Julio Quijivix
Corresponsal

No se si alguna vez nos hemos preguntado cómo surge el “amor” entre parejas; empieza con una mirada, un “me gusta”, “qué chula esa chava” y luego va creciendo. La invito a un cafecito, platicamos un poco, y ¿Adivinen qué?. Descubrimos que tenemos mucho en común, compartimos el gusto por algún deporte, estudiamos en la misma universidad (la Landívar, ¿Por qué no?), y como dice el dicho, nadie puede amar lo que no conoce. Mientras más vamos conociendo a la persona, más la queremos, nos enamoramos y después de un tiempo, nos hacemos novios.

La relación lleva un año, y de repente, nuestra pareja nos comparte su decisión de ir a estudiar a España dos años. ¿Qué vamos a hacer? Tenemos dos opciones; decidimos terminar la relación, o nos conformaremos con hablar por Msn y video llamadas por un buen rato.

Es allí cuando el amor se pone a prueba. Porque, ¿Qué es el amor? Sino desear el mayor bien para la persona amada. Como dice la Biblia, “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 12-17). El amor es algo más que sólo palabras bonitas; debemos de demostrarlo. No basta jurase amor eterno, decir un “Te amo mi amor”; el amor es acción y no únicamente palabras.

Todo esto lo digo ahora que nos acercamos a la semana mayor, la SEMANA SANTA. Una Semana Santa donde conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, un amor que se hace vida, como el novio o novia que decidió esperar dos años a su pareja. Un amor verdadero, un amor que no se cansa, que no pasa de moda. Que no sólo dice las cosas, como un te amo, si no un amor palpable. Porque, ¿Cuál es la mayor muestra de amor, si no la cruz? Porque dime, ¿Quién alguna vez ha estado dispuesto a morir y sufrir por ti, cada pecado tuyo y llevarlo en carne propia para salvarte? Esto lo que nos dice el Evangelio, “Tanto amo Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en El no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Jn 3, 16)

Semana Santa es conmemorar al amor en persona, Cristo Jesús. La alegría de ser amados, y también nosotros corresponder a este amor infinito y perfecto de Dios. ¿Por qué? ¿Si tu esperarás a tu novio/a por dos años? ¿Cómo te gustaría que te recibiera esa persona? ¿Qué te gustaría que te diera? Al menos, un buen beso. Animémonos entonces a vivir esta Semana Santa diferente; una Semana Santa agradecida hacia aquel que siempre nos ha amado en secreto, aquel que nos ama y amó primero.

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