By Maripaz Estrada
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Dicen que si la vida te da limones debes hacer limonada, pero ¿Por qué no hacer una naranjada? O tal vez ¿una piña colada? Aunque suene contradictorio y un poco absurdo, créeme que si me dejas explicártelo te hará mucho sentido.

A veces vamos por la vida esperando cumplir con las cosas que los demás quieren que hagamos, nos pasamos realizando todo eso que nos establecen o que incluso nosotros mismos nos fijamos. Tenemos esta increíble visión de la vida, de “este es mi plan y debo seguirlo”, si no funciona nos rendimos. Sin darnos cuenta de que la vida es cambiante, que posiblemente eso que habían planeado para nosotros o lo que un día imaginamos ya no encaja en nuestros ideales.

No porque hayamos dejado de soñar, de ilusionarnos o de luchar; sino porque llega el momento en que no podemos seguir aparentando que somos los mismos de hace unos años y ver las cosas con los mismos ojos de ayer. Llega el día en que debemos reconocer que no somos seres estáticos, que debemos renovarnos, como si fuera un proceso de selección natural. Es en ese período de metamorfosis que no debemos permitir que el miedo a no dar la talla, a no ser lo que soñamos, que el miedo a que nadie entienda lo que queremos ser, nos paralice y nos impida luchar por las nuevas cosas a las que aspiramos.

Es preciso reconocer que no somos la persona perfecta para algunos o tal vez para muchos, pero que sólo debemos vivir el presente y hacer que este valga la pena y sea perfecto para nosotros. Es triste como la gente piensa que no va a ser aceptada por aquellos que aparentan vivir en un mundo de gente perfecta, pero la verdad es que todos somos imperfectos y eso es lo que hace que nuestro viaje por esta vida valga la pena. Porque una vez nos aceptamos, así como somos, es cuando el mundo empieza a reconocernos a través de nuestras virtudes.

La vida está llena de pruebas y oportunidades, nadie nunca dijo que las pruebas son fáciles, así también nos dicen que el fracaso no es una opción, y más bien esta debería ser una opción. Porque, cuando fracasamos, nos caemos y luego nos levantamos, una y otra vez, y esto es lo que nos hace continuar, apreciar cada respiración, celebrar que estamos vivos, valorar a quienes están a nuestro alrededor y nos permite vivir al máximo. Arriesgándonos a ir por aquello por lo que soñamos apreciaremos el verdadero valor de la felicidad.

Porque al final si nos quedamos esperando con comodidad que la vida nos de limones para hacer limonada, lo más seguro es que nos los dará, pero nos perderemos la oportunidad de probar algo diferente, como la naranjada o la piña colada.

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One Comment
 
  1. Carol Perdomo / 27/10/2018 at 22:33 /Responder

    Se tú, ve y haz lo que te haga feliz.
    Me encanto 💜

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