By Antonio Flores
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Antonio Flores/ Opinión/

Empecemos definiendo la palabra Algoritmo: lista ordenada de operaciones que tienen el propósito de buscar la solución a un problema. Bastante simple ¿no? Hay quienes saben de qué hablamos y otros que no habían escuchado la palabra anteriormente, sin embargo eso sería difícil de creer. Hace unos meses todos se escandalizaron por los cambios en la página de inicio de Facebook, Twitter o Instagram; todo a raíz de que los administradores de las redes decidieron implementar un nuevo algoritmo, el cual, daría prioridad a los temas sobre los cuales el usuario mostrara más interés. Pero a pesar de todo lo que se dijo, discutió, comentó y habló en las redes sociales, al día de hoy los algoritmos se encuentran trabajando y se ejecutan cada vez que uno de nosotros entra a cualquiera de las redes sociales, para ver solo aquellas cosas que, según el algoritmo, son de nuestro interés.

Pensemos bien y apliquemos esa misma lógica a nuestras rutinas y responsabilidades. ¿Somos entes algorítmicos?

Habitualmente nos enseñan que en todo Estado existen tres poderes u organismos: ejecutivo (presidente), legislativo (congreso) y judicial (jueces), los cuales velan por el bienestar del hombre y su protección. Edmund Burke describiría a la prensa como el cuarto poder en un Estado, debido a su influencia en la sociedad.  A la relación entre Estado y economía, se le consideraría luego el quinto poder. Sin embargo, el tiempo y espacio han cambiado demasiado desde que se acuñaron las definiciones de cada poder. La creación de una red mundial que pudiera acortar distancias para comunicarnos, allá por 1969 con ARPANET, hizo que todo cambiara. Ahora se considera que el internet, con su alcance superior al de los medios convencionales, constituye el nuevo quinto poder; y esto quiere decir que el internet, o mas específicamente las redes, juegan un papel importante en las sociedades.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Más de lo que suponemos o cada uno de nosotros podría creer. No es coincidencia que esta o cualquier otra columna escrita en esta revista digital llegue a la persona que lo está leyendo. Como no es casualidad que en este momento estés sentado frente a una pantalla accediendo a un link que te llamó la atención, puede que lo termines o puede que antes de terminar cierres esta ventana y pases a la siguiente opción que te ofrecen las redes sociales; y aun dentro de esas opciones, algunas serán dignas de tu tiempo y otras las pasarás por alto. Los algoritmos no solo aprenden lo que te gusta, qué te llama la atención, qué estas buscando y qué te apasiona, también aprenden sobre lo que no te gusta, lo que decides ignorar, todas aquellas cosas que no merecen que interactúes con ellas o te involucres. Es un arma de dos filos, sobre todo ahora que cualquier duda se responde con un click en el buscador.

Sin embargo, esto me hace pensar que no deberíamos “analizar” tanto las cosas que le gustan a la gente, lo que están buscando o lo que quiere encontrar, resulta mas alarmante las cosas que cada individuo escoge ignorar.

En nuestro actuar, hacemos listas de las posibilidades y desde ellas obramos para la consecución de un objetivo o un problema; de allí que cada uno siente afinidad por cierto equipo de fútbol, tipo de música, carrera universitaria, color u orientación sexual. Nos gusta sentirnos individuos únicos y especiales, con un propósito que trascienda nuestro entendimiento, ejemplos de autenticidad y plenitud. Sin embargo, se nos programa para creerlo, mas no para trabajar por ello. Escribo esto sentado en una banca y desde aquí puedo observar cómo nuestra generación es poco curiosa, nuestra ropa es igual, repetimos los patrones de conducta de nuestra edad, hablamos de los temas que un algoritmo puso como #TT o nos mostró al inicio de Facebook. No me malinterpreten, las redes demostraron su poder en 2015 cuando movieron la indignación ciudadana y convocaron a miles de nosotros a la plaza, pero también nos han llenado con vestidos negros o blancos, gatos que suben o bajan, vloggers, tests sobre qué Power Ranger serías y sobre todo fútbol, demasiado fútbol.

Eres un algoritmo ejecutándose, tus acciones en este momento están determinadas por las metas o fines que quieras alcanzar; tus opiniones se basan sobre todo en lo que las redes ponen frente a ti, las noticias con las que los medios nos saturan a diario, las ideas que se publicitan sin descanso. ¿Y qué haces con toda esa información que llega a tus manos? ¿La desechas o te informas? Y si te informas, ¿retienes la información contigo? ¿Eres capaz de cuestionar cada una de las palabras que escuchas o lees?

Hay cinco poderes que en este momento están dictaminando la dinámica social y todos actúan en la medida que se los permitimos. Y  sí, nosotros sentamos las pautas para las noticias que queremos saber, sobre lo que aprendemos y lo que ignoramos. Llegm ar a una conclusión podría tomar demasiado tiempo y no dejarnos satisfechos a todos, así que me permito hacerte dos últimas preguntas: ¿Qué buscas? ¿Qué ignoras?

[quote]”¿Quieres saber la verdad? Nadie te la dirá, cada uno te contara su versión. Así que, si quieres la verdad, búscala por ti mismo. Y mientras sigas buscando, serás peligroso para ellos.” – Julian Assange / The Fifth State[/quote]

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Vuelo bajito por la ciudad... contemplo y comparto lo contemplado. Creo en el amor, busco la verdad, luchó por la justicia y disfruto la amistad; eterno aprendiz, estudiante, amigo, hermano, bata blanca. Tratando de tranformar la eterna primavera.

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