By Axel Ovalle
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Me arriesgaré al decir que todos tenemos a alguien, a una persona “ideal” que esperamos que nos envíe un mensaje de buenos días por las mañanas, que le dé “me gusta” a nuestra última publicación, o que sea quien nos sorprenda con algún detallito… Sin embargo, esas acciones jamás llegan. Se quedan únicamente en nuestra mente, ilusionándonos, haciéndonos guardar una vaga esperanza.

No podemos controlar las respuestas o actitudes que tendrán otras personas hacia nosotros, no se puede exigir su atención o ser de su agrado. Lo único que está en nuestras manos, es dejar de esperar tanto de aquellos que ni siquiera se percatan de nuestra existencia y enfocarnos en aquellas personas que siempre están allí para nosotros y que muchas veces ignoramos o dejamos de lado.

Solemos ignorar o pasar por alto a aquellas personas que nos sonríen a diario, que nos escuchan, que nos etiquetan en memes o nos mandan cadenas. Ignoramos a quienes nos dan su asiento en el transporte público, o a quien mantiene limpia nuestra casa u oficina.

¿Acaso no nos están demostrando su cariño con estas pequeñas acciones?

Vivimos en una sociedad que se ha acostumbrado a renegarlo todo. Renegamos hasta el valor que nos dan otras personas. Solemos decir que nadie nos quiere, que estamos destinados a vivir en soledad y muchas cosas más que solo consiguen enfrascarnos en una burbuja de melancolía, solo porque quienes sí nos quieren no llenan nuestras expectativas de seres “ideales” o “de película”.  Si tan solo cambiáramos de perspectiva y dejáramos de fijarnos en esas personas que ni nos están prestando el mínimo interés -porque seguramente desconoce que existimos o, dicho de una forma más cruda, no les gustamos-, advertiríamos que jamás lo estamos. Si no estamos rodeados de familiares, siempre hay compañeros de trabajo o de estudios, o personas que nos acompañan e nuestro diario vivir.

Debemos aprender a valorar a las personas que nos quieren, no solo a las que nosotros queremos.

Por mucho tiempo, me había aferrado a la idea de que estaba solo en este mundo. Que mi presencia valía un comino. Me había empeñado en desvalorizarme; dejé de lado a aquellas maestras y profesores, compañeros de clase, familiares, hasta transeúntes que se atravesaban en mí andar. Personas a quienes les interesaba mi salud tanto física como mental, que se tomaban la molestia de desearme un “feliz día” aun cuando yo solo les devolvía una mala cara.

Las personas que nos rodean nos afectan más de lo que pensamos. Nos damos cuenta o no, su actitud, la forma en que nos hablan, su perspectiva del mundo e incluso su estado de ánimo nos influencian mucho. Karl Marx lo dijo una vez: “rodéate de las personas que te hacen feliz. Las personas que te hacen reír; que te ayudan cuando lo necesitas; las personas que realmente se preocupan, ellos son los que vale la pena tener en tu vida. Todos los demás están de paso”.

Lo que quiero decir con esto, es que si cambiamos nuestra perspectiva y dejamos de concentrarnos en aquellas personas que “anhelamos” que nos correspondan y nos volteamos a ver a quienes nos acompañan, encontraremos más felicidad de la que estamos acostumbrados.

Hay que tener claro que las personas que se quieren a sí mismas saben cómo valorar a las personas más fácilmente. Por eso la filosofía de vida que sigo es: tú creces, yo crezco y los demás también. Valorar a alguien no se trata de brindarle un aporte económico o moral, el valorar a los demás reside en aceptar que se encuentran a tu alrededor y que les importa y les interesa tu presencia. Recibir con agradecimiento su actuar y, si nos nace de corazón, devolvérselo.

Incluso, toda acción tiene su repercusión. No te sorprendas  si empiezas a notar que ese trato que tengas con tus allegados hace que más personas se sientan atraídas hacia ti. Una vez que les demuestras  a los demás quién eres en realidad, se acercarán a ti personas que sintonizan con tu manera de ser. Di lo que sientes cómo quieras decirlo, compórtate con los demás como quieras hacerlo y siente tus emociones libremente. Al hacerlo empezarás a apreciar aquellos que a pesar de saberlo todo de ti, deciden permanecer a tu lado.

About the Author

Querido alguien: No sé cómo te llamas ni dónde paseas tus tristeza, pero sé que algún día me encontrarás.

Estudiante de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rafael Landívar. Escritor Incauto, poeta, prisionero y fiel.

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