LaPuya2

La única lucha que se pierde, es la lucha que se abandona.

Era una mañana común y corriente, de especial no tenía nada. Tenía la boca seca y con un poco de tierra dentro. El frío de la madrugada estuvo insoportable, amanecí con el cuerpo un tanto congelado. Seguía acostado pero con los ojos abiertos y con la mirada fija en una piedra. Era una piedra demasiado común para haberla podido distinguir unos días antes. Pero lo único que la distinguía por sobre todas las demás era la sangre con la cual estaba teñida. Todos los recuerdos volaron por mi mente mientras que mis ojos comenzaban a mojarse.

La cólera invadía mi cuerpo.

Unos cuantos días atrás, los antimotines se habían encargado de teñir la piedra con nuestra sangre, porque qué más da que no sea mi sangre si acá todos somos uno luchando contra el mismo monstruo. Estos recuerdos no hacían mas que incrementar mi cólera y desesperación. Estoy cansado de no ver cambios notorios y drásticos a pesar del esfuerzo y valentía con la que hemos luchado incansablemente durante estos 6 años. ¿En que momento adquirirán valor nuestras heridas y golpes? ¿Qué acaso nuestra vida no tiene valor alguno? Más que una lucha física es un lucha mental por mantener la fe firme en que nuestro trabajo dará frutos algún día a pesar de lo lento que estos crezcan.  Después de tanta lucha lo único que quiero es que alguien me escuche, que entienda mi lucha y clamor por una vida diferente y digna.

Y eso fue exactamente lo que hizo la comunidad de la Universidad Rafael Landívar al visitarnos. Fuimos escuchados. Y sin importar si todos compartían nuestra causa de lucha, hemos podido demostrarles el valor, fuerza y fe de nuestro día a día. Que no por ser “pobres” nos dejaremos pisotear, que no por ser “de pueblo” no tenemos un pensamiento complejo y digno, que a pesar de lo difícil de nuestra lucha nuestra fe sigue tan firme como en el primer día. A pesar de tener escasez de agua, hemos podido regar correctamente nuestro pequeño granito de mostaza. Dime tu, ¿que mas pruebas necesitas, si nuestro enfrentamiento físico frente al conflicto ha sido el sentarnos en el suelo a rezar? No tenemos miedo y seguiremos en la lucha, por el simple hecho de que no necesitamos oro pero sí agua.

 Atentamente,

Resistente pacífico anónimo de La Puya

Por Juan Carlos Estrada Samayoa, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Rafael Landívar, después de una visita realizada a la resistencia el día 08 de abril de 2016.

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