Jocelyne Ramírez /Corresponsal /

Humildad, solidaridad, respeto. Parecieran ser palabras que la juventud ha olvidado. ¿Estaremos prejuzgando a toda una generación? o ¿Es que en realmente en los hechos podemos ver cómo la juventud ha dejado de priorizar los valores, aumentando la indiferencia?  Muchos viven bajo al premisa de  “voy hacer lo que tengo que hacer y listo”, y si en su actitud o pensamiento se evidencia algún valor, esto es un plus.

¿Cómo podemos exigir que todos actúen en la línea de lo correcto? Exigir algo cuando la misma sociedad alguien que hace algo malo, le sale bien y se le aplaude. La clásica frase “ese sí es bien cabrón” no es más que una pequeña muestra de ello.

Como cuando vemos que alguien saca un chivo o formulario no autorizado de una forma tan disimulada que el catedrático en su vida va sospechar lo que está haciendo el estudiante.  Al finalizar el examen nos acercamos solo para decirle: “Vos esas mañas que te andas tirando deberías compartirlas” . ¡Lo increíble es que muchos hasta en compartir esas “mañas” son egoístas!  Pero eso sí, cuidado con que alguien le diga al catedrático que hizo trampa, porque una acusación de ese tipo es desleal y de enemistad segura.

Irónico es que los valores se presenten como prioridad

únicamente cuando es para cubrir un antivalor, ¿aprender de los antivalores?

La Universidad Rafael Landívar plantea un esquema de valores divididos en cuatro grupos: valores humanos, cristianos, ignacianos y aquellos que quedan de la herencia de Rafael Landívar. Estos se describen muy bien en el libro “Retos Universitarios Landivarianos” escrito por Carlos Rafael Cabarrús S.J.  En este, encontré que la tolerancia, la justicia y la dignidad de la persona son valores humanos que se deben aprender del antivalor de cada uno.

El libro Retos Universitarios Landivarianos hace énfasis en que los valores se deben aprender de la misma experiencia, pues en nuestro actuar debemos ir estableciendo un juicio de valor e ir desarrollando nuestra propia moral. Aprender de los antivalores es, entonces, apostar a que en algún momento se deje de actuar de forma inapropiada.  El problema radicará en esperar a que ese momento llegue, si es que llega, pues el conformismo puede llegar a hacer maravillas.

Fomentar valores a los jóvenes que en lo poco que hemos vivido, pensamos que hemos vivido hasta de más y tenemos toda la experiencia en cualquier ámbito, es un verdadero reto.

La  universidad tiene muchas estrategias pero, meter un clavo con un martillo en una piedra puede tardar mucho tiempo…

La falta de captación de estos valores de cierta forma se ve afectada por el poco involucramiento que hay de parte de los estudiantes en los talleres que organiza Pastoral, Integra, la participación dentro de los clubes y agrupaciones o involucrarse en algún tipo de voluntariado.  ¿Cuántos valores no se aprenden ya sea en una tarde acompañando a un anciano del que ya nadie se acuerda, conociendo y aportando para una realidad más desdichada que la nuestra o diseñar un proyecto para alguna facultad?  Y realizarlo, dedicándole tiempo a todo esto, tiempo que no se dispone como “tiempo libre” si no como “tiempo comprometido”.

Entonces al final, ¿a qué le podemos apostar?  Al involucramiento forzado, al tiempo, a recibir una buena clase de ética o ética profesional o que algún estudiante contagie a los demás. Tenemos muchas opciones. Lo interesante es que la Universidad se esfuerza, crea los espacios, pero de alguna manera estos no están siendo percibidos o captados. Para bailar se necesitan dos, y uno de ellos debe guiar al otro o a la otra. Más que ¿a qué le podemos apostar?, sería interesante preguntarnos, ¿a qué le estas apostando vos para tu futuro, para el futuro del país?.

Fotografía: www.literasura.blogspot.com

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