By David Molina
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró en el año 2020 el brote de la enfermedad SARS-CoV-2 (COVID-19) como una emergencia de salud pública de importancia internacional y para el mes de marzo ya se había convertido en la gran pandemia que todos conocemos. Desde entonces instituciones, autoridades de salud pública y personas de todo el mundo han estado trabajando y uniendo fuerzas para contener el brote inicial originado en Wuhan, China.

Para el segundo semestre del año 2021, la pandemia continúa expandiéndose y aumentando sus cifras de forma alarmante. Según el reporte de situación epidemiológica publicado por la Organización Mundial de la Salud, los casos de COVID-19 han aumentado por al menos ocho semanas consecutivas, mientras que las muertes rondan las 65 mil personas por semana. Según el mismo informe, durante la primera semana de agosto se notificaron nuevamente más de 4 millones de casos a la Organización Mundial de la Salud, llegando a la escandalosa cifra de 211 millones de casos reportados a nivel mundial, esto sin tomar en cuenta todos aquellos que no se reportan por diferentes motivos al sistema sanitario.

 

En Guatemala, la situación parece ser igual de alarmante, según datos compartidos por el Ministerio de Salud durante el mes de agosto, se ha llegado a superar la cifra de 4,500 casos positivos diarios, con 34% de positividad en todas las pruebas realizadas. En contraste, las últimas actualizaciones de ocupación hospitalaria demuestran la situación crítica por la que está atravesando el sistema de Salud en Guatemala, el cual no es capaz de responder a las necesidades que la pandemia demanda, ya que al menos 280 de sus municipios se encuentran bajo alerta roja, según criterios del semáforo epidemiológico.

El avance de la pandemia COVID-19 parece inminente, sus efectos en materia de salud pública cada vez son más abismales, pero también lo son en todos los demás ámbitos de la vida pública y privada, individual y colectiva. En efecto, esta realidad global pone en manifiesto la pregunta que todos los seres humanos nos estamos haciendo en este momento ¿Cuándo terminará la pandemia COVID-19?

 

¿Qué dicen los expertos?

La revista científica Nature se hizo la misma pregunta y se la hizo al menos a 100 científicos inmunólogos, virólogos y epidemiólogos que han venido estudiando a la pandemia producida por el virus SARS-CoV-2, desde hace ya un tiempo. Según los expertos encuestados, parece ser que hay un acontecimiento que puede marcar enormemente la respuesta de si podemos terminar o no con la pandemia COVID-19 y no es más que la posibilidad de alcanzar la inmunidad colectiva o de rebaño, gracias a la creación y masiva aplicación de vacunas alrededor del mundo.

A continuación analizamos sus respuestas:

 

90% de los científicos respondieron que es muy probable que el virus se vuelva endémico, lo que significa que el virus se quedará habitando ciertas regiones del mundo durante los próximos años, como ya lo han hecho otras enfermedades a través de la historia de la humanidad, como lo fue la influenza en su momento.

39% de los científicos ve posible que el virus se erradique en algunas regiones del mundo, muy probablemente esto ocurra en los lugares que alcancen los más altos niveles de cobertura y vacunación, lo que significa alcanzar una inmunidad colectiva capaz de cerrarle las puertas al virus y mantenerlo controlado.

Las opiniones de los expertos encuestados revelan una realidad muy preocupante para el mundo entero: Los países que no alcancen un adecuado nivel de cobertura y vacunación serán los más afectados por el virus y probablemente sea en esas regiones donde el virus se instale permanentemente, en gran medida gracias a determinantes sociales, económicos y culturales, a la inequidad en la distribución de vacunas, la corrupción y la falta de voluntad de las personas que toman decisiones en el mundo.

Vacunas e Inmunidad colectiva

La rápida elaboración de vacunas y el comienzo de su aplicación contra la COVID-19 alrededor del mundo nos ha permitido empezar a pensar en el principio del fin de la pandemia, sin embargo aún estamos lejos de alcanzar ese objetivo común, ya que para ello es preciso alcanzar la denominada inmunidad colectiva o de rebaño, lo que representa en términos prácticos inmunizar entre un 85-90% de la población en cada país del mundo con el fin de controlar el virus.

La inmunidad colectiva se define como la protección que recibe una población cuando un número considerable de personas ha desarrollado mecanismos de defensa contra el virus, lo que reduce la cantidad de virus que puede propagarse entre personas y su entorno, manteniendo de esta forma la enfermedad controlada y rompiendo la cadena de transmisión.

