By Daniel Monroy
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Hace mucho que no leo una edición impresa de un periódico. La última vez que lo hice fue en un restaurante de comida rápida, mientras esperaba a mi mamá y me tomaba un café (en aquellos lejanos días, cuando todavía no usábamos mascarillas todo el tiempo).

Mi interés por leer medios, ya sea impresos o digitales, cada año ha venido en picada.

Hace unos años, en este espacio, escribí sobre el papel de la prensa (sobre todo de la prensa “independiente”) en aquellos años en donde si uno no se postraba ante los ídolos de barro corrientes, era un demonio para la sociedad. Y a la fecha, mantengo mi postura sobre el daño que le han hecho esos actores a la opinión pública, al debate sano y al pensamiento crítico. Quizás eso explica en parte por qué paulatinamente ya no me interesa leer lo mismo de siempre.

Recuerdo una vez que leí en Twitter un sinfín de vítores y defensas ciegas de los ‘mesías políticos’ por parte de los líderes de la opinión pública y cuando abrí una prensa escrita días después, las noticias de actualidad y las columnas de opinión eran sobre lo mismo y con la misma dinámica. Cero profundidad, criterio o algo mínimamente interesante para leer. Pura política barata.

A nivel local, personalmente se podría decir que no me gusta ningún medio, pero eso es exagerar un poco las cosas. Creo que lo que no me gusta es el abordaje de los temas políticos, sobre todo de los medios, como uno bien conocido acá; que los domingos de forma anónima se inventa cosas de las personas y más parece una revista de farándula que una sección de un medio profesional. Me gusta más cuando hacen reportajes sobre un personaje destacado, un lugar interesante o de cualquier otra cosa, en donde no hay modo de meter política y agendas.

Pero más allá de mi opinión sobre la prensa y la forma de hacer periodismo de algunos periodistas locales (si se le puede llamar periodismo a tal cosa), el punto de estas líneas es simplemente descriptivo de lo que me ha pasado.

A principios de año, ya no le encontré sentido a tener una cuenta de Twitter para meterme a leer a expertos en todo, todólogos, trifulcas políticas sin sentido y discusiones de egos y no de ideas. Ahora que lo pienso, no sé cómo perdí tanto tiempo leyendo cosas que no tienen ningún tipo de trascendencia, ni enseñanza, ni nada. Es pura pérdida de tiempo.

Y en cuanto a leer medios digitales o impresos, lo hago quizás de vez en cuando, ya sea porque es una noticia de impacto nacional o porque alguien me comparte un enlace sobre algo que le interesa o algo relacionado. Si se trata sobre un tema político polémico, un nuevo amparo, un problema con las cortes o cualquier otra cosa relacionada con ese vaivén de poder, no lo leo. Ya es algo en automático.

Sí creo que la política es algo importante (¡muy importante!) y que todos los ciudadanos debemos estar informados, pero tampoco creo que me pierda de mucho y que “fallo” como ciudadano si no leo chismes los domingos o si no muestro interés por varias luchas de poder, propias del escenario, o simplemente no leo determinado medio. En el fondo, sí me preocupa ese tipo de cosas, pero también creo que hay muchos guatemaltecos, los ciudadanos de a pie, que todos los días trabajan y luchan por sacar adelante a sus familias, que en su vida van a comprender qué es un amparo, el “timing” de los políticos o la “correlación de fuerzas” en la arena política. Son estos ciudadanos los que realmente construyen patria y sostienen al país de diversas formas.

Más que nuevos medios o formas profesionales de hacer periodismo, lo que realmente necesitamos es estar dispuestos a cambiar el rumbo del debate público (de lo cual ya he escrito muchas veces acá). Pueden venir nuevos medios con diseños bonitos y páginas web bien diseñadas, pero si no se soluciona el problema de fondo y los medios no adquieren credibilidad, el problema solo toma otro color. Nada cambia. Y creo que eso es un fenómeno a nivel mundial y no solo local, pero me limito a mis apreciaciones locales y personales.

Pero pensándolo bien, incluso si vamos más al fondo, tal vez todo lo que acabo de escribir arriba no explica por qué no leo medios nacionales. Tal vez, simplemente es porque todo lo que leo y veo en Internet son noticias de fútbol, contenido de apologética cristiana y temas relacionados con mi carrera. Mis intereses ahora son otros. 

O es una combinación de todo.

Ando un poco desconectado y la verdad, no me arrepiento. La vida sigue y lo único importante ahorita es cuidarnos y salir adelante de esta situación. Si los medios guatemaltecos y algunos periodistas nacionales son malos, poco importa.

La pandemia nos enseñó que hay cosas más importantes.

 

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Estudiante en el día y músico por la noche. Amante de las buenas historias y las buenas conversaciones. Escribo para escaparme del bullicio del día a día.

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