Gabriela Carrera

Voy en mi carro o agarro la camioneta, saliendo de la U. Pongo un pie fuera del campus o de mi sede y me encuentro con Otto Pérez Molina, Sandra Torres, Manuel Baldizón, Eduardo Suger, Patricia de Arzú y con todos aquellos que van de candidatos a alcalde por mi municipalidad. Leo por todas partes palabras tan importantes como solidaridad, bondad, pueblo y revolución, cambio, Guatemala. Me digo: “Ojalá todo pase rápido, y mínimo tengan la decencia de quitar todo lo que pusieron”. Ese es un día común para cualquier estudiante de la Landívar en estos meses.
A veces parece que la política no tiene nada que ver con mi realidad inmediata, y que eso es sólo para los que estudiaron Ciencias Políticas o Derecho. Falso, porque entonces las canciones y las vallas sólo estarían matándonos a algunos y no sería una cacería publicitaria colectiva. Los candidatos, aunque no lo saben, tienen algo en común: van detrás de mi voto y del tuyo.

¡Alto! Eso significa que tengo que hacer decisiones que pueden afectar el futuro de mi país. Y creo que nos tenemos que hacer algunas preguntas válidas que han estado ya circulando en algunas discusiones de muchos entre nosotros. Sé que muchos piensan que el voto (un voto, es decir el mío) no vale nada, y que poco puede cambiar. Otros piensan en votar por alguien que no quieren porque simplemente está el riesgo de que otra u otro peor quede, cuestión de opinión. Algunos piensan que no hay que votar como acto de rebelión contra el sistema que no brinda soluciones reales y nos hace vivir una pantomima cada cuatro años, haciéndonos creer que tenemos poder de decisión. Muchos les responden que si no votan, no vayan a estar reclamando después. Y así…

Creo que estas opiniones son comprensibles y muchas veces válidas, tomando en cuenta la realidad que nos toca soportar. Pero también creo que no hay una única postura; lo que debe haber es una decisión ciudadana responsable y de acuerdo con lo que nosotros pensamos y creemos de verdad. No debemos dejarnos ir por lo que dice Vicente y a quien sigue toda la gente. Somos ciudadanos -que palabra más seria- porque desde los 18 años además de tener permiso para entrar a la disco, tenemos con el Estado de Guatemala una relación de derecho (es decir que podemos decir y decidir sobre asuntos públicos; por ejemplo, si queremos que cierren nuestra cuadra o si no queremos que entre en vigor ciertas leyes) y de obligación (o sea que tenemos que hacer cosas que no siempre nos gustan, como pagar impuestos o fumar en el “chesterpoint” del Campus Central, como le dice alguien).

Eso nos lleva a decir que tenemos que realizar varias cosas antes de tomar una decisión para las próximas elecciones. Paso 1: La información es poder, dice Mark Zuckerberg. Cuantas más herramientas, más datos, más indicadores, mientras más sepamos quiénes son los candidatos, quién les financia sus campañas, quién está en su equipo de trabajo y qué proponen, más podremos fundamentar nuestra elección. Paso 2: discutámoslo. El diálogo y la discusión permiten la reflexión y poner a prueba lo que creemos; quién sabe si el argumento de una amiga me cambia de parecer. Esto es ya un paso de gigante. Por último, no pensemos que esto empieza y termina en las elecciones; el espíritu de las elecciones es para mejorar el país, y eso no se hace sólo con poner una cruz sobre varias caras. Necesita mucha más acción. ¿Por qué no apostarle a un cambio en el que yo participe?

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