By Silvia García
Posted: Updated:
0 Comments

Debía ser obediente, callada. Debía de aceptar lo que viniera y resignarme ante ello. Debía ser fuerte y no mostrar la debilidad que por dentro me inundaba. Me enseñaron mucho, me enseñaron cómo ser una mujer de bien. Pero hubo algo que pasaron por alto, hubo algo que olvidaron…no me enseñaron cómo sobrevivir a la compañía de un hombre violento…

Es un hecho que rara vez los planes se cumplen a cabalidad. Hay imprevistos, giros inesperados, situaciones que no podemos controlar y personas que en algún momento nos llegan a lastimar. Como muchas, jamás imaginé que estaría sentada al lado de un hombre manipulador y agresivo.

Y es que es tan sutil, tan delicada la forma cómo se introduce en tu vida. Al inicio, todo pinta como un cuento de hadas (que son puros cuentos…), él parece ser ese hombre que por mucho tiempo esperamos. Es atento, detallista y caballeroso. Es muy agradable, y las personas que creen conocerlo aseguran que es un gran sujeto.

Se empieza a colar en tus pensamientos con agradables charlas, con pequeños obsequios que te hacen creer que escucha lo que le cuentas y, sobretodo, que le interesa. Te busca, te dedica tiempo. Te empieza a conocer y así, empieza a descubrir tus debilidades. Encuentra esos espacios vacíos en tu interior, esos agujeros en tu alma…

Es curioso porque, sin darte cuenta, pasas de verlo con ojos de amor a verlo con ojos inundados en lágrimas. ¿Cómo pasó? ¿En qué momento cedí ante esto? ¿En qué instante permití que un hombre me insultara? ¿En qué parte de la relación se abrió la puerta a una sarta de palabras denigrantes?

Es un espacio de tiempo difícil de definir y aún más de detectar. Se origina en pequeños instantes: cuando él se molesta y lanza el celular contra la pared, cuando discuten por teléfono y te deja hablando sola, cuando se enoja por situaciones insignificantes. Se introduce entonces en nosotras esa culpa: “no le he tenido paciencia, “no he sido comprensiva”, “estoy haciendo mal las cosas”.

Luego, un insulto sin mucho ímpetu, un comentario que minimiza: “¿Por qué te vestiste hoy así?”, “deja de hablar tonterías”, “me aburres”, “anda al grano”, “eres mera inútil”. Te preguntas entonces, ¿cómo reaccionar ante esas palabras que destruyen? Intentas definir el amor, te cuestionas si ESO es amor. Llegamos a creer que se trata de paciencia, de comprensión.

Buscamos referentes de amor genuino, esperando encontrar algo que justifique el maltrato.

Aún si no lo encontramos, lo justificamos. Es una venda, una ilusión. El dolor de las palabras violentas empieza a desmoronar nuestro caminar. Nos distanciamos, nos cerramos a aquello o aquellos que pueda salvarnos. Nos emberrinchamos en defender a aquel que nos lastima, minimizamos las consecuencias de sus palabras. Algo nos dice que no es amor, pero nada lo confirma.

¿Qué hago si él se va? ¿A quién puedo llamar si tengo una emergencia? ¿En quién puedo refugiarme si estoy triste? La dependencia nos transforma en su presa y nuestro mundo, nuestro miserable mundo, se reduce a esta persona. Llegamos a creer que no hay nadie más ahí para acompañarnos o auxiliarnos.

De pronto, los insultos perdieron el mínimo margen que conservaban: “No sé porqué me enamoré de ti”, “no sirves para nada”, “eres una desgracia”….

De cierta forma, logramos verlo. Sabemos que algo no está bien y que las palabras de ese hombre nos están apuñalando, pero ¿cómo salir de ahí? Entender que se está viviendo un noviazgo violento es extremadamente difícil, y lo es aún más intentar salir de él. Es levantarse y tropezar de nuevo, una y otra vez. Es intentar huir de alguien que te consume y que de una forma retorcida, te llena.

Hay una solución a todo esto, hay respuestas definitivamente. Cabe resaltar, que ninguna es sencilla e inmediata y que cada una de nosotras intentará resolverlo como otras mujeres lo han hecho y, puede ser que no funcione.

Una de las claves está en no callar.

Pero ¿Cómo puedo romper la barrera del silencio? ¿Cómo superar esos instantes de miedo y vergüenza?

Permanecer calladas es caer en una espiral…siempre en movimiento, siempre huyendo. Tomemos un momento para reflexionar, no estamos solas. No estamos solas… 

Una hermana, un amigo, una prima, una madre. Ese es solo el primer paso, se escribe fácil, se escucha sencillo y se hace con un exceso de valor. Hablar es solo el comienzo, expresarse es la llave de la puerta que nos llevará a la libertad.

 

Related Posts

El día de las elecciones está cada vez más cerca, o, mejor dicho, las elecciones están a la vuelta...

“Nada y ni mierda” es la expresión que resuena en mi cabeza mientras me muevo entre bocinas,...

Por José Andrés Prado Desde el estallido a nivel mundial de Facebook, Twitter y YouTube; el...

Leave a Reply