André de Suremain Grajeda/ Llegué caminando vagamente. Ahí en la esquina me esperaba el café de siempre, como bus en la parada. No miraba caras, no buscaba a nadie… no esperaba nada. Con las manos metidas entre aquel sobrio saco que compré en un ayer que olvidé, avanzaba lentamente. Entré. Bajé ligeramente mi boina,...