde una chica y un chico se complementan en el trabajo. La consulta finalizó y me aseguré que la paciente supiera su diagnóstico, el porqué de la enfermedad y los efectos de los medicamentos. Con esta pequeña porción de información vi cómo cambió su semblante, ya no había vergüenza, ella tenía conocimiento y eso le gustó.

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