reflejo

Eduardo Cordón /Movimiento Cívico Nacional/

En los artículos anteriores reflexionamos sobre la hipocresía de la sociedad y lo difícil que es para un ciudadano bien intencionado ganar credibilidad política legítima y constante.  También recorrimos cómo los guatemaltecos nos hemos procurado un excelente número de espacios de participación ciudadana que, desgraciadamente, no hemos sabido utilizar o aprovechar. Y como todo lo que no se usa se pierde o se arruina, es exactamente lo que nos ha pasado.

Como mínimo una vez a la semana florece en algún diario escrito del país la noticia de corrupción, desfalco, mala calidad de obra y otras desvergüenzas de las autoridades. Pero pregúntese, ¿son ellos los únicos que se prestan a la corrupción, desfalcos y venta de productos de mala calidad? O es que usted se excusa en el “soy pobre” y se repite mil y una veces “debo estirar los quetzales lo más que se pueda, por eso compro pirata”. Probablemente, este sea el tema más profundo y molesto que tengamos los guatemaltecos: para nuestros adentros todos hacemos lo que tenemos que hacer para alcanzar lo que queremos.

Desgraciadamente, en muchos casos eso demuestra que cruzar límites ético-morales es solo parte del “trabajo” para poder llevar comida, techo y otros recursos a nuestras familias.

¿No hacen lo mismo las autoridades? Por supuesto que sí y su facilidad es que tienen todos los millones de quetzales provenientes de tasas, multas, moras, impuestos y los jugosos préstamos, donaciones y otras ayudas.  Hemos visto pasar alcaldes, diputados, presidentes, ministros, empleados públicos, gobernadores y demás maquinaria estatal y la situación del país simplemente ha empeorado. El problema no es que roben, es que se lo roban TODO. ¿Se da cuenta cómo el significado de robar se encuentra intrínseco en el entendimiento de lo público? Ya no se busca la probidad al cien por ciento. Se acepta probidad a partir de un porcentaje igual o mayor a cincuenta, de modo que el funcionario se lleva su tajada y le deja el resto a la sociedad. Aún cuando servir a la sociedad es también un trabajo, aquí ese trabajo convierte a los ciudadanos en empleados del funcionario. De allí que en nuestro país asumir cualquier puesto público es manchar honor, orgullo, probidad y demás.

¿Dónde entra la participación ciudadana entre esta sopa de intereses y voluntades? En la teoría republicana de gobierno, la participación ciudadana es la base y esencia del sistema estatal. Por supuesto, la participación tiene tres ángulos. El primero entendido como participación política electoral y es el acto mismo de postularse a un cargo público, ejercer el voto, expresar posición respecto a una situación y opinión respecto a un tema. El segundo ángulo es representar a los ciudadanos, trabajar con ellos para la mejora de la cosa pública y defender a la sociedad de los males externos e internos. Por último, el tercero se refiere a la organización ciudadana autónoma e independiente para controlar, fiscalizar, conocer y proponer sobre la gestión pública, así como para cribar y sancionar a los malos funcionarios, honrando y felicitando a los buenos.

Un rápido examen de la sociedad nos dice que no somos así.

¿Cuándo fue la última vez que la Sociedad Civil felicitó a un diputado probo, honrado y que ejerció su trabajo a cabalidad? Muy lentamente ha venido cambiando eso pero todavía es una cultura ciudadana que se dedica a ver lo malo, agobiada por todo lo que no se ha resuelto y que invisibiliza aquello que es bueno. Ninguna institución, por muy desarrollada que se encuentre ni madura que sea puede soportar el peso de tanta crítica por actuar o no actuar durante tanto tiempo. Por lo que no debe sorprendernos que la institucionalidad del país ronde los suelos.

Querer un país mejor no es suficiente; si todos y cada uno de nosotros hiciéramos la parte que nos corresponde, ya habríamos logrado mucho. De modo que para ser un ciudadano activo y participativo no basta donar tiempo al partido con más posibilidades de ganar, con la intención de recibir algo a cambio. Por el contrario, hay que buscar un grupo partidario que coincida con su pensamiento y actuaciones de vida, con el cual sienta una conexión que le permita invitar a más personas a participar.

Lo único que debe hacer es escoger bien al momento de otorgar su tiempo porque de lo contrario, solo lo perderá. Y si no existe, organícelo. Probablemente, muchos otros guatemaltecos se sienten igual que usted.

 

Fotografía: www.mitalk.umich.edu


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