La inmunidad colectiva se alcanza mediante dos formas:   

Natural, lo que significa ser infectados por el virus y posteriormente adquirir inmunidad o mecanismos de defensa contra el mismo, producto de haber padecido la enfermedad. Esta forma de inmunidad representa un alto riesgo de complicaciones, arriesgando de forma innecesaria la vida de muchas personas.

Artificial, mediante vacunas las cuales enseñan a nuestro sistema inmunitario a crear proteínas, conocidas como anticuerpos, que combaten el virus, pero con la diferencia crucial de que las vacunas actúan sin enfermarnos y representan riesgos muy mínimos para la vida de las personas que reciben la dosis.

El objetivo de la inmunidad colectiva contra la COVID-19 es proteger a las personas  mediante vacunas y no arriesgar de forma innecesaria a la población como ocurre cuando se exponen al virus y a padecer consecuentemente la enfermedad. La inmunidad colectiva lograda mediante vacunas seguras y eficaces hace que la enfermedad por COVID-19 sea menos frecuente y menos grave, lo que permite que sea posible salvar la vida de millones de personas en todo el mundo.

Inmunidad colectiva en Guatemala

Para finales de la tercera semana de agosto, en Guatemala se han administrado aproximadamente un total de 3,790,899 dosis  de vacuna contra la COVID-19, de ellas 2,977,295 corresponden a primeras dosis y solo 813,604 personas cuentan con esquema de vacunación completo. Como se podría suponer los avances en la gestión, cobertura y vacunación no son suficientes para poder alcanzar la tan anhelada inmunidad colectiva, mucho menos soñar con en el final de la pandemia. Guatemala cuenta con menos de 10% de su población completamente vacunada lo cual  todavía esta muy lejos del 85% de cobertura que han propuesto los expertos para mantener la pandemia controlada.

 

El proceso de vacunación en Guatemala se ha caracterizado por ser excluyente, desorganizado e ineficiente, lo que evidencia la falta de compromiso, preparación y negligencia por parte de las autoridades encargadas de gestionar la pandemia COVID-19. Guatemala con uno de los peores manejos de la  pandemia en el mundo tiene como principal culpable a un Gobierno que únicamente se ha dedicado a velar por los intereses espurios de la partidocracia corrupta que desde hace ya varios años tiene hundido el país en un circulo interminable de pobreza y miseria, todo esto bajo el lema “Que Dios bendiga a Guatemala”.

Inequidad en el acceso y distribución de vacunas: Un determinante esencial para alcanzar la inmunidad colectiva, el fin de la pandemia y la salud global

Para el segundo semestre del año 2021, 10 países han administrado más del 75% de las vacunas disponibles en el mundo, mientras que los países de bajos ingresos han recibido poco más del 1%. La realidad es que muchos países no cuentan con vacunas suficientes para satisfacer las necesidades de su población. De forma más preocupante, tampoco cuentan con las dosis necesarias para vacunar completamente a su personal sanitario, las poblaciones de mayor edad y otras personas con mayor riesgo de enfermedad grave y muerte. Esta realidad contrasta con países que ya cuentan con hasta tres veces la cantidad de vacunas necesaria para inmunizar a toda su población

Actualmente el mundo cuenta con un suministro y una capacidad de producción limitada de vacunas, pero dar más vacunas para las personas que ya han sido vacunadas significa menos dosis disponibles para las personas que aun no lo han hecho, lo cual demuestra que lo que debió convertirse en una muestra de solidaridad global se ha convertido en una carrera incesante por obtener todas las vacunas disponibles sin importar la necesidad de millones de personas alrededor del mundo. El resultado previsible de esta falta de solidaridad global es la no vacunación de millones de personas dando oportunidad al virus de propagarse y evolucionar hacia variantes potencialmente peligrosas.

“La tragedia de esta pandemia es que ya podría estar controlada si las vacunas se hubieran distribuido de forma más equitativa. La distorsión en la fabricación y distribución de las vacunas ha puesto de manifiesto y ha amplificado las desigualdades punzantes que han manchado la historia de la humanidad” -Tedros Adhanom, Director General OMS

Los líderes políticos, corporativos y las compañías fabricantes de vacunas deben tomar una decisión frente a la pandemia y la distribución equitativa de vacunas, de lo contrario están dispuestas a cargar con la responsabilidad y correr el riesgo de que aparezcan nuevas variantes del coronavirus a nivel mundial y oleadas innecesarias de muerte, pérdida de puestos de trabajo,  inseguridad y guerras en todas partes del mundo.

