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José Pablo del Águila / Opinión /

Pensémoslo bien: un hombre nacionalista, alguien que dice amar a la patria y que por eso se metió en política, pero que irónicamente es parte de un partido fundado por militares acusados de violaciones a los derechos humanos en época de guerra. Alguien que sale en la prensa portando la camisola de la selección y que disfruta repetir las estrofas de un himno nacional al cual los semiólogos han calificado de exclusivo, ¿es eso lo que necesitamos?

Un factor que hace complicada la situación actual del Estado es que, luego de la ola de corrupción develada por el MP y la CICIG,  son diversas y hasta contrarias entre sí las demandas que hace la población. Algunos, hasta hace poco, exigían que se aplazaran las elecciones. Otros, por el contrario, las calificaban como las más legítimas de la historia. También eran muchos los que pedían que se estableciera un gobierno de transición, mientras que a otro sector le daba pavor que se alterara el orden constitucional.

En fin,  no hay duda que la Guatemala en la que vivimos está poblada por gente muy diversa, lo cual no es necesariamente malo.

Sin embargo, esta misma diversidad puede resultar contraproducente para el Estado si no es bien manejada. Jimmy Morales y muchos de los que simpatizan con su propuesta política (que hasta hoy no queda claro cuál es), sostienen a regañadientes que él es la persona idónea para sacar a Guatemala adelante. “Curaremos tus heridas”, se lee en algunas de sus vallas.

Pero reflexionemos un poco sobre lo que Morales ha dicho a lo largo de esta campaña. Él dice que su ideología es el nacionalismo. Una nación, según la teoría, es un grupo grande de individuos que se encuentran vinculados por aspectos culturales y, especialmente, por un idioma en común. Guatemala, por su naturaleza, es un país pluricultural y multiétnico. Valdría la pena saber qué es lo que el candidato entiende por nacionalismo y a cuál nación quiere defender específicamente. A mí me queda la duda de si Guatemala, en su conjunto con todos los departamentos y municipios, es en realidad una nación.

Además, a pesar que él lo niegue con vehemencia y hasta se enoje, nadie puede negar que su partido fue fundado por exmilitares que han sido acusados de graves violaciones a los derechos humanos durante el Conflicto Armado Interno. Pero, lo que es más preocupante aún, es que son varios de ellos los que siguen teniendo poder en las filas del FCN-Nación (ver: Jimmy: Combatir la corrupción con los militares que la originaron, La mano derecha de Jimmy: un oficial de operaciones contrainsurgentes).

Otro aspecto que a mí me inquieta es su débil estructura partidaria.

Aparte de estar compuesto por exmilitares, también lo conforma un equipo que, al igual que Jimmy, tiene muy poca experiencia en el manejo del Estado. Me pregunto, ¿qué pasará cuando su gobierno sea incapaz de crear políticas que satisfagan las demandas ciudadanas? ¿Qué pasará cuando la población indignada se vea en la necesidad de salir a las calles a manifestar de forma masiva? ¿Saldrán los militares que lo respaldan a reprimir a los inconformes? Es muy probable.

Recordemos que a lo largo de la historia han sido muchos los líderes políticos que, amparados en el concepto de nacionalismo, han asesinado y actuado en perjuicio de la población. Hitler es un ejemplo de ello. Entonces solo hay que analizarlo bien, durante el Conflicto era el anticomunismo la excusa del gobierno para matar gente, ¿ahora qué será?, ¿el nacionalismo?

Por último, me indigna ver cómo Jimmy es incapaz de reconocer el daño que la televisión abierta le ha hecho a la democracia en Guatemala. Sé que trabajó ahí y en Sonora, pero eso no es excusa. Si no puede ser independiente a la hora de hacer comentarios, que mejor se mantenga alejado del escenario político.

Por todas estas razones, yo sostengo que no es un nacionalista lo que necesitamos en Guatemala. Yo abogaría más por un líder conciliador, capaz de encausar las diversas demandas ciudadanas en un solo fin: el bien común. Alguien que sea capaz de crear políticas de desarrollo que atiendan al sector más vulnerable de la sociedad. Que sea justo y que no llegue comprometido al poder. Un gobierno solidario, compuesto por conocedores y estadistas.

Ni Jimmy ni Sandra cuentan con estas características, pero yo, votaré por Sandra.

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