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María Fernanda Sandoval / Opinión /

La última semana de octubre y la primera de noviembre de este extraordinario año, une dos interesantes acontecimientos; la elección del Presidente 2016 – 2020 como inicio de un periodo político con muchas expectativas en la población y el desenlace real de la elección siempre melancólico, colorido y dulce; que no se da en el conteo de los votos, si no en las sobremesas familiares del Día de todos los Santos en Guatemala, con las particulares exposiciones de todos los familiares que se unen a comer fiambre y recordar a los que ya se fueron.

“Que sea comediante, bueno… el mundo del entretenimiento exige grandes metas, novedades y aptitudes.”  “Ser comediante es un oficio, tan respetable como cualquier otro. Y como en cualquier profesión a veces se hace reír y a veces se dicen chistes sin gracia.” “También en sentidos de humor abundan preferencias.” “No es hablar de su pasado, de ser un comediante bueno o malo, o haber vendido plátanos en el mercado, es cuestión de saber quién es ahora nuestro presidente.”

En la primera entrevista, de destino 2016, un Jimmy Morales nervioso por el ataque de los periodistas, compara La Divina Comedia de Dante Alighieri con las capacidades  y calidades, que por ser “también un comediante” tiene. Recalcar que la Divina Comedia no pretende hacer reír  y que se usan ambos términos en contextos distintos, es un poco bochornoso. Asimismo es bochornoso escuchar hablar a alguien con tanta soltura y mínima destreza sobre un tema que conoce poco, especialmente cuando lo que se desarrolla es el futuro de nuestro Estado. Y en mismo sentido, es muy desafortunado observar en las sobremesas frente a los restos del fiambre, como algunos familiares decepcionados prefieren ya no tocar la política y otros entusiasmados vaticinan grandes destinos con los ojos vendados ante la realidad.

Alguna de las dos propuestas debía ser el próximo presidente y ello ya representaba la gran falencia en nuestro sistema.

Catastróficamente, ni la “vieja política”, ni el maquillaje a la historia de siempre, representaba un cambio, ninguna aventajaba a la otra. Aun así se percibía una notable diferencia: muy pocos de los que asistieron a los centros de votación y marcaron el partido FCN comprendían la debacle. El error más grave no es tener a un deficiente presidente en la historia guatemalteca, ya que estos han desfilado cual pasarela de villanos; mostrando uno más que otro la extravagancia de corrupción, despotismo, falta de capacidad y falsedad. El peor error es la aún fe infundada en los corazones de los guatemaltecos al creer que un hombre de buen corazón podrá corregir el panorama, e idolatrar a una persona como salvador al nivel de negar las noticas que lo respaldan o hacerse de la vista gorda ante ellas.

Una semana no es suficiente tiempo para aceptar y “dejar en paz a Jimmy Morales”. Si seguimos dejando atrás, deshaciéndonos y olvidando, solo continuaremos con la construcción sobre cenizas. Mientras no se desengañen las personas que aún enfrentan a algunos medios informativos por “venderse y apoyar a la señora” cuando publicaron verdades sobre Morales o su gabinete. Mientras otros confíen en que será el mejor de los presidentes por pedirlo a Dios frente a una cámara, o mientras los guatemaltecos comunes se indignen con la afirmación de que nuestro electo presidente sabe muy poco del trabajo que desempeñará y será muy difícil lograr un cambio cuando la historia de siempre se repite con distinta fachada.

Dejémosle la paz a los muertos, ellos la merecen por haber  avanzado en la vida, nosotros seguimos aquí.

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