By Auxiliares de Investigación
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Iliana Rodríguez/ Coordinadora del Programa de Auxiliares/

En algún lugar dentro de una carpeta electrónica, estuvo guardado el documento que plasmaba la idea original de lo que hoy es conocido como el Programa de Alumnos Auxiliares de Investigación y Proyección de la Universidad Rafael Landívar. Comenzó a pensarse tres o cuatro años antes de su puesta en marcha en 2011. La imagen que asomó a la mente de quienes lo concibieron fue la de un semillero. Un “semillero de investigadores”, cuyas semillas serían estudiantes de pregrado a quienes les interesara la investigación y la proyección. Para que estas germinaran, se nutrirían de experiencias y conocimientos. Luego, crecerían y darían frutos. Serían los futuros investigadores y profesionales, cada cual en la disciplina de su especialidad, enriquecida por una experiencia de aprendizaje significativo en investigación-acción y proyección.

El semillero comenzó en agosto de 2011 con cuatro estudiantes.

Se puso en marcha un proyecto piloto para validar su funcionamiento. La primera experiencia no fue tan exitosa como se esperaba, pero de ella se extrajeron lecciones que permitieron optimizarla. De esa cuenta, en los años siguientes se fueron incorporando nuevos estudiantes referidos por algunos docentes y autoridades de algunas facultades. Los estudiantes venían con mucha curiosidad. Querían saber de qué se trataba este invento, qué era eso de los institutos y la Vicerrectoría de Investigación y Proyección, ¿era esto un trabajo o una beca? Algunos incluso, no conocían el edificio “O”, edificio que alberga a la mayoría de institutos de investigación y proyección. Llegar a este lugar supuso todo un descubrimiento, desde conocer las instalaciones hasta llegar, poco a poquito, a profundizar en el conocimiento de algunas realidades de Guatemala con el acompañamiento de los investigadores-tutores.

En 2016 el Programa de Alumnos Auxiliares de Investigación y Proyección cumplió cinco años. A lo largo de este tiempo hemos visto, con satisfacción y asombro, crecer el semillero y la germinación maravillosa, casi milagrosa, de las semillas. Comenzamos con cuatro jóvenes y a la fecha, han participado cincuenta y dos. Ha habido estudiantes que, estando aquí, han descubierto que la investigación no era lo suyo y han buscado otros caminos. Pero ha habido otros que se han apasionado tanto con este oficio, que me recuerdan el relato de  Eduardo Galeano sobre un hombre del pueblo Neguá que contó su visión del mundo.

[…] “El mundo es eso -reveló- Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. […] Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. […] Pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.”

Así son los alumnos auxiliares, cada uno brilla con luz propia, con un fuego distinto y hay algunos que nos han hecho parpadear porque se han involucrado con tantas ganas en esta aventura que han encendido la vida. Encanta oírlos hablar cuando cuentan en qué proyecto están trabajando, y descubrir su genuino interés, su auténtico deseo por cambiar y mejorar las cosas. Indudablemente, su paso por esta Vicerrectoría de Investigación y Proyección ha dejado una huella significativa, muchas lecciones aprendidas y sueños compartidos. Para muchos, adentrarse en los caminos de la investigación y la proyección ha supuesto un cambio que les ha movido el piso. Su visión del mundo y de la realidad ya no es la misma que tenían en el quinto ciclo de su carrera. Han cambiado, crecieron, se empoderaron, ganaron experiencia y trabajan con más independencia. Y ahora algunos van saliendo ya del semillero a plantar sus propias semillas, a continuar sus sueños. Quienes hemos tenido la dicha de verlos crecer, deseamos que lo que aquí han aprendido, los impulse a cargarse y encargarse de la realidad desde su quehacer profesional, esa realidad que a veces puede ser cruel y muy dura, que necesita “fuegos” comprometidos que quieran arder la vida con ganas de transformarla.

Año con año, esperamos con ilusión la llegada de nuevas  semillas que sigan alimentando la esperanza.

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