By Auxiliares de Investigación
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Por José Ignacio Chamo

Durante mucho tiempo se tuvo la idea errónea que los recursos naturales provistos por la biósfera, podían utilizarse ilimitadamente por el sistema económico, para satisfacer las necesidades de nosotros, los humanos. Sin embargo, con el surgimiento de la economía ambiental, la economía ecológica y sus paradigmas, se reconoce la existencia de límites planetarios (es decir, que hay una limitada fuente de recursos naturales). Además, se exhibe que el deterioro ambiental y agotamiento de los recursos naturales se deben a fallas en el sistema económico, exponiéndose así la relación y dependencia existente entre la economía y el medio ambiente.

El sistema económico actual se basa en la extracción de los recursos naturales, para su posterior transformación y producción en bienes y servicios que se consumirán y utilizarán por agentes económicos (familias y empresas), y que serán devueltos al ambiente en forma de residuos o emisiones.

A manera de ejemplo, se pueden mencionar los combustibles fósiles, los cuales se extraen del suelo y se queman para producir calor, que a través de maquinaria, generará energía y otros subproductos; como un gas de efecto invernadero que influye negativamente en el calentamiento global y cambio climático, llamado dióxido de carbono.

Como respuesta a la crisis ambiental actual, se han desarrollado marcos y herramientas analíticas que permiten estudiar el vínculo entre el sistema económico y el sistema ambiental para que, con base a estos, se puedan tomar decisiones y formular políticas que promuevan el desarrollo sostenible. Como ejemplo, se pueden mencionar el metabolismo socioecológico, el sistema de contabilidad ambiental y económica (SCAE) y los indicadores de desarrollo sostenible como lo son la huella ecológica y el análisis de flujo de materiales (MFA por sus siglas en inglés).

El MFA es una herramienta que se ha utilizado a nivel nacional e internacional, la cual permite estudiar la base material de las economías, contabilizando los materiales que entran «inputs» y salen «outputs», a través de una serie de indicadores que identifican la eficiencia del uso y la extracción de los recursos naturales, además de la energía que ingresa al sistema económico, brindando una visión general de la dimensión física de la economía de un país; esto indica cómo las actividades que realizamos día a día impactan de alguna manera al medio ambiente.

Actualmente, el Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad (Iarna), está llevando a cabo un estudio para identificar si el crecimiento económico de Guatemala para el período 2016-2018, fue sostenible haciendo uso del MFA. Con la investigación se busca demostrar la presión que la economía guatemalteca ejerce en el medio ambiente e identificar las fallas de nuestro modelo económico para evidenciar si esta atravesó, durante este período de tiempo, un proceso de desacoplamiento.

Se espera que el trabajo final sea un instrumento que permita comprender los problemas ambientales del país y que sea una herramienta útil para formular políticas y tomar decisiones que permitan el desarrollo económico de Guatemala, aprovechando sosteniblemente el capital natural (es decir, todo producto ambiental que nos proporciona bienes y servicios ecosistémicos) y que se promueva un cambio en los patrones de producción, uso y consumo de los recursos naturales y generación de residuos.

He de decir, que cuando entré a la universidad a estudiar Ingeniería Ambiental, estaba consciente de problemáticas como la generación de aguas residuales, mal manejo y disposición inadecuada de desechos sólidos y uso inadecuado de la tierra, pero nunca pensé que el principal problema fuesen las fallas de nuestro sistema económico; el cual se puede resumir en tres simples pasos: tomar, utilizar y desechar.

Participar en el desarrollo de la investigación me ha permitido comprender la estrecha relación entre el medio ambiente y la economía, las herramientas existentes para comprenderla y que, para lograr el desarrollo sostenible del país, el estudio de la economía ambiental es un punto clave.

La transición hacia una economía verde busca el alto desarrollo humano y económico, reduciendo el impacto ambiental provocado por las actividades humanas. La transición hacia esta economía, es la estrategia para cumplir los objetivos de la Agenda 2030, para que la sociedad sea más verde y equitativa.

“La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo” – Papa Francisco

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