By Brújula
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Suicidio 5

Magda García von Hoegen / Instituto de Estudios Humanísticos/ Universidad Rafael Landívar/

En el recorrido por las miradas de las y los jóvenes en Tactic, Alta Verapaz, saltó a la vista un fenómeno que parece recurrente en varios departamentos del país: la pérdida del sentido de la vida.

En un período de tres meses en el que les he visitado, pude constatar al menos dos casos de jóvenes que han intentado suicidarse.  Estos hechos vinieron a mí por casualidad. La primera vez, porque hice una historia de vida, en la cual una chica me describía una intensa desesperación por la situación familiar, la falta de percepción de afecto por parte de su madre especialmente, la carencia de diálogo con las personas que convive.

Ella relató que su hermana también intentó quitarse la vida y que ambas decidieron hacer un juramento en dos aspectos primordiales: velar una por la otra para que ninguna de las dos volviera a intentar suicidarse y también velar porque ninguna de las dos cayera en adicción a drogas o alcohol. Esta importante promesa entre hermanas ha funcionado hasta el momento. Incluso, con humor, se han prometido mutuamente que si una de las dos recae, la otra le recordará con un “manotazo” por dónde volver al camino.

En la segunda ocasión, encontré a una chica con un cabestrillo. Al preguntarle sobre lo sucedido, me respondió que “la vena se le había reventado” y al indagar sobre la causa, dijo que “eran travesuras”.

En los dos casos, el término “travesura” fue usado para describir el intento de suicidio.

He tenido presente una interrogante todos estos días. ¿Qué es lo que realmente lleva a una persona que ronda los 16 años de edad a tal grado de desesperación para intentar provocarse una muerte dolorosa? ¿Qué produce este gran contrasentido cuando se está en una edad generalmente cargada de gran energía vital, sueños, metas, rebeldía, deseos de ser diferente?

Una respuesta simple podría llevar a pensar que es esta misma rebeldía la que impulsa tales acciones, lo cual llevaría a estigmatizar a las y los jóvenes como seres irresponsables que no tienen consciencia y hacen esto para demostrar que están contra sus padres. Pero, cabe preguntarse si esto llevaría a cometer tal acción, sobre todo cuando se reincide y cuando se sabe que implica un intenso dolor físico y emocional.

Hay más interrogantes  aún, cuando esto no es un caso aislado, sino que se repite en varias personas. Los dos casos que yo conocí, son mujeres. He sabido también que este fenómeno se da en Jutiapa. Según la información recabada, en este departamento hay jóvenes que han tomado la pastilla que se le pone al maíz para evitar que se contamine con hongos. Le han denominado “la pastilla del amor” porque en varios casos, se han suicidado aparentemente por conflictos de pareja.

Nuevamente hay muchas interrogantes. Evidentemente, este no es un fenómeno individual, es un asunto colectivo que no se está dando solo en un departamento, sino en regiones con diversas características en el país.

¿Qué puede llevar a una persona joven a tomar esta pastilla que produce una muerte seguramente muy dolorosa?

¿Qué está ocasionando que las y los jóvenes pierdan el sentido de la vida en un momento donde según la lógica debería estar en su mayor efervescencia?

¿Existen factores heredados  en lo histórico, social, cultural y económico, donde podríamos encontrar las verdaderas causas de tales acciones?

¿Esta pérdida de sentido de vida en las y los jóvenes, es un signo de los puentes de diálogo rotos en nuestras sociedades, herencia del miedo, la desconfianza, fruto de nuestra incapacidad para reconstruirnos?

Esta es una gran llamada de alarma, nuestra sociedad pide a gritos que salgan a luz los  motivos para estar vivos, vivas, individual y colectivamente.

Es posible que una de las principales respuestas esté encerrada en el juramento que las hermanas de Tactic se han profesado mutuamente: construcción de redes de apoyo, entendimiento, confianza, reciprocidad, diálogo y compromiso. Superar esa cultura de la ceguera, dejar de pretender que las cosas no suceden.

 

Imagen: www.deviantart.com – JeanSplashDesigns

 

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