By Gustavo Jerez
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En mi anterior columna hablé sobre la teoría liberal y como continuación de una serie de columnas sobre ideologías políticas, hoy vengo a ofrecer una breve explicación sobre qué es conservadurismo político. Como se mencionó con anterioridad, las discusiones ideológicas suelen estar plagadas de errores conceptuales que contaminan el debate y de alguna forma, lo hacen estéril. El conservadurismo es una de las ideologías más influyentes de nuestros tiempos y ha sido así por más de 200 años de historia política. Lo oportuno para una persona que tiene interés en la política, es comprender cómo las ideologías influyen en los programas políticos de los partidos y consecuentemente, cómo estos hacen gobierno a partir de ideas definidas.

El pensamiento conservador nace en Europa, como una respuesta a las revoluciones liberales que demandaban sistemas republicanos; los conservadores defendían el sistema monárquico y su institucionalidad, mientras que los liberales apostaban por el derrocamiento de la corona para la instauración de un sistema representativo. Sin embargo, el conservadurismo ha seguido su proceso dialéctico para llegar a ser lo que hoy puede denominarse “conservadurismo contemporáneo”, que a pesar de guardar ciertas similitudes en su lógica, ahora responde a otras circunstancias políticas. Ahora bien, es importante reconocer la naturaleza del conservadurismo como un posicionamiento, más que como una ideología, puesto que este depende de unos valores, contexto y tradición, para tener sentido.

Pero vale la pena preguntar ¿Qué es lo que defiende el pensamiento conservador? ¿Qué valores y qué instituciones busca proteger? ¿Cómo pretende administrar el poder y ordenar la sociedad?, y en términos generales ¿Qué es el conservadurismo? Aunque las respuestas no sean sencillas de responder, ya que como se dijo anteriormente, este sistema de pensamiento depende en gran medida del contexto en que se ubica, sí es posible comprender el posicionamiento conservador desde sus bases teóricas y reconocer su aplicación en la vida política.

Si quisiéramos personificar a un conservador, hablaríamos de una persona que confía en las costumbres y se encuentra satisfecho con el estado actual de la vida en sociedad; que además cree en la jerarquía social, porque considera que una autoridad fuerte es necesaria para preservar el orden y la estabilidad. Se podría describir como un individuo que valora la tradición y rechaza los grandes cambios; no deja de creer en el progreso, pero sí se opone a cualquier proceso que pueda amenazar la supervivencia del sistema actual. Seguramente religioso y con visiones de la vida, transmitidas generacionalmente. En síntesis, un individuo que antepone la tradición y se resiste a los grandes abruptos.

Sin embargo, todas estas características que definen el pensamiento conservador dependen del contexto en donde se ubiquen, y por tanto es trascendental comprender ¿Qué valores y qué instituciones se desean conservar? ¿Cuáles son las tradiciones que se busca proteger? Y sobre todo ¿Cuál es el sistema que debe mantenerse? Todas estas respuestas cambiarán según el sistema político donde las situemos.

En los sistemas anglosajones existe cierto consenso y consistencia en el pensamiento conservador, dadas las similitudes históricas y culturales; sean los republicans en Estados Unidos, el Liberal Party en Australia o los tories en el Reino Unido. El conservadurismo tiene una lógica compartida en estos países con sistemas similares.

Por otro lado, hablar de conservadurismo en América Latina es un tanto más complejo, dada la inconsistencia en su práctica política y en las condiciones sui generis de nuestra región. El pensamiento conservador en Latinoamérica ha sido dominante en la mayor parte de la historia política, con algunas excepciones que han venido de movimientos populistas de izquierda.

El fenómeno del “péndulo latinoamericano” ilustra de forma sencilla la configuración de fuerzas políticas en la región, no obstante, pareciera ser un péndulo de oscilación alterado por una fuerza que lo mantiene en el polo conservador, por mucho más tiempo que en el contrario.

Como toda visión política, el conservadurismo también ha sido vehículo para la diseminación y ejecución de ideas peligrosas. Ideas fascistas, xenofóbicas, LGTBIfóbicas, racistas y de otras índoles, han cobrado fuerza dentro de grupos conservadores que se han radicalizado y representan una amenaza para los Derechos Humanos y el orden democrático. A pesar que la democracia vive de la pluralidad de ideas, existen expresiones que no deben ser toleradas, y muchas de estas se han enraizado en grupos políticos conservadores.

Por último, considero necesario concluir esta explicación con la exposición de una idea que es clave para la compresión de la historia política; y es que es importante fijarse en la tensión dicotómica que siempre ha permeado el debate político: la tradición o el progreso. Esta contraposición de visiones es el origen de la separación entre aquellos que desean preservar el statu quo y aquellos que apuestan por cambios sustanciales en el sistema. Es fundamental reconocer que esta tensión ha sido el motor del desarrollo político por siglos y por lo tanto, comprender qué es conservadurismo y sobre qué se fundamenta, es trascendental para analizar la realidad política y la historia misma. En mi próxima publicación, explicaré el polo contrario de este espectro, con la intención de ampliar el panorama de las ideologías políticas.

 

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