 

Nuevas variantes, cepas y linajes del virus

Naturalmente todos los microorganismos tienen la capacidad de mutar o cambiar de forma. Esto no lo hacen con la intención de volverse más peligrosos para el ser humano, simplemente estos cambios son el resultado de millones de microorganismos en continua multiplicación y crecimiento. La mayoría de las veces estos hacen que el virus se vuelva menos eficiente y desaparezca, pero en algunos casos permiten que el virus sobreviva dotándolos de nuevas e interesantes características. 

La lenta aplicación de vacunas permite que el virus se siga expandiendo y desarrollando como ocurrió con la variante Delta del Coronavirus proveniente de la India, que actualmente representa una gran preocupación para el mundo y la comunidad internacional, ya que es al menos dos veces más infecto-contagiosa y posee aproximadamente mil veces más carga viral que la variante originalproveniente de Wuhan,China, lo cual explicaría en gran medida el aumento de casos confirmados y defunciones a nivel global en los últimos dos meses.

“La variante Delta es peligrosa, es la más transmisible que se conoce, pero no será la última, habrá más. Los virus se hacen más fuertes cuando van circulando más y se hacen más transmisibles, así funcionan los virus” -Maria Van Kerkhove, OMS COVID-19 Technical Lead

 

Conciencia social, medidas de bioseguridad y confinamiento

La pandemia provocada por la COVID-19 se puede considerar como uno de los acontecimientos más importantes en la historia reciente de la humanidad ya que está amenazando a toda la población del planeta  y que además de ello, está siendo impulsada y potenciada por las mismas actividades del ser humano. 

Uno de los aspectos clave de la pandemia COVID-19 es entender que dependemos unos de otros para salvarnos y que nadie está a salvo hasta que todos lo estemos. Es decir, que toda medida higiénica, de bioseguridad o prevención no tiene sentido si las personas no las aplican con determinación y por lo tanto cualquier esfuerzo colectivo resulta inútil por el nivel de responsabilidad individual que representa en cuanto a la transmisión y control del virus.

Por otra parte, es resposabilidad de los gobienos la correcta administracion y gestión de la pandemia, en torno a ellos giran todas directrices para disminuir la exposición comunitaria al virus en sus territorios, En ese sentido muchos países y regiones han llegando a establecer cuarentenas obligatorias a través del tiempo con el fin de reducir la propagación del virus y sus variantes.

 

Entonces ¿cuándo termina la pandemia?

El camino del virus SARS-CoV-2 en el mundo todavía es largo e incierto, de momento  es muy difícil predecir cuándo será el fin de la pandemia o si verdaderamente tendrá alguno, lo que sí podemos afirmar es que la sociedad tiene cierto control sobre ella y la evidencia científica muestra que las medidas de salud que ya conocemos: vacunas, medidas de bioseguridad, pruebas, rastreo epidemiológico sumado, a una mayor y más sincera conciencia social nos protegen de todas las variantes de la covid-19, de enfermar gravemente y principalmente de la muerte. Por lo tanto, una respuesta lógica a la pregunta ‘’¿cuándo termina la pandemia?’’, sería en propias palabras del Director General de la Organización Mundial de la Salud: “cuando nosotros los seres humanos lo decidamos”.

En el sentido de poder controlar la pandemia lo antes posible, la OMS insta a la vacunación masiva contra el coronavirus e insiste en que el objetivo común debería ser vacunar al menos el 10% de la población de cada país para septiembre de 2021, al 40% para finales de este año y al 70% para mediados de 2022 y de esta forma empezar a pensar en poner fin a la lucha contra el virus; aunque algunos ya estiman que la pandemia no terminará en el año 2022.

Mientras tanto, países como Guatemala tienen la oportunidad de reducir la transmisión del virus con medidas de prevención y control, hasta que se hayan vacunado suficientes personas para lograr la inmunidad colectiva, lo que significa reducir drásticamente el número de casos y la gravedad de los mismos.

Si los gobiernos no se plantean abordar y gestionar la pandemia con determinación en base a medidas sanitarias más coherentes y estrictas, podemos asumir que los días más oscuros de la pandemia aún están por llegar…

About the Author

Estudiante de Medicina (Universidad de San Carlos de Guatemala) entre mis intereses se encuentra: la Salud Publica, Legislación sanitaria internacional, Epidemiologia y la coyuntura nacional e internacional en materia de Salud.

Comprometido con un nuevo modelo de salud que involucre la salud humana, sanidad animal y la preservación del medio ambiente que compartimos todos (One Health)

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