By Lizza Flores
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En momentos difíciles es complicado decidir por quién ver primero. Algunos piensan en su protección personal, sus beneficios, su seguridad; pero, hay otros que ven cómo estar para los demás, cómo ayudar a los demás, cómo buscar y lograr tanto el beneficio propio como el común. Sin dudarlo, podemos llegar a creer que estas personas son contadas con los dedos de una mano o que, en el mundo en que vivimos es una idea muy remota, debido a que probablemente no hayamos visto a una con un perfil como el que describo concretamente, pero podemos tenerla más cerca de lo que pensamos.

Basada en la crítica social, a quien piensa solo en ella como persona individual y única se le tacha de egoísta. Una palabra fuerte que puede lastimar, aunque no lo creamos posible. Esta es una actitud que a pesar de ser reprochable aparece tan natural como el ser humano. Todos en algún momento la hemos demostrado, consciente o inconscientemente, por lo mismo nos ha afectado a nosotros y a nuestro alrededor.

Esta actitud de la búsqueda de la propia conveniencia, es más fácil detectarla en los demás antes que en uno, pues es más difícil ejercer como juez propio. Es por ello por lo que, si no aparece un freno ante ella puede seguir creciendo a dimensiones en las que nublará por completo al prójimo.

El interés propio como ya lo he mencionado, es algo inevitable, ya sean en muchas o pocas cantidades. Esta actitud también puede aparecer como mecanismo de defensa que tiene como fin último, mantener el equilibrio interior.

Tomando la parte positiva del egoísmo, este puede: ayudar a buscar el lugar que nos merecemos ante un grupo de personas, dar el impulso a perseguir nuestra propia felicidad, obtener el éxito que siempre quisimos, entre otras cosas.

El problema puede aparecer cuando esas pequeñas dosis necesarias de egoísmo se salen de control y ese equilibrio que se busca se convierte en algo desproporcionado.

Algunas situaciones que pueden desencadenar o desatar las actitudes egoístas pueden ser cotidianas, a veces ni podemos percatarnos de ellas. Menciono algunas como: sentirse inferior a los demás ya que en estos casos el egoísmo motiva a una conducta protectora para cubrir las inseguridades que se desencadenan en el entorno; la influencia de las personas que están en la cotidianidad ya que puede aparecer como una conducta aprendida puesto que no hay que olvidar que todo lo que se ve y se escucha puede absorberse desde los primeros años de vida y finalmente, pero no menos importante, las expectativas que tiene la sociedad.

Quiero detenerme un poco más en esta, debido a los aconteceres que se desataron en nuestro país durante los recientes días. Generalmente se nos ha enseñado que obtener todo lo que deseamos es sinónimo de éxito y de bienestar. Lamentablemente, el querer todo nos conduce bajo esta actitud, que en situaciones de alarma, en lugar de ser positiva, nos lleva a comernos unos a los otros.

Y no literalmente hablando, ya que para lograrlo no necesitamos pegarnos mordiscos entre personas si no que el abarrotarnos de comida, tratar de acaparar todo lo que se pueda para mi único bienestar, actuar como informante a la ligera sin hechos que lo respalden o conducirse de manera irresponsable hace que la conveniencia propia aumente desmedidamente, lo que finalmente nos lleva al desequilibrio.

Estas personas quizás por temor actuaron sin pensar dejándose llevar por un egoísmo que ni siquiera sabían que tenían dentro, lo cual es entendible, debido a una situación en la que no tenemos el control y ha generado hasta paranoia, pero, por otro lado, hay personas que adrede lo hacen sin darse cuenta que poco a poco cavan un hoyo en el que solo ellos entran y cuando quieran salir, no tendrán a alguien al alcance para que los ayude a salir.

Tomando este vívido ejemplo, en momentos de incertidumbre y de acatar no solo para mi bienestar si no para un bienestar común, la exhortación clara es a ser más abierto y generoso, ya sé que no es tarea fácil, más si ya se llevaba un patrón de vida bajo esta actitud pero, si se tiene la valentía, se pueden romper todos estos esquemas y empezar a actuar diferente.

El paso más importante y el primero es reconocer que se necesita cambiar y el impulsor es estar dispuesto a hacerlo sin importar cuánto esfuerzo se requiera o cuánto tiempo pase. Acciones iniciales pueden ayudar como: compartir algo con aquellos que pasan necesidad, actuar responsablemente y otras muchas más acciones que se pueden encontrar le dan un peso relevante a salir de este hoyo al que se ha decidido ingresar.

Recordemos: pensar en el bienestar común me lleva a mí a estar bien.

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