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Isaías Morales / Opinión /

De las rivalidades entre Universidades pasamos a la unión, de la apatía ciudadana pasamos al repudio a la corrupción, de la incertidumbre que era “el paseo de la sexta avenida” ahora lo convertimos en una fiesta y lo que eran redes sociales sin aporte ahora pasaron a ser plataformas para construir el país que soñamos.

Un total de 07 semanas han transcurrido desde que la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público (MP) desmantelaron una red de corrupción que causó rechazo total en los ciudadanos. En menos de 60 días el despertar social que se visualizaba como un sueño se hizo realidad. En 30 años que la debilitada democracia lleva de funcionar nunca se había visto un golpe a la indiferencia tan notorio, nos ha posicionado como un país ejemplar en latinoamérica y el mundo. Tras años de enemistad entre las Universidades públicas y privadas, surgió el primer frente universitario que se han encargado de llevar discusiones cada vez más concretas sobre lo que el país necesita.

07 semanas nos han hecho soñar de nuevo. Gracias a la presión ciudadana mucho casos más se han conocido y el león que han despertado parece no contentarse con la renuncia de uno o pocos funcionarios. Sin importar que la Embajada de Estados Unidos haya influido o no en las persecuciones penales, lo que demandan los guatemaltecos va mucho más allá de eso.

Después de más de un mes de manifestaciones, las cuales sirvieron para concientizar a tantos jóvenes, lo que ahora se traduce en diferentes espacios son los espacios de discusión para trabajar en reformar claras para el sistema.

Es claro que la juventud universitaria ha tomado el papel que le corresponde, generar aportes sin precedentes que significarán una verdadera herencia para las generaciones futuras. Es clave que todos nos encaminemos hacia la misma dirección ya que el momento que tenemos ahora es oportuno para entablar soluciones viables para el país. Existen múltiples formas de involucrarse y hacer ciudadanía, por ejemplo mediante las elecciones, en la auditoría social hacia los funcionarios, en la denuncia, por manifestaciones pacíficas, en espacios de opinión o por las formas más novedosas que se no puedan ocurrir.

Aún con la emoción de ver una algarabía total en las calles y creer en que se puede hacer cambios de fondo, las protestas deben ubicarse en propuestas claras para convertirse en incidencia para el país. Los frutos de este despertar juvenil no tardarán en llegar, porque el lugar para las nuevas revoluciones es de las mentes decididas que son capaces de sentar las bases para el futuro y que sean los héroes orgullosos que se sentarán con sus hijos para contarles lo que si se atrevieron a hacer en este momento clave que vive el país.

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