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Actualmente vivimos en una época donde nos encontramos saturados de
información, comunicación y publicidad debido a la inmediatez que las nuevas
tecnologías han permitido penetrar en nuestro diario vivir. Se podría decir que
vivimos en una sociedad digital, conectada y controlada; por más conspiranoico
que parezca decir que somos “controlados” es un hecho que la comunicación de
masas es altamente persuasiva, contiene un poder y una responsabilidad inmensa
ante la sociedad.
El tiempo invertido estudiando y aplicando la teoría en temas comunicativos, definí
la información como una necesidad pública. Esto lo podría argumentar con la
típica frase de “si no esta en Google, no existe” o también se puede traducir de
una forma aún más anticuada, cuando solo se utilizaba la imprenta, que sería “la
información era muy limitada, privilegiada y selectiva por lo que pocos sabían en
qué mundo vivían”. Con esto último quiero darme a entender de la siguiente
manera, y es que, la información, nuestro conocimiento, comportamiento social
como psicológico son los elementos que complementan la comunicación, y al
mismo tiempo, dicha comunicación es la que determina los patrones de
comportamiento, porque vemos que dentro de la comunicación existe cierta
persuasión dentro de una sociedad.
La ética y la comunicación es un concepto que a juicio propio no se platica o
expone, más bien, es algo nuevo que las personas. Pero retomando la idea
principal del tema, la ética y la comunicación son elementos que se complementan
entre si lo cual es muy importante y debe de ser aplicado en todos los ámbitos de
la comunicación. La pregunta es ¿Por qué?, se explica de manera sencilla,
comunicadores/comunicólogos, periodistas, publicistas, community manager,
creador de contenido entre muchas otras ramas, se dedican a una labor social, de
brindar cierta cultura, contexto y determinar ciertos valores dentro de una sociedad
por medio de su trabajo, de vez en cuando utilizando la persuasión. Por lo que, no
saber que es ético o aceptado bajo las normas sociales podría perjudicar el trabajo
del comunicador, así acabando con la credibilidad para quien trabaja o la propia,
en otros casos más extremos podríamos ver un caos social.

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