By Karen Letran
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En este mes, en el que celebramos la tolerancia y la cero discriminación, resulta oportuno recordar la importancia que tiene el consentimiento social, histórico y la práctica de valores que permitan empatizar con los demás, para hacer realidad lo que proclamamos y lamentablemente dejamos solo en palabras… celebrar y convivir en armonía, con todas las características que nos hacen diversos cultural, moral, ideológica y físicamente; para alcanzar una igualdad positiva y permitir verdaderamente que todos y todas tengamos las mismas oportunidades de desarrollarnos y vivir dignamente, realzando nuestras diferencias y no hacer que estas se acoplen a un mismo sistema social y de vida.

Mucho se ha discutido ya sobre la aceptación de lo que es distinto a nosotros o que lo que pensamos no pertenece a nuestro círculo y ambiente social. La historia ha sido testigo de las distintas luchas y acontecimientos que exigen mismas oportunidades para todas las personas que conformamos un Estado, nación, sociedad o grupo que se rige y convive bajo un mismo orden, no solo jurídico sino también social.

Eventos relevantes y conocidos por todos, como la Revolución Francesa, que por medio de sus ideales (Libertad, Fraternidad e Igualdad), los diferentes estados o grupos sociales franceses lucharon por un reconocimiento formal, literal y legal, con las mismas oportunidades, sin importar condición de vida o clase social. Posteriormente, demás naciones y sociedades, inspiradas y motivadas por este mismo suceso, lucharon de igual forma para dar vida y vigencia al término “igualdad”, en sus sistemas y leyes. Las independencias en el continente americano, de las distintas colonias europeas exigiendo un mismo trato, disponibilidad de oportunidades y libertad para desarrollarse como colonias y Estados independientes americanos, son un ejemplo del largo recorrido por el que este concepto liberal de igualdad ha pasado.

Todo este contexto histórico, ha motivado a plasmar y reconocer este concepto como derecho humano e inherente a todos y a todas, garantizando una igualdad ante la ley y con ello, un mismo reconocimiento de demás derechos humanos.

En las distintas constituciones, como es el caso de Guatemala en su Artículo 4 y en Tratados Internacionales, tales como la misma Convención Americana (Pacto de San José de Costa Rica) en su Artículo 24, que forma una alianza y sistema de respeto y reconocimiento de igualdad jurídica entre y en distintos Estados partes, incluido también Guatemala, se puede ver reflejado y ejemplificado dicho reconocimiento. Al mismo tiempo, ha motivado a analizar de una forma más profunda y fáctica este concepto que engloba el derecho a la igualdad y la no discriminación, llegando a concebir una idea más positiva y social de lo que implica convivir entre diferencias.

La misma Corte Interamericana de los Derechos Humanos por medio de sus sentencias, al igual que demás estudiosos y profesionales del Derecho, han reconocido la necesidad que existe de ampliar los medios por los cuales se puede hacer realidad una convivencia igualitaria y de cero discriminación, pues si bien sabemos, la sociedad se mantiene en constante evolución y esta trae consigo dificultades, debido al proceso de adaptación ante las nuevas necesidades que esta misma evolución demanda. Por lo tanto, estas dificultades son capaces de convertirse en desigualdades, ya que no todos vivimos bajo las mismas condiciones o no estamos preparados de la misma forma para enfrentar dichos cambios. Se puede percibir entonces una diferencia entre la forma en que cada persona va enfrentando su realidad y de qué manera aprovecha las oportunidades que vimos ya, la ley garantiza. Surge de esta forma la necesidad de ampliar nuestras perspectivas y buscar hacer acciones positivas, que busquen una igualdad material o real que realce, identifique, valore y distinga las diferentes características de los grupos no escuchados o minoritarios, dándoles los medios necesarios para alcanzar a desenvolverse de la misma forma que los demás miembros de la sociedad.

Buscar una igualdad positiva; se trata de celebrar lo que nos hace diferentes, para que denunciemos las necesidades y los medios que nos hacen falta para desenvolvernos con facilidad, seguridad y sobre todo… con dignidad. Diferenciarnos unos de los otros no es una acción negativa, si nosotros no le damos esa intensión, más bien es una forma de adaptarse mejor a la realidad y a una verdadera igualdad y convivencia armoniosa en donde todos somos incluidos, escuchados y cero discriminados.

Todo está en hacer que todos nos adaptemos a las diferencias y no que estas se adapten a nosotros

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