By Isa Contreras
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Esta semana leí un artículo de Adelaida Loukota que me dejó pensando y despertó en mí un interés por un tema que no había considerado antes. Nunca me había cuestionado sobre la importancia de mi nivel de comprensión de lectura, ni mucho menos del de los demás. Esto no quiere decir que no se me había pasado por la mente que Guatemala es un país analfabeta, porque lo es. Pero no había reflexionado en el hecho que, más que un país analfabeta, es un país analfabeta funcional.

Para todos los que no conocen el término, o que como yo no lo han analizado a fondo, el analfabetismo funcional es poseer la habilidad de decodificar letras y atribuirles un significado pero no poder comprender el mensaje que quieren transmitir.

Es decir, puedo leer que el gato es blanco, pero no comprendo a qué se refiere esta oración. Obviamente en un sentido mucho más complejo, la mayoría de nosotros entendemos que el gato es blanco y podemos comprender el mensaje. Pero qué sucede cuando Borges nos dice que, “somos nuestra memoria, somos ese museo quimérico de formas cambiantes, ese montón de espejos rotos.” ¿En realidad comprendemos lo que el autor quiere transmitirnos? ¿Que el ser humano es un simple recuerdo de momentos que tergiversa en su mente ante una imagen propia construida de pedazos de los que somos y fuimos?

Entonces, quizá el analfabetismo en Guatemala está ocasionado por todos aquellos analfabetas funcionales que han leído dos libros en toda su vida. ¿Cuánto nos podríamos beneficiar si cada guatemalteco que sufre de este mal leyera, por lo menos, un libro al año? De acuerdo con Loukota, los guatemaltecos leen 0.9 libros al año. Ni siquiera es uno por persona. Cito a la autora que me inspiró esta semana diciendo que, “me quiero alejar de los extremos que van del analfabetismo al mundo académico y centrarme en quienes quedamos en medio. Todos aquellos que sabemos leer y que preferimos dedicarle nuestro tiempo libre a cualquier cosa que no sea un libro.”

El analfabetismo funcional es el peligro más grande de las sociedades.

Es responsabilidad de cada guatemalteco que tiene el privilegio de saber leer, hacerlo. Unirse a un club de lectura, ponerse la meta de leer un libro al semestre, encontrarle el gusto a los libros y leer. Dejemos de culpar a los demás por todos los males del país y comenzamos a ayudarnos a nosotros mismos. Un libro a la vez.

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