bullying

 

José Rodolfo Ruiz/ Opinión/

Estoy harto de leer y escuchar del bullying. Estoy consciente de que es un problema en las escuelas, pero no es especial de la niñez y adolescencia: el abuso sucede en todas partes y en todas las edades. Estoy en contra del enfoque que se le da. ¿Acaso la última vez que sufrimos abuso fue en la escuela? ¿No se nos ha colado alguien en la fila del supermercado, el banco, el cine o el concierto? ¿No ha habido alguien que haya interrumpido nuestras conversaciones con otros porque aparentemente lo que tienen que decir ellos es más importante? ¿No nos han asaltado, extorsionado o hasta intentado sacar mordida? Por supuesto que sí. ¿Y acaso al ser enfrentados los agresores no mantienen su postura de prepotencia?

No estoy en contra de educar a los niños y adolescentes de que el abuso o “bullying” es algo negativo; que interfiere con el orden y convivencia social.

Estoy a favor de ello, así como también apoyo que se les enseñe  a denunciar cualquier tipo de abuso. Exactamente: CUALQUIER TIPO de abuso.

Es muy bien conocido que las etapas de niñez y adolescencia abarcan gran parte de las experiencias que nos forman como personas. Por eso mismo también estoy a favor, al igual que todos, que cualquier niño o adolescente que cometa un abuso contra otro, debe ser reprendido de la manera adecuada.

A lo que me opongo es a llamarlo “bullying”. ¿Y por qué? Porque al darle una denominación específica por suceder entre menores de edad y en escuelas, considero que se le tipifica como un problema que solo aparece en la juventud, y por lo tanto, es transicional. La verdad es que el bullying no termina en la escuela, sino que se arrastra hasta la vida adulta. Además, este es un tipo de violencia que incluye todos los tipos de abusos posibles (físico, verbal, sexual, etc.), por lo que el término es ilógico.

Estoy consciente que el abuso es un fenómeno de índoles, grados y consecuencias muy diversas, pero también lo es el bullying. Puedo hacer bullying empujando a otros niños, como insultándolos o haciendo ridiculizaciones físicas y  muchas veces de carácter sexual en otros. El mismo bullying tiene conclusiones tan diversas como el tipo de abuso que puede existir dentro de su consideración.

Me parece que el problema es que de la noche a la mañana empezamos a hablar todos del bullying, como algo nuevo que sucede en las escuelas, y si el niño ya estaba convencido de que sus problemas empezaban y terminaban en la escuela (en donde hay mayor interacción con el agresor), la importancia que ha cobrado este tipo de abuso los lleva a creer que eso es verdad.

Eso no es cierto, considero apropiado enseñarles que los abusos y transgresiones que reciban de otras personas no van a provenir solamente del ámbito escolar. Muchas veces seguirán en la familia, con personas allegadas, en el trabajo, en la calle, en la tienda, ¿y por qué no decirlo? también de las mismas autoridades que deben protegerlos.

Será un tanto pragmático, pero creo que es necesario que todos suframos de algún caso de abuso. No, no es ideal, por supuesto, pero debemos reconocer que el abuso está en todas partes, es constante y hay distintas formas de reaccionar a él, tanto adecuadas como inadecuadas. Nuestro mundo, y específicamente nuestra sociedad, no son ideales ni de color rosa. Tenemos que aprender que en la vida no siempre va a estar la maestra, el amigo, el hermano grande o la mamá para defendernos. En muchos casos, nuestros problemas y quejas son completamente ignorados por la insensibilización en la que estamos inmersos.

Creo que hasta un niño debe aprender a valerse por sí mismo, a reconocer los casos en que debe ser firme en su oposición y en los que debe ceder por el grado de coerción.

No me refiero a que hay que ser peleonero y que si me empujan  debo responder dando ojos morados, ni hablo de reacciones simplemente estúpidas como pegarle al que nos asalta a punta de pistola: hablo de formar carácter.

Y junto con este carácter, debe existir la solidaridad para denunciar el abuso hacia otros.

Inculcar respeto, carácter y solidaridad en los niños es otro de los muchos consejos que existen hacia un mundo mejor pero lamentablemente utópico. Debemos preocuparnos por que cumplan con estos tres principios y aplicarlos nosotros a la vez, pero por favor, dejemos de darle un enfoque al abuso en las escuelas que aparenta olvidarse del abuso en todas las etapas y ámbitos de la vida.

 

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