By Javier Medina
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Es innegable que en la memoria de cada guatemalteco siempre permanecerá aquella imagen del Congreso de la República en llamas. Y es que, ¿Quién no recuerda las manifestaciones suscitadas hace más de un año? Producto de un presupuesto desalineado con las necesidades de la población y del descontento generalizado sobre cómo se estaba manejando la pandemia, las manifestaciones de noviembre de 2020 fueron el vivo reflejo de la frustración y el rechazo a la clase política por parte de la población.

Movilizaciones masivas, clamor popular, represión política, daño a propiedad pública y privada; toda una serie de sucesos que ocurrieron en las últimas dos semanas de noviembre y que, al día de hoy, recordamos como si fuese ayer.  

No obstante, tal parece que las cosas no han cambiado luego de transcurrir un año.  

Si observamos a nuestro alrededor y analizamos, los problemas políticos, económicos y sociales que afronta nuestro país, nos daremos cuenta que finalizaremos el año 2021 quizás de la misma manera o peor que el año anterior. La clase política del país, nuevamente, aprobó un presupuesto para el siguiente año, mientras los avances en torno a salud, educación, seguridad y corrupción, aún brillan por su ausencia.

¿De qué sirvió tanto enojo, tanta rabia hacia los diputados al Congreso de la República, si seguimos en las mismas estructuras empobrecedoras y que nos atan al subdesarrollo?

Y ojo, con esto no estoy deslegitimando las manifestaciones del año pasado; peor aún negando lo que a corto plazo generaron, ya que gracias a ellas se logró obstaculizar el proceso de aprobación del presupuesto, el cual a todas luces era nocivo para la población. Se debe entender que la protesta social y las movilizaciones sociales son legítimas y preferibles en un sistema democrático, dado que son canalizadores de las demandas y opiniones de la población y de ciertos sectores que a veces se encuentran excluidos del poder político. Sin embargo, también hay que resaltar las limitaciones de la protesta, reconociendo que la misma no es suficiente para cambiar una nación y redirigir el destino de un país entero.

Entonces ¿Qué otro ingrediente se necesita para renovar políticamente a un país?

Además de protestar, salir a las calles o expresarse en redes sociales, se requiere accionar en otros frentes. Entre estos podemos mencionar las Organizaciones de la Sociedad civil, con su rol de incidencia en la cosa pública y de proponer políticas públicas e iniciativas de ley en favor de la población. Se tienen también a los tanques de pensamiento y universidades que, desde la academia y la investigación, deben ser el norte para que el tema económico y político del país sea bien encausado.

Por último, pero no menos importante, tenemos el ámbito político electoral.  Siempre he dicho que no sirve de nada el rasgarse las vestiduras y patalear frente a la corrupción y la ineficiencia estatal, si no incursionamos en la política y todo lo que esta conlleva. Es menester que los buenos guatemaltecos y los jóvenes  que sí tienen un genuino compromiso por cambiar las cosas, sean los líderes políticos del hoy y del mañana, lo cual solo se alcanza con una férrea participación electoral.

No cabe duda que estos últimos días de noviembre deben ser de reflexión, no solo por lo que sucedió hace un año, sino por lo que está por venir para Guatemala. Los meses pasan, los días se diluyen, mientras que problemáticas como la pobreza, la desnutrición, la inseguridad y la falta de empleo siguen carcomiendo a la sociedad guatemalteca.

Que este aniversario de la quema del congreso genere, más allá de los diversos sentimientos que pueda evocar, un verdadero deseo por accionar desde nuestra individualidad e incidir en el entorno en donde nos desarrollamos.

A todo esto, creo que la mejor pregunta que nos podemos hacer es: ¿Cómo quiero que Guatemala finalice el año 2022? Si tu respuesta es ver a una Guatemala con más oportunidades y encaminada hacia el desarrollo es fundamental actuar ya, desde nuestras habilidades y posibilidades. Puede que no cambiemos todo de la noche a la mañana, o que nos tome muchos años resolver problemáticas complejas, pero la idea es pensar a largo plazo y no quedarnos estáticos, o peor aún, seguir estancados como estamos ahora

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About the Author

Luis Javier Medina Chapas, joven defensor de las ideas de la libertad, la democracia y el Estado de derecho, estudiante de Ciencia Política con especialización en políticas públicas en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Guatemala

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