By Brújula
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María Renée Andreu/Brújula/ 

“El indígena es el fundamento del país”, es un discurso, una frase, algo que suena muy bien. Sin embargo, muy pocas veces se ha llevado a cabo una política real de inclusión al indígena. en nuestro país. Los partidos políticos afirman llevar a cabo políticas de inclusión, el gobierno utiliza propaganda donde el presidente es rodeado de niños indígenas y de los pueblos mayas, la sociedad comenta estar a favor de los pueblos discriminados… pero ¿es esto real? ¿se llevan a cabo políticas de inclusión social? ¿se igualan las oportunidades a todos los guatemaltecos?

Si quien lee esto es alguien medianamente enterado de la realidad de nuestro país, sabe que esto no es así. Estamos frente a una nueva forma de racismo donde se exalta al indígena por su riqueza cultural, por la belleza de sus vestuarios, su agricultura y sus costumbres, , pero en la práctica se hace lo contrario a este discurso. El racismo actualmente está evidenciado en nuestra cotidianeidad. Es un racismo tan inmerso en nuestra sociedad que llega a pasar desapercibido. En otros países se declaran todos mestizos y se crea un patriotismo iluso. En nuestro país hay un racismo solapado, donde algunas personas niegan las raíces mayas y se acepta al indígena únicamente “de museo”. Se acepta a los indígenas como un pasado, como nuestra historia, como un museo, pero no como una gran parte de nuestra población actual. Tener una concepción de “indígena de museo” es cuando únicamente se toma en cuenta la belleza o folklor de los pueblos indígenas pero no se evidencia ninguna inclusión real en las políticas del país. Se utiliza la imagen del indígena como una estrategia para mercadear al país; Guatemala es declarado multicultural pero en la práctica no se acepta esa multiculturalidad.

¿Y cómo se evidencia? En el gobierno, en los partidos políticos, en el sistema de educación.

Es evidente cómo los partidos políticos utilizan los discursos en contra del racismo pero en la práctica no los llevan a cabo, debido a que no se aprecian políticas de inclusión por parte de los mismos. ¿Cuántos partidos políticos están conformados por un buen porcentaje de indígenas? ¿Qué partido ha postulado a un cargo público importante a un profesional indígena? El Congreso de la República representa a los ciudadanos guatemaltecos, ¿cuántos diputados son indígenas? Aproximadamente un 40%, según el BCIE, de nuestra población es indígena y únicamente aproximadamente un 10% de nuestros diputados lo son  No existe una verdadera representación indígena ante el Estado. La “discriminación positiva”, aquella que se da cuando se promueven cuotas dentro de los congresos o partidos políticos para buscar una inclusión temporal obligatoria de mujeres e indígenas mientras que en el país se logren dar las condiciones necesarias para que todos puedan competir equitativamente por un puesto, es algo que no sucede en nuestro país.

Con respecto al sistema educativo, tanto en colegios públicos como privados, existe cierto tipo de intento de inclusión. Es decir, en los colegios privados se llevan a cabo actividades como el mercadito o actos cívicos. Sin embargo, es importante cuestionarse si estas actividades promueven realmente la diversidad cultural. ¿Son políticas educativas de inclusión? Cuando se practica un mercadito en los colegios y los niños llegan vestidos de indígenas y venden verduras y cosas típicas, se vincula al indígena como un vendedor en el mercado, no como un ciudadano igual que todos en la sociedad. Estas actividades pueden ser consideradas como un intento de promover la inclusión pero puede tener un efecto contradictorio.

Se necesitan políticas educativas que realmente promuevan la inclusión social, donde los niños crean en una Guatemala inclusiva y no se fomente la discriminación.

El que el Estado no tenga políticas que inculquen una inclusión real, lo convierte en un Estado ciego o un Estado que no representa a toda su población. El Estado reproduce una inclusión falsa, utilizándolas costumbres mayas como exhibiciones en actos protocolarios, en campañas políticas, en actividades internacionales, pero sin priorizar y realizar verdaderas políticas públicas de inclusión de los pueblos discriminados a la sociedad.

¿Todo esto quiere decir que ahora al utilizar a una persona indígena en un comercial gubernamental estoy siendo racista? ¿Ahora que el colegio al que asiste mi hermana realice un mercadito para el 15 de septiembre también es racismo? ¿Es realmente necesario incluir un porcentaje de indígenas en las organizaciones políticas? Todas estas son interrogantes que probablemente podamos realizar pero se debe de buscar llevar a la práctica políticas de inclusión. El fin de esto no es únicamente criticar, sino también buscar soluciones. Básicamente está implícito que en nuestro país el racismo es estructural, se encuentra tan inmerso en nuestra sociedad y en nuestra forma de actuar que el cambio pareciera casi imposible. Aun así como jóvenes guatemaltecos no podemos dejar pasar esta situación. En el momento que respetemos nuestra diferencia cultural, empezaremos sin darnos cuenta a promover la inclusión cultural.

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