By Brújula
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ASOCEM (Asociación de Estudiantes de Medicina)/

¿Qué hacés cuando tienes problemas de salud? Te caés de la bicicleta, un catarro, dolor de estómago por comer demasiado, la resaca de la fiesta, el insoportable dolor de tu período o síntomas inexplicables que ameritan atención médica. ¿Te parecería la idea de ir a un hospital público?

Ir a uno de esos gigantescos hospitales atestados de gente enferma que nos muestran en los noticieros y periódicos. Supongamos que vas y cuando llegás a la consulta externa, hacés una gran fila en las afueras y esperás de 2 a 4 horas para que te atiendan. Mientras esperás, te das cuenta de muchas cosas: no hay insumos, hay sobrepoblación, hay empleados que no trabajan, los médicos van de arriba para abajo, las enfermeras están de mal humor, los guardias cansados o abusando de su autoridad. Entre todo eso, hay algo que pasa frente a todos: la discriminación y maltrato a los pacientes por su condición económica, orientación sexual o ser mujer.

Eso de la discriminación y marginación de los pacientes es más común de lo que podríamos imaginar; sucede, sobre todo, cuando las personas no son atendidas correctamente en el primer nivel de atención del sistema de salud (puestos de salud) y deben llegar a los grandes hospitales nacionales. En nuestro sistema de salud, en pleno siglo XXI, el machismo sigue vivo y vigente.

Por ejemplo, cuando una mujer consulta el puesto de salud, el esposo suele acompañarle y ser él quien responde a las interrogantes del médico.  Muchas veces, si es atendida por un hombre, la familia (y de nuevo el esposo) le prohíben continuar con el tratamiento. Tenemos también el típico “seño” para referirse a las doctoras, porque aún no se concibe la idea de que las mujeres puedan ser doctoras. Las burlas de los ginecólogos a las mujeres por el dolor de parto, la incomprensión de la vergüenza y pena de las pacientes para hablar de su período o vida sexual, el miedo que sienten las externas/internas al verse acosadas por sus “superiores” o catedráticos.

El 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional contra la

violencia de género.

Un día en el que hombres y mujeres, alrededor del mundo y principalmente en Latinoamérica, salieron a las calles bajo un mismo ideal: “Ni una más”, es decir: ni una mujer más asesinada, sufriendo acoso sexual, cualquier tipo de violencia o sintiendo que vale menos que un hombre. Desde ASOCEM  nos atrevemos a conmemorar esta fecha, invitando a nuestros compañeros en las diferentes facultades de ciencias de la salud a evaluar nuestro papel en la erradicación de la violencia de género, sobre todo, fiscalizando los esfuerzos que hace nuestro país, nuestros gobernantes, nuestras universidades y lo que hacemos como sociedad en general.

Aquí no es cuestión nada mas de “intentarlo” o “hacer el esfuerzo”, debemos comprometernos, trabajar y ser coherentes con este ideal; un ideal que también engloba salud para todos, la no discriminación o exclusión de los hospitales y un alto a la violencia de género en la medicina. Porque todas las luchas que hacemos por una sociedad más justa y un sistema de salud digno, son también para que no haya más niños y niñas víctimas de desnutrición, personas inocentes muertas por la violencia y la desigualdad, que la atención sea para todos… para los pueblos originarios, para la comunidad LGBTI, para los mormones, evangélicos, católicos, testigos de jehová, trabajadores, obreros, sexoservidoras, profesionales, vendedores informales y hasta mareros.

Como cualquier ideal que orienta nuestras luchas y trabajo, debe acompañarse de una actitud realistas, para reconocer el momento y la realidad en la que nos encontramos.

Aún estamos lejos, como tan lejos estamos de tener hospitales abastecidos y que atiendan oportunamente a los pacientes, de prohibir y condenar el matrimonio infantil o de que podamos hablar de sexualidad en las escuelas.

Distante vislumbramos aún el “Ni una más” en nuestra Guatemala, como de ver el VIH infantil erradicado en nuestro país, eliminar la discriminación y el repudio a nuestros pueblos originarios, a la comunidad LGBTI, a las personas VIH+ o a los pobres. Producto de políticas excluyentes, médicos corruptos, sindicatos mal dirigidos y costumbres e imaginarios indiferentes, llenos de miedo, ignorancia y odio entre los guatemaltecos.

La lucha contra el dragón de 6 cabezas (corrupción, machismo, indiferencia, miedo, intolerancia y avaricia) ha de ser librada desde cada ámbito de la sociedad, desde nuestros hogares, barrios, escuelas, iglesias, trabajos, universidades, gremios y ciudades. Por eso, en ASOCEM estamos luchando en el mundo, en Latinoamérica y en Guatemala por salud, respeto, tolerancia, apertura, diálogo, inclusión, capacitación y transformación del imaginario de los estudiantes de medicina y los profesionales de la salud. En esta lucha, no estamos solos, sino dispersos; en nuestro caso, repartidos en 5 comités que buscan la construcción de un sistema de salud universal.

“Yo creo firmemente que el respeto a la diversidad es un pilar fundamental en la erradicación del racismo, la xenofobia y la intolerancia.” – Rigoberta Menchú

 

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