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Carlos Iván Cobos / Opinión /

El año pasado Guatemala fue nombrada como la Capital Iberoamericana de la cultura 2015; estas fueron las palabras de Francisco Saravia, Presidente del comité organizador del evento, “… Nuestro país ha sido elegido debido al desarrollo cultural que ha tenido la Ciudad de Guatemala en los ultimo años…” pero pregunto ¿será que hoy por hoy es la misma cultura de hace 20 años, enmarcando el concepto a lo que hoy conocemos como valores, modales, y sobre todo un desarrollo para cualquier parte del mundo?

La real academia española define a la cultura como el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social, o también como el conjunto de las manifestaciones en que se expresa en la vida tradicional de un pueblo.

Modos de vida y costumbres que hoy en día ya no son lo mismo, las historias de nuestros ancestros cuentan como desde una simple acción se puede hacer una gran diferencia que engrandecía a una persona, acciones que con el correr del tiempo y el crecimiento de la era tecnológica se han ido arraigando a prácticas tan sencillas.

Prácticas como ceder el lugar a una mujer, independientemente de la edad, y más aún cuando está embarazada o cuando lleva a su hijo en brazos; ahora es común ver en los buses urbanos como la mayoría de mujeres van de pie, mientras los “caballeros” van acomodados en sus asientos. Y no solo esas, también otras como las llanas acciones es saludar, ya sea con un apretón de manos acompañado de “buenos días” “buenas tardes” o “buenas noches”, el dar una sonrisa a quien pasa a nuestro lado, ayudar a una persona con dificultades para pasar al otro lado de la calle, en fin… Hoy en día todo es un capricho de inmadurez, todo se hace esperando algo a cambio, por interés o intercambiando favores.

Pareciera que cada vez es más difícil realizar esos actos que hace 30 años era lo más común de hacer y de esa manera se ganaba el prestigio.

Es triste ver que las personas lo ven como una gran faena, la época en que se vive está demasiada tensa, presionada y coaccionada ante las situaciones nefastas que imperan en nuestro país. No se trata simplemente de tener una máquina de tiempo y volver al pasado para que todo vuelva a ser igual, sería como quebrar una vajilla y que al repararla no quede ninguna grieta; como humanos, debemos utilizar todas las herramientas que nos rodean y utilizarlas para resucitar esos pequeños detalles que se han ido olvidado y así lograr que deje de existir gente inhumana.

La falta de estas costumbres ha envuelto no solo a un país, si no a un mundo entero en manifestaciones que solo divide a personas, construye muros entre el presente y el futuro de una persona, cierra puertas abiertas al éxito y crea poco liderazgo para enfrentarse a problemas.

Hace una semana cuando viajaba en el bus una señora lo abordó con su hijo en brazos, al subir notó que había un solo asiento vacío. Decidió sentar a su hijo e ir de pie en el recorrido. Junto a su hijo se encontraba un señor de la tercera edad y atrás de él estaba un joven de unos 30 años; fue el señor de la tercera edad quien decidió cederle su lugar a la señora para que pudiera ir junto a su hijo. Para mientras, el joven se quedó inerte, la situación le dio igual; las demás personas que íbamos parados observamos el acto del señor, un hombre que merece mis respetos y el de todos los que nos encontrábamos ahí.

Es con estos actos tan sencillos que pueden hacer un giro de  360°, ya sea a una persona, a un país o al mundo entero.

Muchas personas se amparan diciendo que la situación en la que hoy vivimos es una época insensible, deshumanizada y obscena, siendo resultado de la falta de cultura y preparación. En ocasiones nos comparan con otros países de Europa -que si bien es cierto tiene mejores costumbres-; no hace falta irse de este país solo porque andan mal las cosas, una persona puede volver culta a un país entero reviviendo esas pequeñas acciones y detalles de tiempos inmemorables. Por eso este año, siendo la capital iberoamericana de la cultura, debemos demostrar nuestra cultura y no solo hacerlo con actividades de recreación sino con actitudes de modales sin ver sobre el hombro a las demás personas, hay que verlas a 45°. Ese es nuestro destino y ese es el cambio que necesitamos, jóvenes comprometidos con el liderazgo y el emprendimiento para que seamos una Guatemala renovada pero con modales de antaño.

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