By Lizy Pérez
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La educación es un derecho fundamental de cada persona, pero que a veces se queda en papel y promesas de campaña.  Nelson Mandela decía que “la educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación que la hija de un campesino puede convertirse en una médica, el hijo de un minero puede convertirse en el jefe de la mina, o el hijo de trabajadores agrícolas puede llegar a ser presidente de una nación.” Pero ¿qué pasa en un Estado donde no es prioridad garantizar que los jóvenes puedan acceder a un servicio educativo inclusivo y de calidad? Hablando de la educación superior. ¿Cómo se está formado la juventud para un mundo globalizado y cambiante?

Probablemente ya todos  iniciaron clases hace algunos días, especialmente para quienes empiezan por primera vez ¡Aprovéchenlo! Para los demás, seguro recordarán lo emocionante que es entrar por fin a la universidad.

Hace casi un año me encontraba emocionada por empezar la universidad, dos años atrás, estaba preocupada por decidir qué carrera iba a estudiar. Respecto al lugar siempre, quise hacerlo en la universidad pública.

Cursando el último año de la secundaria, escuchaba comentarios como: “disfruta los últimos días del colegio porque después los vas a extrañar.” Pero necesitamos crecer, en la universidad la vida es diferente, la perspectiva del mundo cambia, el ambiente es distinto así como  el lugar, los horarios y la lista puede continuar. No hay que llevar puesto un uniforme que a lo mejor no nos gustaba. Al catedrático no le importa si llegas o no, ya no es como antes cuando el maestro te preguntaba porque faltaste y pedía el justificativo. No importa llegar tarde, con tantos en una clase seguramente nadie se dará cuenta. El periodo de clases será más largo y las vacaciones ya no empiezan a principios de octubre.

Y, me hago esta reflexión para llegar a un punto muy importante: ¿cuánto valoramos la oportunidad de estudiar?

A veces solemos quejarnos de tener que ir a la universidad, de tener que levantarse tan temprano por tanto tráfico, de un catedrático que pareciera no califica bien, de lo mucho que hay por leer y de las tareas que hacer. Pero realmente deberíamos agradecer el privilegio de poder acceder a la educación superior. Y lo llamó privilegio porque independiente de si tus papás pagan la matrícula, si trabajas para pagarla, o que hayas ganado una beca; formas parte de la mínima cantidad de jóvenes que están cursando estudios superiores.

Guatemala en el 2015 contaba con aproximadamente 16,5 millones de habitantes, la población joven entre 15 y 29 años de edad representa el 28.54% que corresponde a 4,709,100. Para el año de 2015 se inscribieron 366,674 en todas las universidades del país. Lo que representa una muy minina parte de la juventud del país.

La educación ha dejado de ser un derecho y se ha convertido en un privilegio para unos pocos.

Entonces, como primer punto, se debe garantizar a toda la juventud el derecho a la educación superior. Segundo, se debe reconocer que se ha dejado de lado la promoción de políticas públicas orientadas a la juventud y cambios en el sistema educativo, lo que agrava el problema que enfrentan los jóvenes en el acceso a la educación. Tercero no todos lo que pueden acceder desde niños a la educación primaria la culminan, y quienes acceden a ciclo básico solo un porcentaje se gradúa luego del nivel diversificado. Y aún más mínimo es el porcentaje que accede a la educación superior y logra completarla. La educación debería ser un factor de movilidad social, no tenerla afecta a la hora de querer acceder a un trabajo u oportunidades de crecimiento personal. Cuarto, lamentablemente causas como la situación económica inestable que hace a algunos migrar al norte por mejores oportunidades, la inseguridad, la maternidad en adolescentes, son solo algunas causas que generan el desertar de la educación.

Insisto si bien la universidad puede ser complicada quizá debiéramos estar agradecidos por la oportunidad de estudiar, poner al máximo nuestras capacidades para lograr completar la carrera elegida y devolverle a la sociedad los conocimientos obtenidos; para así poder ayudar a otros que quizá no han tenido la oportunidad de hacerlo. Y si podemos desde ya ¿Por qué no? Que la educación sea el medio por el cual podemos hacer de este planeta un lugar mejor.

 

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Pensando en el cielo con los pies en la tierra de la eterna primavera.

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