José Yela Sayle[1]
El trabajo es un fenómeno cultural complejo que se comparte en la mayoría de los modelos de producción modernos. Generalmente, sintetiza la capacidad de ofrecer la fuerza de trabajo a cambio, no del capital, sino de las expectativas de poder suplir las necesidades vitales. En muchos sentidos, el trabajo es una práctica construida históricamente desde la ambición de la riqueza, en un sistema que promueve la acumulación y no la dignidad humana. La reflexión del Día del Trabajo invita precisamente a cuestionar el ejercicio mismo de trabajar y el constructo compartido de estructuras de selección técnico-profesional cada vez más complejas, que, lejos de ser inclusivas, generan brechas mayores entre las personas. Sobre todo considerando que el mundo ya cuenta con los recursos para la coexistencia de la humanidad y aún así, la lógica industrial ha construido el concepto de “trabajo”.
Por lo cual, considerando que las dinámicas y patrones sociales han coincidido en la repartición de actividades convenientes para los medios de producción, resulta pertinente conmemorar el origen del Día del Trabajo. Y a su vez, reflexionar sobre los desafíos que persisten en contextos como el de Guatemala.

El Día del Trabajo se enmarca en la revolución industrial, las condiciones infrahumanas de trabajo anteceden la organización social para plantear alternativas de solución. Una manifestación en Chicago de 1886 abre esta oportunidad, la cual es sometida por las fuerzas de seguridad conjunta de las esperanzas e ilusiones que le acompañaban, dejando saldos de vidas humanas y otros castigos para restablecer la constancia de orden que responde a su momento histórico. Este antecedente permitió que progresivamente se consensuaran jornadas laborales de 8 horas, mejoría en salarios e implementación de algunos derechos laborales, no obstante, permanecieron las inequidades de condiciones y oportunidades entre los empleados y los empleadores.
Guatemala es, en esencia, un país de contrastes en donde coexiste una riqueza cultural invaluable y profundas brechas sociales que se reproducen de manera sistemática. Lo cual se comprueba en la presencia de altos niveles de trabajo informal, la normalización de la explotación infantil, la brecha salarial por sexo latente, la cobertura limitada de seguridad social y débiles mecanismos de garantía de derechos laborales, entre otros.
La dignidad laboral no se limita al salario, sino que abarca condiciones de cuidado, vínculos respetuosos, entornos saludables y una repartición de responsabilidades humanamente gestionables. Sin embargo, las condiciones de vida a América Latina y específicamente, de Guatemala, derivan en una priorización de la (sobre)producción por encima de la sensación cualitativa de bienestar y éxito. De manera que, es necesario promover espacios de reflexión que replanteen la concepción tradicional que existe del trabajo, lo cual no será posible hasta que se cuestione la concepción misma de la sociedad, el Estado y la equitativa distribución de la riqueza.

En esta dinámica, la solución más próxima a la que se puede aspirar, es la defensa de los derechos laborales y el cumplimiento de la Constitución. De manera que se pueda abordar la diversidad de realidades en Guatemala de una forma integral, en donde las mesas de trabajo no sean únicamente recursos interinstitucionales con expertis en la temática del trabajo. Sino, mesas inter y transdisciplinarias que reconozcan la multicausalidad de la transgresión a los derechos laborales de la población económicamente activa y los desafíos modernos de una sana dinámica laboral.
En este sentido, la construcción de un marco de derechos laborales cumplidos implica superar la lógica declarativa y transitar hacia una cultura de responsabilidad compartida. Estado, sector privado y sociedad civil deben articular esfuerzos que permitan no solo proteger a las y los colaboradores, sino dignificar su experiencia laboral.
Por tanto, lejos de ser un asueto, el Día del Trabajo debe de ser una oportunidad de evidenciar la persistencia de una deuda social que interpela a todos los sectores. Asi como la invitación a una construcción colectiva de una realidad laboral más justa, humanamente responsable y digna.
[1] José Alberto Yela Sayle, ORCID 0000-0003-1604-5732. Director del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Trabajador Social, Psicólogo, Maestría en Políticas Públicas, Maestría en Sexología y Terapia de pareja, Doctorando de Investigación en Educación.
