By Brújula
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Jose-Alberto

José Alberto Barrera/ Corresponsal/ Opinión/

Este es mi primer trabajo a publicarse en un espacio de expresión masiva. Espero que el sentimiento que transmita con esta y las siguientes propuestas encuentre un espacio de comprensión, crítica y acción especialmente en los jóvenes.

Frente a los peligros que enfrentan nuestras sociedades interdependientes, es tiempo de acción, de participación, de no resignarse.

Es tiempo de democracia genuina (…)“.

Un par de semestres atrás me llamó mucho la atención la forma en la cual un catedrático se refería al concepto de a la democracia. Al principio lo tomé como una broma o como simplemente algo muy poético. En esa ocasión, el catedrático dijo en menos de quince segundos algo así como que la democracia era:

 

[box_light]-          Igualdad ante la ley-          Ética-          Transparencia-          Una filosofía, un estilo de vida

–          Libertad

–          Justicia

–          Responsabilidad

–          El gobierno del pueblo y para el pueblo

–          Sufragio universal

–          (La lista sigue pero no alcancé a copiarlo todo)

[/box_light]

Probablemente de las características anteriores una de las que más me llamó la atención fue la responsabilidad. Por el contexto en el que se desarrolló el tema más pareció ser que la responsabilidad, como hábito, es uno de los tantos significados de la democracia. Desde ese momento esa idea me empezó a resonar naturalmente y, poco a poco, fue más constante. La verdad es que el sentimiento que a partir de ello experimenté fue muy gratificante y satisfactorio. Me sentí comprometido.

No se trata de conocer todo lo que sucede diariamente en el Congreso, las decisiones del Presidente, las sentencias de los jueces o en general las actividades de las instituciones públicas. Pienso que solo se trata de evaluarse y evaluar la situación en la que nos ha tocado convivir(1) a todos. Por ahí me recuerdo que alguien dijo que la particularidad de los derechos humanos, que deben ser el objeto y la finalidad de la democracia, es que no se necesita de un abogado para conocerlos y exigirlos. Si hay niños y niñas que no comen y mueren por no comer, no necesitamos leer la Constitución, las leyes o libros de Derecho. Si existen personas que viven esclavizadas como parte de una gran industria que genera ganancias millonarias alrededor del mundo, tampoco. En este ensayo solo se encuentra una invitación directa y sincera, espero en futuras ocasiones abordar temas de fondo como los anteriores.

Por lo tanto, conocer los derechos humanos y exigirlos es algo muy sencillo si se parte del constante ejercicio de evaluación.

Como se mencionó en el párrafo anterior, esta evaluación inicia a nivel personal, teniendo muy presente que los hechos que ocurren diariamente en la sociedad en la que vivimos influyen, directa o indirectamente, en la vida de cada una de las personas que la conforman. Con el siguiente ejemplo se puede ilustrar muy bien esta dinámica de interrelación:

Somos más de un millón de vehículos”. Todos los días hay tráfico. Cuando estamos con más de una persona en un carro por lo general alguien sugiere una ruta alterna la cual afirma que “es más rápida” o que por ahí hay “menos tráfico”. La gran mayoría de rutas en la ciudad están interconectadas entre sí por lo que es un poco ingenuo pensar que existen caminos libres de tráfico, tarde o temprano nos toparemos con la gran fila de carros. Todos estamos inmersos en la misma realidad: “somos más de un millón de vehículos”.

Esto quiere decir que si una persona conduce su vehículo de forma imprudente o agresiva probablemente unos cuantos van a ser afectados de forma directa, pero las consecuencias de un choque o de una disputa entre dos conductores evidentemente afecta a un número significativo de usuarios de las vías públicas.

Conclusión: La gran cantidad de vehículos es una situación que nos afecta a todos los usuarios (probablemente más de un millón de personas), por el hecho de estar conectados, de una u otra forma, con la misma necesidad y en la misma realidad. No se puede atribuir este problema a una persona o a una ruta específica. Si somos muchas personas que buscamos el mismo resultado deberíamos confiarnos el compromiso de exigir que el mismo se dé (en lugar de reprochar su inexistencia a la persona que no nos cedió el lugar, por ejemplo).

Suena muy fácil, probablemente muy idealista.

¿Y qué? Debemos tener esa energía interna que nos mueve a participar y hacer algo altruista por lo cual nos sintamos satisfechos, un sentimiento muy parecido al de regresar de hacer un voluntariado por simple gana. Esta vez a quienes estamos ayudando es a nosotros mismos. De hecho yo creo que es fácil y cuando de verdad estamos empoderados del compromiso los espacios de incidencia y participación simplemente aparecen.

Como conclusión, hay una frase que les comparto con un fuerte deseo de que les quede por un buen rato:

A los jóvenes, les digo: miren a su alrededor, encontrarán los hechos que justifiquen su indignación. Encontrarán situaciones concretas que los llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte.

Busquen y encontrarán”.

Animémonos y encontremos a las muchas personas que también están comprometidas como nosotros, somos más de los que creemos. Al final de cuentas, parece ser que la democracia está en nuestros hábitos cotidianos.

Recomendación final: Union Town de TheNightwatchman (muy buena letra, escúchenla).

(Este ensayo es un agradecimiento a StéphaneHessel que recientemente nos dejó una joya de libro -al que seguramente me voy a seguir refiriendo en futuras ocasiones- como un legado a nosotros los jóvenes).


  1. Vivir en compañía de otros.

Fotografía: Paola Cifuentes

 

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