By Gabriela Sosa
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Gabriela Sosa / Opinión /

El día era jueves 27 de agosto de 2015, muchos centros educativos y empresas privadas habían cesado sus actividades en apoyo al llamado paro nacional, algunas por convicción propia, algunas por presión social, algunas por temor; mas lo cierto es que cientos de establecimientos permanecieron cerrados ese día. Estudiantes y trabajadores marcharon como iguales hacia la plaza para clamar por justicia. En las redes sociales abundaron los comentarios con los hashtags #JusticiaYa, #RenunciaYa, #TodosSomosGuate y #TodosSomosPueblo. La gente hablaba sobre cómo el país había cambiado y la gente estaba unida, que había salido de la indiferencia.

Un par de semanas después el grupo Anonymous Guatemala  publicó en su página de Facebook lo siguiente:

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“Perdón si ofendemos a alguien…

Hoy vimos algo lo cual nos llamó la atención, un niño pidiendo un poco de comida, estaban unos “Universitarios” era un grupo como 10 y lo ignoraron..!!

Junto con un amigo le dimos comida y platicamos con él un rato, a lo cual mucha gente nos miró como indignados..!!

Esto nos hace pensar, salir a manifestar está de moda únicamente? pedimos una Guatemala diferente.. pero no lo hacemos..!! entonces.. qué cambio estamos buscando????

Esta es una revolución de conciencia, queremos una Guatemala distinta, no sólo sacar al Presidente, de todos depende el cambio, no lo olviden.”

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Lamentablemente, lo que mencionan no es un caso aislado. Un día después del #27A, como es ahora conocido, circuló en Twitter un mensaje de alguien a quien se le atravesó un carro sin pedir vía ni respetar las señales de tránsito. Estuvo cerca de causar un accidente. En el vidrio trasero se podía observar el mensaje #TodosSomosGuate y #RenunciaYA. El contraste entre sus acciones y el mensaje escrito en su carro fue tal que llamó la atención de la persona que publicó el tuit.

¿Por qué se dan estos casos? ¿Será que es más fácil dejarse llevar por el momento y escribir estos mensajes en todos lados, pero cuando cuenta no lo hacemos?

Puedo pensar en muchos otros ejemplos: personas que no le dan paso a los peatones, que rebasan a las motos y bicicletas, al riesgo de tirar a sus conductores al suelo; motoristas que pasan rozando carros sin ver atrás qué golpearon, personas que en los pasillos de los centros comerciales pasan rebasando a ciudadanos de la tercera edad a quienes les cuesta caminar, que insultan a los cajeros porque la persona que estaba delante de ellos se tardó demasiado, que entran a las tiendas sin saludar y demandando atención sin respetar la fila o la persona enfrente, etc.

¿De qué sirve?, díganme, ¿de qué sirve ir caminando desde las puertas de la universidad hasta la plaza, gritar a todo pulmón que Guatemala está unida y pedirle la renuncia al presidente, si con estos pequeños actos nosotros mismos no nos apoyamos? ¿De qué sirve pedir por una Guatemala distinta, si nosotros mismos no nos esforzamos por lograrla? ¿O es más fácil echarle la culpa a los políticos? Claro, nadie les quita responsabilidad por sus actos, pero qué hay de nosotros, ¿nos responsabilizamos por el papel que jugamos en el cambio de nuestro país? ¿O solo fue moda de un día?

Claro que hay organizaciones que velan por la ayuda social a personas con menos beneficios, como Camino Seguro o la Biblioteca “Lic. Bernardo Lemus” en Purulhá, trabajando con voluntarios desinteresados. Sin embargo, no se necesita formar parte de una organización como éstas para apoyar a alguien más, para ser cordiales, amables, para respetarnos entre nosotros mismos. Decimos que el sistema no nos respeta, que los diputados y el expresidente no nos respetan, que los políticos no nos respetan, ¿pero acaso nos respetamos entre nosotros?

¿En verdad creemos que todos formamos parte del pueblo y que todos somos Guatemala o era solamente un estado de Facebook que sonaba bonito?

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Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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