By Auxiliares de Investigación
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Ana Lucía Cumes/ Auxiliar de Investigación del Instituto de Investigación y Proyección sobre Diversidad Sociocultural e Interculturalidad/

Luego del pasado 8 de marzo, leyendo publicaciones y comentarios en las redes sociales, me quedó la curiosidad de ¿por qué el manifestarte como una persona feminista recibe tantas críticas en la sociedad guatemalteca?. Y no hablo de los comentarios que claramente buscan despertar controversia, sino de aquellos que nacen de un genuino interés por lo que se está discutiendo, y aún así reciben ataques por parte de otros usuarios. Yo misma he tenido discusiones con amigos y conocidos cercanos por llamarme una feminista y manifestar mi forma de pensar en situaciones específicas. Y luego de que esto se haya vuelto repetitivo en mis distintos círculos, me pregunto.

¿Será esto debido a una confusión en el manejo de la palabra? ¿O este rechazo es una manifestación más del machismo incrustado en nuestra cotidianidad?

Honestamente no puedo dar una respuesta contundente a estas preguntas, sin embargo, a mi parecer, Guatemala es una sociedad que necesita profundizar más acerca de cuestiones de género y el resto de diversidades que se manifiestan en el tejido social. Muchas veces publicamos y compartimos imágenes o comentarios y no nos damos cuenta de la confusión que pueden causar en otras personas. Nos dan risa, y aunque sepamos que están manejando mal los términos, sabemos que causarán una reacción en nuestros seguidores. ¿Es esto malo? Quizás no malo en sí mismo, pero es una forma de perpetuar malentendidos, algunos tan sencillos como que el feminismo no busca la equidad, sino la superioridad de la mujer. Es en estos casos quizás deberíamos analizar un poco más qué compartimos o la manera en la que manejamos los términos y conceptos en nuestro discurso cotidiano.

Sobre la segunda pregunta, me parece necesario un análisis más profundo, pero la responderé con un quizás. Cuando la “normalidad” en la que nos desarrollamos se ve atacada, es entendible que esto cause reacciones de rechazo, aún más si no somos capaces de reconocer las desigualdades incrustadas en nuestra “normalidad”. No nos gusta aquello que difiere de lo que creemos correcto, por lo cual es entendible reacciones en contra de estas formas de pensar. Siempre habrá personas que digan “si, pero…” y justificarán, ejemplificarán y comentarán en contra de lo que creemos.

En el caso del feminismo considero que es más común que se den estas discusiones por la desinformación y tergiversación del término.

Si bien, no se puede esperar que todo aquello que sea compartido en las redes sociales pueda tomarse como algo serio, temas como la igualdad de género, la violencia, racismo y otras formas de discriminación deben dejar de tomarse como una forma de llamar la atención de aquellas personas que nos siguen, como chiste o como situaciones banales. Pues finalmente son temas que, si bien no nos afectan directamente, son parte de los retos a los que otros seres humanos deben enfrentarse. Muchas veces al comentar estas situaciones de desacuerdo, la solución que te dan es ignorar todo aquel material que se oponga a lo que pienses. ¿Pero es realmente esa la solución? A mi parecer no, pues al “dejar pasar” publicaciones que puedan llevar a una desinformación es contribuir con la perpetuación de estas ideas que no hacen más que desestimar todos aquellos movimientos que lo que buscan es la construcción de una sociedad más equitativa y justa.

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