Batman

José Mariano Díaz/ Opinión/

“El deporte más lindo del mundo” lo llaman algunos y me incluyo entre ellos. Aquel que congrega a miles cada fin de semana en una fiesta sana, para ver nacer leyendas, ver victorias en las batallas más reñidas y observar sueños realizarse. Qué hermoso si fuera así siempre; lamentablemente, hay momentos en los que el fútbol se ve opacado, porque nunca falta alguien que desee arruinar algo hermoso. Quizás por envidia, resentimiento, llamar la atención o simplemente por tener malas intenciones.

El racismo, la rivalidad extrema y la corrupción son los actos que opacan al fútbol.

Quizás muchas veces suceden las cosas y las dejamos pasar como si nada, por lo que considero importante ponerlas nuevamente sobre la mesa. Entre lo más reciente, referente al racismo, podemos encontrar aquella vez que en medio de un partido le lanzaron un banano a Dani Alves, con la connotación racista de asimilar al jugador con un mono. Este hecho tuvo una gran relevancia mediática, no solo por el suceso en sí, sino por la reacción tomada por el brasileño, tomar la banana, comerla y continuar con el juego. Así como este, hay una infinidad de casos como los cánticos racistas o los insultos de Luis Suárez a Evra.

Si vamos al lado de la rivalidad extrema, recordemos el lamentable caso del aficionado de Comunicaciones que fue asesinado por miembros de la barra brava contraria, luego de un clásico entre Rojos y Cremas. Es lamentable el confundir rivalidad con violencia. La violencia adentro o afuera de los estadios, opaca las cualidades de un deporte cuyo objetivo principal debería ser la unidad y brindar alegría a la gente que lo disfruta.

En cuanto a corrupción, quizás lo que lamento más es que los mismos protagonistas y dirigentes (no me refiero a todos, sino a un grupo selecto), quienes serían los encargados de verificar que todo se haga bien, son quienes están empañando a este deporte. Existen varios señalamientos hacia la transparencia de las acciones del máximo rector de la FIFA; una de las más sonadas, es la elección de la sede mundialista del 2022, Qatar. En este escándalo, el cual se presume consistió de varios sobornos para nombrar dicha sede, se menciona el nombre de altos comisionados de la institución y entre los involucrados se menciona al guatemalteco Rafael Salguero.

La corrupción también se constata con los amaños de partidos. Todos conocemos los nombres “Guillermo Pando Ramírez”, “Gustavo Cabrera”, “Yony Flores”, por su protagonismo en los medios de comunicación tras su suspensión de por vida por arreglo de partidos. Estos personajes de varias maneras empañaron el deporte, pero gracias a la pronta respuesta de la federación se logró resolver, lo cual le valió una nominación al FIFA Fair Play 2012. Pero no solo son jugadores y comisionados, también árbitros comprados por parte de casas de apuestas en Asia, donde se menciona una serie de amistosos en los que se encuentra el polémico “Guatemala vs. Sudáfrica”. Es una red que trata de hacer negocios sucios con algo bueno, personalmente lo llamo “el lado oscuro del fútbol”. Se requiere de decisiones y decisores inteligentes para poner un alto a esto.

Como mencioné antes, cada encuentro es una fiesta y ahora en 2014, estamos de frente a la fiesta más grande de todas, una que dura un mes y se celebra cada cuatro años, el mundial de fútbol. Lo interesante son los antecedentes que tenemos, tan solo en este año. Contextualizando esta copa del mundo, nos encontramos en Latinoamérica, específicamente en Brasil, un país que si bien promete mucho para su futuro, quiere dar una imagen de algo que no es. Los dirigentes de este país ante la novedad y también una presión adquirida ante la llegada de un evento de tal calibre (porque si hablamos de convocatoria y mediatización, no hay acontecimiento que se le compare, ni siquiera el Superbowl, ni las Olimpiadas), han querido implementar una idea, algo que yo personalmente -basándome en lo que he leído y he percibido- llamaría “fútbol para el desarrollo”.

Pero, ¿desarrollo para quién? He allí la incógnita, porque los indigentes en Brasil no van a ganar dinero porque se celebre un evento así, no tienen un restaurante ni un hotel al que lleguen extranjeros a dejar su dinero, tal vez los que sí tengan oportunidades cambien, aunque quizás me estoy desviando del punto. En cierto modo, las autoridades de Brasil quieren dar una imagen muy alejada de la realidad, pero creo que nadie se la cree. Nunca he estado en Brasil, pero sé que como en cualquier lugar del mundo, hay lugares bonitos como lugares no tan bonitos. Me he llegado a enterar de cosas (que si bien no sé si son del todo ciertas), podrían ser totalmente condenables, como una especie de “limpieza social” de vagabundos, que el gobierno gasta más en tratar de brindar esa imagen que en sus asuntos internos (educación, seguridad, transporte). Esto de alguna manera, quizás muy metafórica, opaca ese brillo que tiene el que yo considero el deporte más hermoso del mundo. Que quede claro, no me opongo al mundial de fútbol, es más ya no puedo esperar a que empiece. Solamente hago la reflexión para que así más allá de emocionarnos por los grandes duelos que se llevarán a cabo, conozcamos un poco el contexto que se vive afuera de los estadios.

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