By Brújula
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En algún momento Borges escribió que “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos“, refiriéndose a esa memoria que está en cada uno de nuestros cuerpos y almas, formas y recuerdos que definen nuestra esencia.

Y así como estar plenamente conscientes de las huellas que nos han marcado, dolido y retado a lo largo de nuestra historia, y las cuales debemos aprender a aceptar e integrar a nuestra vida para lograr una vida plena, así también los Estados tienen su propia historia, sus propias heridas y acontecimientos que los definen y de la cual nosotros los ciudadanos que vivimos en ellos, debemos aprender, conocer y aceptar para avanzar.

Alrededor del mundo existen muchos museos de la memoria histórica (Top 10 de Museos de la Memoria en el mundo) que registran guerras, conflictos armados, genocidios y otra serie de acontecimientos, afectando la vida de millones de ciudadanos en diferentes tiempos, épocas y latitudes. En América Latina, diferentes países han reconocido la importancia de atender sus historias, especialmente aquellas que han marcado etapas importantes durante los últimos años, durante las décadas en las cuales muchos de los países de la región vivieron bajo dictaduras militares que llevaron a la desaparición, tortura y muerte de muchos ciudadanos.  En Chile existe el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, en Uruguay se encuentra el Museo de la Memoria, en Paraguay el Museo de la Justicia, Centro de Documentación y Archivo para la defensa de los Derechos Humanos, en Colombia existe el Centro Nacional de Memoria Histórica, y en México, está el Museo de la Memoria y la Tolerancia.  El Salvador también logró un pequeño Museo de la Memoria Histórica de Cinquera, un municipio del departamento de Cabañas.

En Guatemala, aunque no existe un Museo de la Memoria Histórica, existen algunos proyectos que intentan rescatar la memoria del país. El principal es el Archivo Histórico de la Policía Nacional, el cual se encarga del resguardo, conservación y custodia de la documentación de la Policía Nacional de los años 1881-1997, y en la cual quedan registrados muchas de las desapariciones o capturas durante el conflicto armado interno. También existen otros pequeños museos, pero de gran importancia histórica, como el Museo de los Mártires del Movimiento Sindical, Estudiantil y Popular de Guatemala, de la Fundación Amancio Samuel Villatoro, o el Museo Comunitario de la Memoria Histórica en Rabinal.

La construcción de un Museo de la Memoria Histórica es una de las recomendaciones incluidas en el informe de la Comisión del Esclarecimiento Histórico (CEH); sin embargo, más allá de los proyectos puntuales antes mencionados, en el país hablar de memoria histórica llega a ser muchas veces tema de polarización, como si nosotros mismos no estuviéramos construidos de recuerdos y memorias.

¿Dónde se solicita en este país la construcción de un Museo de la Memoria Histórica? ¿Cómo hacer que la opinión pública valore estos temas y los esfuerzos para lograr tener un museo de esta naturaleza en el país? La memoria reciente de nuestro país no debe ser olvidada; por todos los nombres, historias y vidas de personas que murieron o continúan desaparecidas a causa del conflicto armado interno, es importante recordarlo. Porque forzarnos a volver a nuestro pasado es invitarnos a construir juntos un futuro mejor para todos.

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