By Alanon
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Muchas de las palabras que escuché en mi primera reunión en Al-Anon no tenían sentido para mí. Me creía muy justa y buena, sentía ira. Ya había decidido que el mundo me había dado malas barajas. Escuché “liberación” pero no podía pensar en liberarme de la situación y mucho menos, en cómo lo haría. ¿Serenidad? No tenía ni la menor idea de lo que significaba esa palabra.

No escuché algo en esa reunión que me hiciera querer hacer volver a Al-Anon de inmediato. Tenía 19 años, esperaba mi segundo hijo, me preocupaba por las cuentas no pagadas hasta enfermarme. Necesitaba que alguien me amara de la manera que yo pensaba que debía ser amada. No veía motivos para iniciar un programa.

Entiendo ahora que era natural que me casara con un bebedor. Tenía tantas relaciones no resueltas con bebedores en mi vida. Sentía que necesitaba uno propio para controlarla.

Me casé y tuve un hijo, el carrusel continuó. Mi marido y yo éramos clásicos hijos de alcohólicos, yo era una madre contradictoria con una vida infeliz. Peleábamos por todo, si yo no obtenía lo que quería, me ponía violenta con mi pareja.

Volví a Al-Anon para salvar mi matrimonio. Empecé a percibir que acarreaba tanta carga familiar que nuestro matrimonio tenía una minúscula probabilidad de sobrevivir.

La carga era la manera en que me relacionaba con mis padres y hermanos, debía afrontar toda esta carga pero sentía tanta culpa acerca de la misma que simplemente evitaba encararla.

Después de meses de llorar en silencio y escuchar las reuniones de Al-Anon, comencé a compartir. Comencé a buscar normas e ideales. Acepté los Doce Pasos y las Doce Tradiciones. Renové mi fe en el Dios de mi entendimiento.

Comencé a reparar el mal a mi familia, cuyo único error había sido no ser lo que yo quería que fuera.

Oré por ver la realidad de la situación en lugar de mi fantasía. Escribí con cuidado un examen de conciencia y en él, incluí mis malas acciones. Estaba aún llena de culpa por lo que no encontré muchas cualidades.

Sin embargo, una vez que comenzó a hacerse la luz en mi cabeza, seguí armando líos con los interruptores.

Fui la primera de la familia que podía con facilidad haber ido a la universidad, pero abandoné el bachillerato. Como resultado de ello, me convertí en una de las más mayores decepciones de mis padres. Por eso conseguí una niñera para mis hijos. Empecé a estudiar de noche y logré un título. Lo hice tanto por mí como por mis padres.

Al-Anon se transformó en una alegría para mí. Me gustaba ser secretaria, representante de grupo, preparar el café, lo que fuera. Sentía que pertenecía allí. Aplicaba los Pasos, escribía, asistía a miembros nuevos e iba a muchas reuniones.

Empecé a participar en otras cosas también, incluyendo asociaciones de padres y maestros, la escuela de mis hijos, nuestro vecindario y la iglesia. Siempre estaba dispuesta, pero guardaba mi equilibrio entre mis responsabilidades y la ayuda. También era el transporte de mis padres porque ellos no conducían.  En ese momento mi papá contrajo cáncer.

Reparé el mal a mis familiares, en especial a papá ya no le quedaba mucho tiempo, comencé a decir “te quiero papá” (aunque el principio me paralizaba cuando pensaba en decírselas).

Lo llevaba al hospital, a la quimioterapia y a sus visitas médicas. Abandoné algunas responsabilidades para poder estas con mis padres. Mi padre murió poco después que yo cumpliera 25 años.

Mi madre y yo desarrollamos una relación adulta de amor, ella parecía aliviada cuando murió mi papá y entiendo el motivo. Nosotras podíamos expresar las palabras “te quiero” sin ninguna dificultad. Ella murió años más tarde.

Veo en mí muchas características de mi madre y me alegra aceptarlo y no resentirlo. Solía ocurrir que no me gustaba que me vieran con ella, mucho menos ser como ella.  El programa de Al-Anon me dio madurez pero aún hay mucho camino por recorrer. Todavía tengo 6 hermanos, una hermana y mi marido alcohólico.

Con gusto le entrego los problemas de mi vida a Dios. Sé qué es lo que me corresponde hacer, y lo hago. Deseo que este programa exista y que la ayuda esté disponible para otros que también la necesitan.

Ericka

About the Author

Somos una hermandad formada por parientes y amigos de alcohólicos, que sentimos que nuestras vidas han sido afectadas por la forma de beber del o de los alcohólicos, que comparten experiencia, fortaleza y esperanza.
En Al-Anon perseguimos un único propósito ayudar a los familiares y amigos de los alcohólicos.
Información a los teléfonos: 2251-8949 y 2253-9637 ó alanondeguatemal@gmail.com

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2 Comments
 
  1. cecilia
    cecilia / 06/05/2019 at 15:28 /Responder

    Es una historia para mí tan esperanzadora, ya que es una jovencita la que escribe esto y eso es un poco díficil que suceda.
    normalmente buscamos ayuda cuando ya somos bastante mayores. Lo tiene muy claro, ella sabe que necesita la ayuda. se hace responsable de sí misma, de su vida emocional, si desea permanecer con su familia de origen y su nueva familia. Se que sus hijos tendrán una mejor niñez que la que ella pudo haber vivido.

  2. Avatar
    Un día a la vez / 07/05/2019 at 20:54 /Responder

    AlAnon sin duda es una luz en medio de la oscuridad. Esta historia nos da esperanza, se pueden reparar daños, podemos admitir que no estamos bien y necesitamos ayuda peregne y continua, pues estamos dañados, y para que este daño no siga con nuestros hijos, seguir este camino de recuperación de nuestras vidas hace la diferencia para cortas cadenas, así podamos vivir una vida útil y feliz… gracias Al Anon

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